El envejecimiento de la población, debido al aumento de la esperanza de vida, es una tendencia a nivel mundial ineludible e imparable. Debemos aprender a vivir con la dependencia y lo ideal es que los lugares que habitamos estén también preparados para ello. En el 2050, un 16 % de la población mundial tendrá más de 65 años según recoge un reciente informe de las Naciones Unidas.

Apartamentos con servicios, viviendas comunitarias, cohousing, viviendas compartidas… son diversas las fórmulas que se están consolidando más allá de las convencionales residencias de mayores que, por otra parte, tan vulnerables se han mostrado ante una pandemia como la del coronavirus.

Cohousing en Holanda. UNSPLASH

 

Residencias más pequeñas

La covid-19 solo ha acelerado una tendencia que viene sonando con fuerza desde hace unos años y que ya es una realidad en los países nórdicos: un nuevo modelo de residencia para mayores más pequeña, en las zonas donde han vivido, siguiendo principios de la arquitectura saludable, con elementos que les ayudan a mantener su autonomía y más parecidas a un hogar.

“La idea es que puedas tener una vejez en las condiciones más similares a las que has tenido toda du vida” explica la arquitecta Rita Gasalla de la Asociación de Profesionales de las Relaciones Institucionales (APRI) en La Vanguardia. Por ello defiende que las nuevas residencias deben ser mucho más pequeñas y estar basadas en dos principios: la dimensión y el lugar donde se ubica. “Las personas, cuando están en lugares enormes e impersonales, tienden a deteriorar su calidad de vida. A todos nos gusta vivir de la manera más parecida a lo que hemos vivido en familia” afirma.

Proyecto de rehabilitación de La Pinilla en San Andrés del Rabanedo (León).

Adaptación de la vivienda

Del mismo criterio es el arquitecto Oscar Miguel Ares que está acometiendo la rehabilitación de un barrio de La Pinilla en San Andrés del Rabanedo, en León, para que sus habitantes (el 30 % son mayores de 75 años) puedan permanecer en sus casas, en su barrio, en su entorno.

El proyecto implica la reforma de 500 viviendas y está impulsado por la Junta de Castilla y León para cubrir una necesidad imperante como es el cuidado de la población mayor y la adaptación de su hábitat urbano tradicional, utilizando la rehabilitación y la regeneración urbanas. Con esta decisión se pretende proporcionar una vejez saludable a sus residentes aminorando los costes sociales y económicos derivados de la creación de infraestructuras residenciales adaptadas a sus necesidades.

“El 93 % de nuestros mayores quiere permanecer en sus casas. Es algo que debemos tener en cuenta porque su vida está en sus objetos y en sus espacios”.” afirmó Ares en el II Diálogo digital Finsa & Tectónica.

Sensorialmente accesible

Para Ares la vivienda de una persona mayor debe estar fragmentada, tener luz, con espacio para albergar los objetos que forman su memoria y sobre todo tiene que ser sensorialmente accesible.

Según explica, las personas mayores sufren no solo discapacidades a nivel de movilidad sino también a nivel sensorial y la arquitectura puede ayudar a través del color, de la luz, del tacto, del espacio a estimular y a conseguir que las personas sean más autónomas.

Apoyo a la orientación espacial siguiendo la metodología de la ‘accesibilidad cognitiva’.

 

Precisamente, la arquitecta Berta Brusilovsky, que se especializó en ‘accesibilidad cognitiva’, ha ideado un conjunto de apoyos (colores, formas e iluminación) que ayudan a orientarse en un edificio a personas que sufren demencia o párkinson.

En conversación con El País dio el siguiente ejemplo: “El número es lo último que se pierde, neurológicamente hablando. Puede que el paciente no sepa contar los dedos de la mano, pero reconoce el número si lo ve pintado. A nosotros nos sirve para dirigir el trayecto de un lado a otro del inmueble y marcar los usos de las diferentes estancias” explica la especialista. “Eso genera una agradable sensación de control y autonomía” añade.

Imagen de uno de los últimos proyectos que está llevando a cabo Batllori/Trepat Arquitectes.

 

Unidades de convivencia

Por su parte Marc Trepat, socio fundador de Batllori/Trepat Arquitectes, despacho especializado en arquitectura destinada a personas con dependencia, también subraya que una infraestructura destinada a una persona mayor debe ser lo más parecido a un hogar, pero indica que no es necesario un cambio del modelo de residencia imperante si no una adaptación: distribuir la residencia por unidades de convivencia lo más pequeñas posibles pero viables económicamente. “No solo porque es la solución que permite una mejor atención a las personas mayores, sino porque, al mismo tiempo, posibilita generar una sectorización entre espacios, que ayuda mucho al confinamiento para evitar el contagio en pandemias como la que estamos viviendo” explica.

Las residencias grandes con diferentes tipos de unidades permiten atender mediante el modelo de ‘atención centrada en la persona’ a todo tipo de mayores en espacios hogareños, tranquilos y agradables.

Para ello, Trepat aboga por materiales que aporten calidez como la madera, los colores cálidos, la luz natural y contrastes muy pensados. “Se debe buscar un contraste como mínimo de un 30 % de la reflexión de la luz entre los materiales de suelo y los de pared. Esto ayuda a las personas con dificultad en la visión a identificar donde acaba el suelo y comienza la pared, con lo que se evitan golpes y caídas”.

Imagen de uno de los últimos proyectos que está llevando a cabo Batllori/Trepat Arquitectes

 

Reducir estímulos negativos

Por la misma razón también es partidario de huir de los tonos excesivamente pasteles ya que son muy parecidos entre sí; “el tratamiento de color debe hacerse de una forma contrastada pero sin estridencias” afirma y hace hincapié en la importancia de reducir mediante el diseño arquitectónico los estímulos negativos como pueden ser el ruido, la oscuridad, el exceso de luz o el desorden que pueden potenciar los episodios de agitación asociados a los procesos de demencia.

“Para evitar potenciar esa agitación es muy importante reducir los estímulos negativos y aumentar los positivos como, por ejemplo, ofreciendo un espacio doméstico con vistas a un bonito jardín o al mar. Estancias silenciosas y ordenadas con luz natural, son fundamentales y en este sentido los revestimientos, pavimentos y el tratamiento del acondicionamiento acústico son determinantes”, asegura Trepat.

 

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