Ámsterdam quiere reducir a la mitad el uso de nuevas materias primas en 2030 -respecto a 2016- y convertirse en una ciudad totalmente circular en 2050. Para alcanzar ese horizonte, toca poner la vista en cuánto material consume un edificio, cuánto tiempo puede utilizarse y qué sucede con sus componentes cuando cambian las necesidades. La estrategia municipal plantea emplear materiales naturales, incorporar la reutilización a los proyectos y aplicar criterios de diseño circular en los nuevos desarrollos.
En ese contexto, Ámsterdam se pasa a la madera, al menos en una parte estratégica de su equipamiento público. El programa Innovation Partnership School Buildings prevé construir entre nueve y treinta escuelas de alta calidad, flexibles y sostenibles durante los próximos diez años. Para ello, CircleWood -una alianza de empresas de diseño, construcción e ingeniería- ha desarrollado junto a Studio A Kwadraat y OMA un sistema modular de madera que permite producir edificios diferentes a partir de una lógica constructiva común.

Del prototipo a la ciudad
El proyecto ya no se encuentra en una fase meramente experimental. Basisschool Wisperweide, en Weesp, es la primera escuela completada con el sistema CircleWood. El edificio fue entregado en noviembre de 2025 tras diez meses de construcción. El programa general continúa abierto, pero su primera aplicación ya está terminada y en uso. El reto pasa ahora de demostrar que el modelo funciona a perfeccionarlo y reproducirlo en las siguientes escuelas.

La madera es clave porque permite abordar la circularidad como un sistema, combinando columnas estandarizadas, forjados de madera contralaminada, uniones de acero reciclado y particiones de madera flexibles. La prefabricación facilita el montaje, mientras que la independencia entre estructura y divisiones interiores permite modificar aulas, pasillos y espacios comunes sin intervenir de manera destructiva sobre el edificio.
Wisperweide puede incluso ampliarse, ya que la fachada norte está concebida para retirarse y prolongar la estructura con nuevos módulos. Sus particiones biobasadas también pueden cambiar de función y convertirse en armarios, superficies expositivas o zonas silenciosas. La sostenibilidad reside, por tanto, en construir con un recurso renovable, pero también en evitar futuras demoliciones.

La madera técnica puede ser clave en la transición ecológica, siempre que proceda de una gestión forestal responsable y se incorpore a sistemas pensados para durar, desmontarse y reutilizarse. La reducción del potencial de calentamiento global de los edificios de madera maciza frente a los sistemas convencionales se sitúa entre el 19% y el 41% en las en las fases comprendidas entre la extracción y la salida de fábrica, y entre el 34% y el 51% al considerar el ciclo de vida completo, según una revisión publicada en 2026. Las cifras varían según el origen de la madera, el transporte, la metodología de cálculo y el destino final de los componentes, pero refuerzan una conclusión: el urbanismo sostenible dependerá de construir con recursos renovables y mantener los materiales en circulación durante más tiempo.

