¿Qué pasa con los palés cuando ya han sido utilizados más allá de su vida útil? ¿Y con las bateas? ¿Qué se hace con las vigas de madera de una edificación antigua que se va a demoler o cuya rehabilitación no contempla seguir utilizando esos elementos estructurales? Una opción sería el desguace y el vertedero. Otra, cada vez más común, es darle a esa madera una segunda vida a través de la recuperación y el reciclaje. Quizá la madera de esa habitación de un hotelito sostenible haya servido en una vida anterior para cultivar mejillones.
Cuando se habla de la madera, suele hacerse referencia al hecho de que es un recurso infinito (podemos plantar árboles). De su longevidad como material nos hablan esos muebles heredados de generación en generación que, incluso cuando están deteriorados por el paso del tiempo, con el tratamiento adecuado pueden ser rehabilitados y estar como nuevos. También se puede ir un paso más allá: limpiar y tratar bien el material y transformarlo en algo completamente distinto. Un ejemplo perfecto de economía circular.
El reciclaje es la mejor opción para maderas que ya no se pueden simplemente reutilizar -así lo avala la jerarquía de gestión de residuos de la Unión Europea-, un destino preferible al de reconvertir el material en combustible para la generación de energía o directamente eliminarlo mediante la incineración o enterrarlo en un vertedero. Según datos de Eurostat, en el conjunto de la Unión Europea (UE) se generan casi 47 millones de residuos de madera, de los que se recicla alrededor del 40 %.
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“Con ese palé, con ese embalaje, con ese mueble que tú y yo podemos tirar en el punto verde, somos capaces hacer algo nuevo, que esa madera cuyo único destino parecía ser un vertedero o la incineración se convierta en un tablero”, explica Juan Carlos Moure, director de Evolta, la división de recuperación y reciclado de Finsa. Es una forma de hacer que la vida de un material se alargue.
Cómo reciclar la madera: de las bateas al porche
A Pepe Suárez, del aserradero de Outes (A Coruña) Hijos de Vicente Suárez, se le ocurrió hace unos veinte años que las vigas de las bateas se podían utilizar para hacer la estructura de un porche para su casa, porque le gustan “las cosas rústicas y las cosas raras”. La idea no cuajó porque en su familia no estuvieron de acuerdo. Tampoco consiguió venderla en Galicia, donde “todo el mundo utilizaba esa madera para leña y no se le da valor”, así que salió fuera. Desde entonces, sus maderas recicladas se venden por el País Vasco, el Levante, Ibiza e incluso Canarias.
Suárez sabía que la madera de bateas es muy resistente porque en el propio aserradero se encargan también de su construcción. Tras ese primer uso, la batea sale del mar y empieza todo un proceso que le da una nueva vida al material y permite a la empresa cerrar el círculo. “Lo primero que hacemos es una limpieza. Si es para un uso más estructural, la limpieza de clavos, hierros, etc. es más pequeña porque algunos elementos pueden dejarse dentro. Pero si la vamos a mecanizar para hacerla tabla o hacer algo elaborado, tenemos que quitarlo todo. Después toca otra limpieza, esta con aire, para retirar restos de conchas, arenas, etc.”, elabora.
También en Evolta, tras toda la logística de recoger los residuos de madera de distintos puntos -para lo que intentan ya en origen reducir su volumen y facilitar así el transporte-, tratan el material según las necesidades para acabar fabricando los tableros reciclados. “En cada una de las fábricas, en función de las cantidades y capacidades de consumo, tenemos sistemas mecánicos especializados de limpieza y de segregación. Porque esa madera no llega sola, viene con una serie de materiales que no son madera, como plástico, acero o cobre”, indica.
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No todo el residuo de madera se puede aprovechar (“siempre se pierde algo en el proceso, de una tonelada de madera no aprovechas la tonelada entera”), pero sí es una forma de reducir el volumen de residuo final alargando la vida del material.
¿Por qué optar por madera reciclada?
Una pregunta que puede surgir al interesarse por el mundo de la recuperación y el reciclaje de este material es la de si hay usos para los que es mejor una madera recién estrenada y otros en los que la reciclada es más recomendable. “El tablero no es mejor o peor por llevar madera reciclada”, sentencia Moure, de Evolta. De hecho, la clave de todo el proceso es que “introduciendo este tipo de materiales, las características físico-mecánicas del tablero no varían”. Además, cita como gran ventaja del reciclaje que esa madera es un material seco, con lo que se ahorra la energía que consumen los procesos de secado.
Para Pepe Suárez, el perfil de sus clientes es el de “alguien que sabe lo que quiere y que lo quiere pagar. Alguien a quien le interesa que tener una trazabilidad, saber que es recuperado”, expone. Cuando entregan sus productos, ahora bajo la marca Simar, registrada en 2025, lo hacen con un QR que certifica todo ese camino. “Geolocalizamos la batea en el mar para poder ver de dónde procede la madera. Después hay todo un proceso de desguace, limpieza, clasificación, etc. hasta llegar al producto final. E incluimos la huella de carbono, que es negativa”, afirma.
Estos son solo un par de ejemplos concretos de modos en los que se está reciclando la madera, uno más artesanal y otro completamente industrializado. Pero hay muchos más casos: maderas de vigas de casas, de postes como los de la luz, de vías de tren antiguas, de muebles… En los últimos años, además, con el reto de la sostenibilidad y las normativas europeas, atrasar el momento en el que la madera se convierte en residuo ya sin futuro se ha vuelto más común. “Llevo casi 30 años en el sector del reciclaje. Iba a vertederos, veía cantidades inmensas de madera y me decía que era imposible que no se pudiera hacer nada con todo eso. Ahora es al revés, incide el director de Evolta: “Ahora es difícil ver madera en un vertedero. Es un gran trabajo que hemos hecho entre todas las personas: hemos conseguido que algo que era un gran problema hace décadas sea ahora, de nuevo, un material útil”.

