Durante la crisis del coronavirus, en estos momentos de tráfico masivo de internet, cabe reflexionar sobre cómo el consumo de contenido audiovisual en streaming contamina. ¿De qué manera podemos reducir nuestra huella de carbono digital? Además de seguir los consejos que te facilitamos en este artículo, podemos escalar ejemplos de proyectos pioneros que, gracias a combinar sostenibilidad y adaptabilidad al entorno, logran reducir sus emisiones.

 

Low-tech magazine: letras al sol

La primera (única por ahora) revista digital sobre sostenibilidad que emplea tecnología low-tech es Low-tech magazine. El servidor donde se aloja está alimentado por una placa solar de 50W conectada a una batería, lo cual significa que en los días nublados (menos del 5% del último periodo anual) la web se cae por falta de energía, asumiendo con ello la teoría -más en boga que nunca- de que nuestra sociedad, si quiere ser respetuosa con el medio ambiente, debe decrecer.

La revista digital (disponible en seis idiomas) está construida en una arquitectura ligera, con imágenes reducidas, bajo estética poco pomposa e incluso cutre a ojos acostumbrados a excesos audiovisuales modernos dentro del diseño web. Además, la web no incluye sistema de cookies, y esto, según su creador, Kris De Decker, hace la página respetuosa también en términos de privacidad. ¿No eran estos los principios de la usabilidad?

 

Las reflexiones del movimiento low-tech

Este movimiento que tiene el decrecer como lema nos hace preguntarnos si necesitamos cada vez imágenes y vídeos más pesados, más espacio en la nube… Y no olvidemos que todo lo aparentemente efímero acaba siendo soportado por un servidor que necesita electricidad. Según De Decker, internet ya está usando tres veces más energía de la que todas las plantas solares y eólicas del mundo pueden sostener. ¿Y si eliminamos la tecnología más puntera como obligatoriedad en nuestro día a día, desde billetes electrónicos a identidad virtual? ¿Y si eliminamos el concepto 24 horas y el siempre disponible de lo digital, con todo lo que conlleva en nuestros ritmos y modos de vida? ¿Y si recortamos ese afán por alcanzar en infinito ahora que estamos en modo pausa?

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