Hace un par de décadas, las oficinas eran, en el imaginario público, lugares grises, llenos de cubículos y poco atractivos visualmente. Esta imagen fue pulverizada por Google y sus espacios coloridos, con sofás, cuencos de fruta y mesas de futbolín. De pronto, toda empresa que quisiera ofrecer una imagen de modernidad y creatividad copiaba ese modelo. Los años siguieron pasando y un acontecimiento mundial, la pandemia, demostró que también era posible el teletrabajo. Con la crisis sanitaria superada, se produjo una vuelta a la oficina y apareció un modelo que parece definir esta década: el del trabajo híbrido.
Trabajar unos días desde la oficina y otros desde casa (o cualquier otro lugar) parece ser el término medio al que se está llegando entre una directiva que querría tener a todo el equipo siempre de forma presencial y una plantilla que ha descubierto que su bienestar ha aumentado gracias a esa posibilidad de trabajo remoto. Según una encuesta de Cisco, en 2025 el 47 % de las personas empleadas tenía un modelo de trabajo híbrido, un descenso desde el 63 % de 2022. Sin embargo, la preferencia del personal estaba clara: un 63 % aceptaría un recorte en el sueldo a cambio de la posibilidad de teletrabajar más días.
Estos cambios tan recientes y tan marcados están teniendo su impacto en el diseño de las oficinas. “Las compañías lo que quieren es que sus empleados vuelvan progresivamente a la oficina. Para ello, y para atraer y retener talento, se considera básico tener unas oficinas de mayor nivel estético, de confortabilidad, de calidad del ambiente interior”, confirma Luis Suárez, responsable del segmento Workplace en Finsa.
Por otra parte, las inmobiliarias o entidades propietarias que alquilan oficinas a las empresas buscan sacarles la mayor rentabilidad a esos activos, para lo que la eficiencia energética es imprescindible. “Se calcula que de cara a 2030, que también es cuando se aplicará en la UE la Directiva de Eficiencia Energética en Edificios (EPBD por sus siglas en inglés), el 80 % del stock de los inmuebles de oficina en Madrid y Barcelona van a estar obsoletos en cuanto a estos requisitos de eficiencia”, señala Suárez. Por esta razón, se está llevando a cabo una gran reconversión de esos edificios para ajustarlos a los nuevos límites y, de paso, “se está aprovechando para obviamente rehabilitar la estética de sus interiores”.
¿Cómo son los espacios workplace que están resultando de estos ingredientes? Cómodos, estéticos y sostenibles.
El bienestar de la plantilla desde el diseño
Las personas que están a gusto trabajan mejor. Esto, que demuestran desde hace años múltiples estudios, lleva ya un tiempo moldeando el diseño de las oficinas. Ahora, además, ese espacio debe competir en comodidad y estética con el propio hogar, para que los días de teletrabajo desciendan por decisión de la persona empleada y no por imposición de su empresa. ¿Cómo se logra?
Por un lado, gracias a la elección de “muebles ergonómicos y adaptables a las necesidades particulares de la persona y el puesto (alturas modulable, variedad de tamaños, zonas específicas para cada tipo de trabajo,..)”, señala María Touriñán, del espacio de oficinas flexibles Stella Hub, proyecto en Santiago de Compostela. Además, “se busca alcanzar ambientes cálidos, luz natural y materiales orgánicos que contribuyan al bienestar y el confort en el trabajo”. Otro de los aspectos que se valoran para lograr espacios workplace agradables es el del confort acústico.

