Barcelona: qué significa ser Capital Mundial de la Arquitectura 2026

Cada tres años, la UNESCO y la Unión Internacional de Arquitectos (UIA) escogen una ciudad de cualquier lugar del mundo y la nombran Capital Mundial de la Arquitectura, una iniciativa surgida con el objetivo de preservar el patrimonio arquitectónico en el entorno urbano. En 2026, es Barcelona quien ostenta el título, siguiendo los pasos de Copenhague (2023) y Río de Janeiro (2020). “Ser Capital Mundial de la Arquitectura significa situar Barcelona en el epicentro del debate arquitectónico internacional y convertir la ciudad, durante todo un año, en un espacio de reflexión sobre cómo queremos habitar, transformar y cuidar nuestras ciudades”, reflexiona Ninoska Juan, coordinadora de la Oficina Técnica de la Capital Mundial de la Arquitectura, del Ayuntamiento de Barcelona.

Las ciudades elegidas tienen tres años desde el anuncio para preparar un ambicioso programa de actividades, conferencias y exposiciones que pongan el foco tanto sobre su arquitectura y urbanismo como sobre los retos a los que se enfrentan el sector, las urbes en general y las personas que las habitan. La idea, confirma Juan, es aprovechar la Capitalidad no solo para convertirse en un hervidero de eventos y debates ese año, sino también para intentar dejar un legado

Como ejemplo, destaca uno de los proyectos más importantes, La Casa de la Arquitectura (en la antigua sede de la editorial Gustavo Gili), que nace “con la voluntad de consolidarse como un espacio permanente de divulgación de la cultura arquitectónica”. Además, quedará también como recuerdo de este año una gran maqueta de Barcelona formada por más de 1200 piezas, que se puede visitar allí mismo, y la transformación de diez paredes medianeras -una en cada distrito de la capital catalana- en nuevas fachadas verdes, habitables y llenas de vida. “Son proyectos que materializan una de las grandes aspiraciones de la Capitalidad: que la arquitectura contribuya de forma tangible a mejorar la ciudad y la vida de las personas”, explica.

Ceci Fimia

Barcelona y su arquitectura es todos sus barrios

Que esas medianeras transformadas estén cada una en un distrito es una muestra de uno de los objetivos de la Oficina Técnica en su diseño de la programación para el año de su Capitalidad: que todos esos eventos no se celebrasen en un único lugar o barrio, sino que se extendiesen por toda la ciudad. Si bien la Casa de la Arquitectura actúa como sede central y espacio de referencia, “el proyecto se ha concebido desde el inicio con una clara voluntad descentralizadora”, asegura Ninoska Juan.

Así, cada distrito tiene su propia sede de capitalidad, edificios singulares poco conocidos que se convierten en protagonistas, lo que contribuye a poner en valor el patrimonio arquitectónico de proximidad. “Queremos que la ciudadanía pueda participar cerca de su casa y que cada barrio tenga la oportunidad de explicar su propia realidad, sus retos y sus transformaciones”, señala la coordinadora. De este modo, ser escogida Capital Mundial de la Arquitectura no significa únicamente atraer más turismo, sino que las propias personas residentes pueden participar y disfrutar del evento. 

Evento en La Casa de la Arquitectura, Xavi Torrent

Muestra de esa intención de atraer también a la población local es que en algunas de las actividades se abordan temas de actualidad e interés social como el acceso a la vivienda o las nuevas maneras de habitar. Como ejemplos de esto, Juan menciona la exposición Gestar y habitar, en el Centre d’Art Tecla Sala de Hospitalet de Llobregat, una propuesta que “analiza cómo se piensa, se promueve, se construye y, sobre todo, cómo se habita la vivienda social” y las actividades incluidas en el proyecto ARQUITECTURA.COOP, que reflexiona sobre “los retos actuales y explora cómo las cooperativas transforman la arquitectura, replantean las condiciones de trabajo y afrontan cuestiones como el derecho a la vivienda, la sostenibilidad y la participación ciudadana”. En La Casa de la Arquitectura pueden verse también exposiciones en las que lo urbanístico y lo social se entrecruzan: Barcelona = (Diversidad + Intensidad) x Complejidad, que especula sobre los retos de futuro de la urbe; y Barcelona 2035. Una ciudad para vivir, que muestra los ámbitos de transformación de la ciudad.

Por otra parte, esa descentralización va más allá de llegar a todos los barrios y busca salir también de Barcelona. Como apunta Ninoska Juan, “la voluntad es que esta Capitalidad no se entienda únicamente como un acontecimiento de ciudad, sino como una oportunidad para ampliar el debate sobre la arquitectura, el urbanismo y el paisaje y conectarlo con realidades diversas”.

Albert Trepat

Salirse de la arquitectura más conocida

La elección de Barcelona como Capital Mundial de la Arquitectura 2026 no es sorprendente. Al fin y al cabo, se trata de una ciudad cuyo patrimonio arquitectónico es de sobra reconocido y admirado. Sin embargo, durante este año de celebración quieren aprovechar también para ampliar la mirada: Barcelona no es solo arquitectura gótica, edificios de Gaudí o el Eixample de Cerdà; es una urbe mucho más diversa, compleja y contemporánea, destaca Juan.

Por esta razón, la programación del año de Capitalidad invita a descubrir arquitecturas menos conocidas, “desde el patrimonio industrial y la vivienda social hasta los mercados, los equipamientos públicos, los espacios verdes, las infraestructuras y las transformaciones urbanas de los distintos barrios”. Como parte de la iniciativa, se han abierto a la ciudadanía edificios poco conocidos, como el que alberga la nueva Casa de la Arquitectura, el Dipòsit del Rei Martí, el Palacio del Marquès d’Alfarràs o la antigua Fábrica Enmasa Mercedes-Benz de Barcelona. “Nos interesa especialmente poner en valor esa arquitectura cotidiana que quizá no aparece en las postales, pero que condiciona cómo vivimos, nos relacionamos y construimos comunidad”, asegura Ninoska Juan.

Vista general dels arcs il·luminats i les columnes del Dipòsit del Rei Martí,
Martí Petit

Este viaje hacia las maravillas que permanecen a la sombra de los edificios más famosos es algo atractivo no solo para residentes, que conocerán y apreciarán algo mejor el lugar en el que viven, sino también para visitantes. “Las rutas, visitas y actividades permiten salir de los recorridos más habituales, acercarse a los diez distritos y descubrir distintas capas de la ciudad, tanto históricas como actuales. La invitación es a levantar la mirada, observar con más atención y comprender que la arquitectura de Barcelona va mucho más allá de sus grandes iconos”, propone Ninoska Juan. En esa descentralización de la mirada va también una pequeña lucha contra la turistificación, al repartir a turistas por lugares normalmente menos concurridos.

Ser Capital Mundial de la Arquitectura significa aprender a observar la ciudad de otra manera. “Queremos invitar a la ciudadanía a comprender cómo la arquitectura, el urbanismo y el paisaje influyen en nuestra vida cotidiana y a redescubrir los espacios que habitamos desde una mirada más consciente, crítica y participativa”, concluye la coordinadora.

Palau d’Alfarràs del Laberint d’Horta, Júlia Arnau