Youtube, Netflix, Amazon… vivimos en la era del video bajo demanda. Pero seguro que nunca te habías parado a pensar que cada vez que haces clic estás contaminando el planeta.

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Cuando hablamos de contaminación y tecnología siempre pensamos en el reciclaje de los dispositivos electrónicos al final de su cada vez más breve vida. Según datos de Naciones Unidas, en 2018 generamos más de 50 millones de toneladas de residuos electrónicos y la cifra aumenta exponencialmente cada año.

A pesar de la magnitud de este problema, los aparatos tecnológicos esconden otra contaminación que no se ve. Y es que cada vez que nos conectamos a la red estamos consumiendo energía. La tecnología es ya responsable del 4 % de las emisiones mundiales de gases invernadero, por encima de las producidas por el transporte aéreo. Mientras países como Francia se plantean eliminar los vuelos domésticos con una alternativa terrestre, ¿qué hacemos por reducir la contaminación que provocamos con nuestra actividad digital?

¿Habías pensado alguna vez cuánto contaminas cada vez que usas internet?

El streaming a la cabeza de la contaminación tecnológica

Un 45 % de este consumo energético y sus emisiones corresponde a la fabricación de los dispositivos digitales, mientras el restante 55 % corresponde a su utilización, según el informe de The Shift Project “Por una sobriedad digital”. Sus autores señalan que sería posible reducir su proporción de crecimiento del actual 9% anual a un 1,5 % adoptando el principio de la “sobriedad digital”.

Recientemente el think tank francés ha publicado un nuevo informe que alerta sobre la contaminación digital ligada a los vídeos en streaming. Las conclusiones de “Crisis climática: el uso insostenible del video en línea” revelan que su visionado es responsable del 60 % del tráfico de datos mundial y de más de 300 millones de toneladas de CO2 anuales. Esto equivale al 1 % de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, o lo que es lo mismo, las emisiones anuales de toda España.

Un 34 % de estas emisiones son derivadas del consumo de video bajo demanda de plataformas como Netflix, Amazon y similares, mientras un 27 % corresponde a vídeos de contenido pornográfico, un 21 % a vídeos de Youtube y un 18 % a los vídeos publicados a través de redes sociales. Como ejemplo, señalan que una hora de visionado de vídeos en línea se corresponde con el consumo energético de un refrigerador durante un año.

Para reproducir un vídeo en streaming tu dispositivo, ya sea un teléfono, un ordenador o una televisión, tiene que conectarse a través de internet con el servidor remoto en el que está almacenado para que el contenido sea transferido a él a través de redes. “Todos esos procesos requieren electricidad, cuya producción consume recursos e implica emisiones de CO2”, señala el informe, que recomienda limitar a 1 hora diaria el visionado de vídeo, optar por contenidos a baja definición y preferir la descarga al streaming, siempre que sea posible.

Si eres de los que utilizan el transporte público y consume productos éticos, deberías plantearte también cómo es tu consumo electrónico. Las estimaciones de los investigadores de The Shift Project indican que la cifra actual de emisiones podría duplicarse en el horizonte de 2025, alcanzando la misma cantidad que producen los coches. Y es que en apenas un cuarto de hora de navegación en internet emitimos el mismo CO2 que recorriendo un kilómetro en coche.

Un nuevo estilo de vida bajo en carbono

¿Qué podemos hacer nosotros para evitar contribuir al cambio climático? El informe 1.5 Degree Lifestyle propone un cambio radical de nuestro estilo de vida orientado a reducir nuestra huella de carbono en hasta un 80%. Entre otras opciones, destaca:

En el ámbito de la movilidad, en Suecia está triunfando el flygskam o “vergüenza a volar”, un movimiento ecologista que aboga por eliminar los desplazamientos aéreos innecesarios, en gran medida inspirado por Greta Thunberg. La activista sueca ha elegido el barco como medio de transporte para asistir a la Cumbre sobre la Acción Climática que se celebra este mes en Nueva York. En realidad el movimiento fue originado por el atleta olímpico Björn Ferry, que dejó de volar en 2015, y seguido por la madre de Greta después. Las cifras no dejan de darle la razón: WWF afirma que un 23 % de los suecos ha renunciado a volar, mientras que el transporte ferroviario está registrando cifras récord gracias al tagskyrt, u “orgullo del tren”.

La activista Greta Thunberg durante su viaje en el Malizia II a la Cumbre sobre la Acción Climática

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