Madera y entorno: cómo volver a vincular esa mesa con el bosque del que viene

La madera nos rodea. Está en muchos de nuestros muebles, quizá en el suelo de nuestra casa o en sus vigas estructurales, en algunos utensilios de cocina, en los marcos de nuestras fotos y cuadros, en muchos bancos de la calle y otro tipo de mobiliario urbano… La lista es inacabable. Sin embargo, no siempre tenemos presente su origen ni pensamos en que esa mesa sobre la que escribimos, esas páginas que leemos, una vez fueron un árbol. Un bosque nos dio ese lápiz y las puertas de nuestra casa, pero hay quien mira hacia el monte por la ventana y no establece esa relación. 

“La madera es mucho más que un material. En su primera fase, la primera fábrica de donde sale ese producto es nuestro medio: donde vamos a pasear, donde vamos a respirar, donde esa misma madera que conformaba esos árboles ayudó durante muchos años a la infiltración del agua en las bolsas en las que se acumula para que después bebamos de ella… Es un producto que tiene vida, muy diferente a otros inertes”, explica Xosé Covelo, director de la Asociación Forestal de Galicia (AFG).

La relación de la madera con el territorio es muy estrecha porque la madera proviene directamente de él. Además, es un material renovable e infinito porque “siempre que tengamos un terreno y hagamos una buena gestión podemos disponer de toda la madera que queramos emplear, siempre y cuando la madera nos deje”, añade Alejandro Bustelo, del equipo forestal de Veta, la marca de gestión forestal responsable de Finsa.

Todo esto, que parece evidente cuando lo leemos, lo escuchamos o lo reflexionamos, tiende a olvidársenos en el día a día. Hay quien hereda un pequeño terreno en el monte (algo muy común en lugares como Galicia, por el minifundismo) y lo ve más como un problema que como una oportunidad. “Mucha gente defienda esa visión de ‘tengo un monte, lo planto y no me va a dar nada más’, pero hay muchas posibilidades. Se puede apoyar el cultivo forestal con otras producciones: miel, setas…”, ejemplifica Betsaida Curto, fundadora del estudio de arquitectura Copla. Los tres, Covelo, Bustelo y Curto, participaron en el festival M.A.R.C.O de 2026 en un coloquio sobre Arquitectura y territorio. El objetivo era intentar transmitir esa idea de que “un terreno o tener madera puede dar beneficios, ofrece múltiples usos e infinitas posibilidades”, resume Bustelo.

 

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Bosque y personas: una relación entre iguales

Producir madera no siempre es sinónimo de sostenibilidad o respeto al medio ambiente, pero si el terreno se cuida, si tras talar un árbol se planta otro, si se considera que ese bosque puede proporcionar más usos que el productivo, la relación entre el monte y la comunidad de personas que lo habita o lo gestiona se vuelve mucho más estrecha. Xosé Covelo señala que debe darse una relación “de tú a tú”, en la que el bosque nos da algo, pero debemos reponerlo para que vuelva a producir un bien para generaciones futuras. “Se acumula carbono y existen otros beneficios intrínsecos muy ligados a la economía y a la producción actual. La madera desempeña una labor importante en la lucha contra el cambio climático, va mucho más allá que un producto que venga de materiales inertes”, indica.

Sin embargo, conforme nos hemos ido separando del rural, hemos ido perdiendo un poco esa consciencia de cercanía con la madera. “Parece que no hay relación entre el material de madera que puedo tener en mi casa y ese monte o bosque que visito el fin de semana”, asegura Covelo. Además, persiste cierta mala fama sobre la producción de este material. “Al perder esa continuidad, no acabas de entender que ese monte cultivado o gestionado va a brindar beneficios y consideras que la extracción es un procedimiento indeseado, una barbaridad. Pero después llegas a tu casa y estás en tu mesa de madera, tu casa está restaurada con vigas de madera, sientes gran confort y no estableces la relación de que alguien lo tuvo que cultivar y alguien, de forma sostenible, está gestionando y extrayendo de ese monte para acercarlo a casa”, reflexiona el experto.