Para ese bienestar, para trabajar de forma cómoda y tranquila, se opta en muchos casos por el blanco, que sigue siendo “un valor seguro”, sostiene Suárez. También hay mucha más luz natural y, a la hora de elegir maderas, material muy presente por sus características estéticas y sostenibles, se opta por las más tranquilas, sin nudos. Sin embargo, estamos también desde hace años en cierto modo ante la desaparición de lo que podríamos llamar una estética de oficina generalizada. “Ahora mismo las oficinas casi parecen de todo menos oficinas”, indica el responsable de Workplace. Es decir, hay una gran mezcla de materiales y soluciones que ya no son específicas solo de este tipo de interiores, sino que “son comunes a un hotel o a una vivienda”. Así, además de ese blanco, entran también muchos otros colores, cuya elección depende en gran medida de la propia marca.


Una oficina, múltiples usos: impera la flexibilidad
Otra de las características de este nuevo escenario corporativo es que esa flexibilidad que se ofrece al personal se plasma también en el propio trazado interior de la oficina. Como no se trabaja de forma presencial todos los días, tiende a haber menos puestos de trabajo. Y estos, además, no están asignados. Según CBRE Research, de hecho, en 2027 el 73 % de las empresas tendrá ya una ratio de 1,5 personas por puesto.
A la oficina se irá, principalmente, a “realizar tareas colaborativas o colectivas”, apunta Luis Suárez, por lo que habrá áreas muy diversas. “Grandes cantinas, espacios que son flexibles, que se reconvierten en una hora y de repente pasan a ser otra cosa, como una sala de reuniones”, ejemplifica. “Esto permite crear diseños más a medida, dependiendo de la empresa”. Una oficina líquida que cambia y se adapta.
En cuanto al mobiliario, encontramos muchas piezas que aportan precisamente esa flexibilidad y comodidad: muchas zonas de soft seating que invitan a ese trabajo colaborativo y, en algunos casos, como cuando hay sofás de módulos o pufs, permiten cambiar su disposición de forma inmediata para justarse a las necesidades del momento.

De la sostenibilidad a la regeneración de las oficinas
La búsqueda de la sostenibilidad, imprescindible no solo por las exigencias normativas sino también por la propia situación de la emergencia climática, se cuela también en los espacios de trabajo. “La sostenibilidad es otro de los pilares de la sociedad actual que también ha calado en los espacios de oficinas (sistemas de ahorro energético o de productos como el papel, reciclado…)”, confirma María Touriñán.
Esto se ve también en la elección de materiales. “Si pueden ser realmente respetuosos con el medio ambiente, que tengan una misión ya no solo circular, sino regenerativa, que aporten un plus en el entorno, mejor que mejor”, añade Luis Suárez. Esta es una de las razones por las que la madera está cada vez más presente en las oficinas.
En el caso de Stella Hub, todo esto se logró escogiendo materiales de Finsa. “En los patios ingleses, llenos de vegetación, tanto el recubrimiento del suelo como las grandes macetas con cítricos, se han construido con materiales Finsa (Findeck y material autoclave de Savia), y la fachada se ha recubierto con listón de pino tratado (Thermopine Gris).


Todas las puertas de más de 2 m de altura se han fabricado a partir de caras juntadas de chapa de eucalipto y Fibrapan®; todo el mobiliario de los espacios de trabajo operativos se ha fabricado con Fimaplast Finsa, las mesas de reuniones con Fibrapan® Lam Tech Cashmere en unos casos y Fibranatur Eucalipto Serene en otros. La mesa de recepción se fabricó con Fibranatur y un frente de rechapado Mojave Fibranatur”, enumera Touriñán.
También los módulos de cocina, cantina y office son de Finsa, así como todos los espacios de almacenamiento (Fimaplast H Espiga Textil). Además, se decidió incorporar como grandes paneles decorativos en algunas de las salas, tableros de Fibrapan Tex E-Z en distintos acabados y lacados.

En los últimos años se ha producido “una auténtica revolución en las oficinas”, resume María Touriñán. “Se ha pasado de espacios cerrados, oscuros, llenos de papeles y sin espacios comunes, a espacios diáfanos, llenos de luz y color, tecnológicos, sin apenas papel y con muchas zonas colaborativas”. Para que el trabajo sea agradable, tranquilo y productivo.

