La crisis actual de la vivienda está replanteando los cimientos mismos de los espacios que habitamos. No solo afecta a los precios o a la disponibilidad de vivienda, sino también a la manera en que nos relacionamos con las personas que nos rodean y con los recursos naturales. En este escenario han cobrado protagonismo las coviviendas ecológicas, un modelo residencial que sitúa la vida colectiva en el centro y propone viviendas con un impacto ambiental minimizado.
Un modelo de la Dinamarca de los sesenta
Las coviviendas combinan espacios privados con áreas compartidas y una gestión comunitaria activa. Se trata de una propuesta arquitectónica y social que aspira a redefinir la manera de habitar, desde la organización del lugar hasta los sistemas energéticos y la relación entre vecinos.
No es un fenómeno reciente ni una tendencia pasajera. Las primeras experiencias surgieron en Dinamarca en la década de los sesenta como respuesta a modelos residenciales individualistas. Según explica la investigadora Patricia Millán Ortega, de la Universidad del País Vasco, este sistema plantea una alternativa basada en la vida comunitaria, la cooperación y los cuidados mutuos.
No se trata solo de tener zonas comunes o de reducir gastos económicos. Implica construir comunidad de forma consciente, lo que exige implicación activa por parte de quienes residen en estos proyectos. “Es importante que la gestión de los recursos y del espacio se haga entre la comunidad: las personas son las que lo gestionan”, subraya. “Las coviviendas a las que yo dirijo mi estudio son gente que quiere hacer frente al modelo actual de vivienda cara”, añade.
Las investigaciones de Millán se centran en experiencias desarrolladas en el País Vasco, entre ellas la Vivienda Comunitaria para Jóvenes de Errenteria (GEK), impulsada por el Ayuntamiento, y otro caso promovido por una cooperativa de residentes. En ambos modelos, las asambleas constituyen el núcleo de la vida comunitaria y permiten decidir sobre el mantenimiento, el uso de espacios y las actividades colectivas.
Para poder hablar propiamente de covivienda debe existir una combinación equilibrada entre lugares privados y compartidos. Ni una vivienda con exceso de ocupación, ni un edificio con servicios comunes de alto coste pueden considerarse co por sí mismos. “Tiene que haber una parte de vivienda privada y una parte de zonas comunes”, explica la investigadora. “La idea parte de hacer un proyecto conjunto”, incide.
Una arquitectura que posibilita la vida comunitaria
Las coviviendas están encontrando un terreno especialmente favorable entre las personas mayores, que disponen con frecuencia de una vivienda en propiedad que pueden vender o utilizar como aportación económica a la cooperativa. Para jóvenes o personas sin ahorros, sin embargo, sigue siendo difícil acceder a este modelo, pese a que a largo plazo pueda resultar más asequible que las opciones del mercado tradicional.
En España, las coviviendas están creciendo especialmente en áreas urbanas como Madrid y Cataluña. Ejemplos como la Comunidad del Sol, en El Escorial; La Constel.lació, en Badalona; o EntrePatios, en Madrid, muestran cómo este modelo empieza a consolidarse. Estos últimos funcionan como una cooperativa en derecho de uso, una fórmula intermedia entre propiedad y alquiler.
En Madrid destaca el edificio Tomás Bretón, concebido como un proyecto residencial donde la comunidad es la columna vertebral. “En proyectos de covivienda como este suele aparecer una mayor implicación de los residentes en la vida del edificio, desde el mero uso cotidiano, hasta la organización de actividades o la gestión de algunos servicios compartidos. El edificio actúa como catalizador de lo común”, explica Carlos Fernández-Marcote del estudio sAtt Arquitectura.
Las zonas compartidas funcionan como extensión de la vivienda. “No se trata solo de añadir espacios comunes, sino de cómo se conectan entre sí y con las viviendas. El objetivo es que la arquitectura haga posible la vida comunitaria, pero que sea cada comunidad quien decida hasta qué punto quiere activarla”, precisa. El edificio cuenta con 105 m² de terraza compartida, salas polivalentes, patio, jardín, taller de bicicletas. Estos elementos no solo favorecen la convivencia, sino que permiten compartir equipamiento y optimizar el uso de los recursos.
“En Tomás Bretón, la arquitectura está pensada para facilitar el encuentro sin invadir la privacidad. Se trata de compatibilizar y, a la vez, diferenciar lo común y lo privado. Cada vivienda mantiene su autonomía, pero el edificio incorpora una serie de espacios comunes que amplían las posibilidades de uso”, añade Fernández-Marcote. Este modelo también permite reforzar las redes vecinales en entornos urbanos densos, donde la vida comunitaria ha tendido a debilitarse en las últimas décadas.
Sostenibilidad en las coviviendas ecológicas
El componente ecológico es otro de los pilares fundamentales de la covivienda contemporánea. La mayoría de estos proyectos apuesta por edificios de energía casi nula y por soluciones cercanas al estándar Passivhaus,un modelo constructivo que minimiza las pérdidas de calor y reduce la demanda energética.
En el caso de EntrePatios, el edificio reutiliza las aguas grises y utiliza energía procedente de fuentes renovables. El edificio Tomás Bretón, por su parte, combina varias estrategias: diseño passivhaus, envolvente térmica de altas prestaciones, y sistemas de climatización eficientes. El objetivo principal es reducir la demanda energética antes de optimizar los sistemas activos.
Otro aspecto importante es el uso de materiales de bajo impacto ambiental, aquellos que durante su fabricación generan menos emisiones y que puedan ser reutilizables o integrarse en procesos de economía circular. Un ejemplo es la madera con certificado FSC, que garantiza una gestión forestal responsable.
En el edificio Tomás Bretón, la estructura se ejecutó con madera CLT, una solución que reduce de forma muy significativa la huella de carbono frente a soluciones constructivas convencionales. “Gracias a la estructura en madera, se han dejado de emitir 902 toneladas de carbono”, precisa Fernández-Marcote. A esto se suma la generación de energía fotovoltaica in situ, sistemas de ventilación mecánica controlada y un diseño que prioriza el confort térmico con un consumo energético reducido.

Aunque la covivienda sigue siendo un modelo emergente en España, su potencial de crecimiento es significativo. “La clave reside en combinar innovación arquitectónica con modelos de promoción y gestión que permitan reducir costes y mejorar el acceso”, afirma Fernández-Marcote. Sin embargo, su expansión depende en gran medida del apoyo institucional y de políticas públicas que faciliten el acceso al suelo y a la financiación. “La presión climática, el coste de la vivienda y la necesidad de modelos urbanos más resilientes apuntan en esa dirección. Lo que hoy vemos como innovación probablemente acabará formando parte de la normalidad en la vivienda urbana”, concluye.

