El residuo textil sale del armario: materiales para una segunda vida

El textil se expande y ha dejado de ocupar únicamente cortinas, tapicerías y elementos blandos. Como ya analizamos en este reportaje sobre arquitectura e interiorismo textil, tejidos y superficies de inspiración textil avanzan hacia paredes, cabeceros, armarios y mobiliario integrado. Su ligereza, tactilidad y capacidad para construir atmósferas los han convertido en un lenguaje cada vez más presente en el diseño de espacios. 

Pero este desplazamiento desde la moda hacia la arquitectura también invita a plantear una cuestión más urgente: ¿qué ocurre con las fibras cuando ya no pueden volver a convertirse en prendas?

 

Reciclaje textil: todavía insuficiente

Europa genera alrededor de 15,2 millones de toneladas de residuos textiles al año, de las cuales 13,3 millones corresponden a residuos posconsumo. Menos del 1% vuelve actualmente a convertirse en fibra textil. Según un informe de ReHubs y Boston Consulting Group, alcanzar una escala industrial viable exigiría reciclar 2,7 millones de toneladas anuales en 2035 e invertir entre 8.000 y 11.000 millones de euros. 

En España, durante 2024 solo se recogieron selectivamente 118.951 toneladas, equivalentes a 2,45 kilos por habitante. Cada persona genera, sin embargo, unos 19 kilos de residuo textil al año y el 87% de la ropa usada continúa terminando en el vertedero, según datos de este estudio. La recogida crece, pero lo hace por detrás de un modelo de consumo en el que la segunda mano convive todavía con el fast fashion

 

De la cultura textil a las superficies

La gama Fabric de Finsa muestra cómo los códigos sensoriales asociados a la moda pueden trasladarse al interiorismo. Pelle, Linum y Suede reinterpretan el cuero, el lino y el ante mediante superficies pensadas para mobiliario, panelados y aplicaciones verticales. Linum incorpora fibras textiles reales, mientras que Pelle introduce pieles reconstituidas en una solución aplicada sobre tablero. 

Con ocho referencias Pelle, cinco Linum y cinco Suede, la colección construye una paleta en la que textura, resistencia y percepción material trabajan juntas. No constituye por sí misma una respuesta al excedente global de ropa, pero sí evidencia un cambio relevante, y es que el textil puede ser materia capaz de integrarse en sistemas constructivos e interiores

Aprovechando el residuo que no puede volver al hilo

En esa intersección trabaja Birdmind. La compañía incorpora fibras textiles procedentes del postconsumo y postindustria que, por sus mezclas o tratamientos, no pueden reciclarse mediante hilatura en tableros destinados a mobiliario, revestimientos y espacios de retail y contract. Cada tablero puede contener hasta 30 kilos de residuo, el equivalente a unas 250 camisetas.

Según datos facilitados por Birdmind, su proceso permite utilizar las fibras que son rechazadas para volver a hacer hilatura, que es más del 70% de todo el residuo textil que se genera en el mundo. La empresa afirma, además, que puede integrar un volumen especialmente alto de fibra por metro cuadrado y que cuenta con una elevada capacidad de producción en Europa, hasta unos 95.000kg de residuos textiles al mes en sus tableros.

El interiorismo puede convertirse en una solución más a la problemática de los residuos de la moda. Así, cuando una fibra no pueda volver a ser prenda, quizá todavía pueda convertirse en espacio.