 

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En el ámbito de la construcción, la madera lleva ya unos años volviéndose a poner, en cierto modo, de moda. “Durante un tiempo nos hemos olvidado de que existía y no nos parecía moderno. Ahora, aunque nunca ha dejado de estar de moda, parece que está volviendo a valorarse”, explica Betsaida Curto. A ella le incomodan las críticas a este material que ponen en relieve que necesita un mantenimiento especial. “¿Qué hay en la vida que no tenga mantenimiento? Tu coche tiene mantenimiento. Y un plástico a lo mejor no, pero se degrada al sol. La madera no se degrada con el sol, sino que cambia de color y con un lijado muy fino se puede recuperar. Hay hórreos de 200 años a los que no les han hecho nada a la madera y están aún ahí”, asegura.

 

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Divulgar para trazar el camino de vuelta al bosque

“Una de las cosas que hacemos en Veta es divulgación para las personas que heredan un terreno del que se han ido desligando. Intentamos poner en valor que es una alternativa, que la gestión no significa tener que estar todos los días encima, que con unas buenas prácticas podemos sacarlo adelante”, explica Alejandro Bustelo. 

En su intervención en el festival Marco, él y su compañera María Fernández, del Equipo forestal de Veta, se centraron en explicar a través del ejemplo de A Panda da Dá que los montes no solo tienen secciones productoras, sino también partes protectoras que dan un servicio del que todo el mundo puede disfrutar: pasear, disponer de agua en casa para beber, oxígeno para respirar… A las nuevas generaciones les parece muy interesante. Hay una tendencia hacia el conservacionismo, pero cuando enseñas que esas dos vertientes, la productora y la protectora, son compatibles, la idea tiene muy buena acogida”, señala. Han estado también en lugares como el Festival de Cans o Festa Raxada.

 

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Bustelo menciona también que son precisamente los montes bien gestionados, esos que no se abandonan, los que resisten mejor ante los incendios, la razón principal por la que aparecen los bosques en los medios de comunicación. “En algunos programas de televisión centrados en el tema agroforestal, a lo mejor de 50 capítulos solo se dedican cuatro a temática forestal. Y dos de esos cuatro son sobre incendios”, lamenta Xosé Covelo, que cree que hay que desvincular a nivel divulgativo que el monte es incendio forestal.

El director de la AFG también habla de la necesidad de hacer campaña de este recurso que ocupa miles de hectáreas en el noroeste peninsular. “Ponemos en valor nuestras playas con anuncios publicitarios, pero no toda esa superficie forestal”, explica. Incide en que debería haber más contenido sobre bosques en los currículos educativos. “Es inconcebible que en Galicia no haya ninguna unidad temática clara y contundente sobre el ámbito forestal, tanto sobre la industria como sobre un sistema de propiedad tan singular como los montes vecinales en mano común. Y falta esa educación de cercanía, de valorar de dónde vienen las cosas”, expone.

 

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Unas nuevas generaciones que hayan aprendido sobre esto, que vuelvan a valorar los bosques no solo como lugar de paseo sino también como fuentes de agua o de madera, que vuelvan a mostrar curiosidad por cómo funciona esa relación, ayudarían a luchar contra uno de los mayores retos que ve Alejandro Bustelo en la actualidad, y es que que la desvinculación del territorio convierta la forma de propiedad del monte en Galicia -unos 600.000 propietarios- en un problema, con terrenos abandonados, y no en una fortaleza por permitir un gran reparto de la riqueza. “Hay mucha falsa creencia. El reto más grande es dinamizar a las nuevas generaciones para para que vuelvan a tomar las riendas. Que digan: ‘estas son mis propiedades, voy a cuidarlas, voy a plantar y voy a obtener un beneficio’”.