Elegantes, imponentes, pétreos y, en ocasiones, grandes olvidados. La manera de devolver a la vida grandes espacios históricos puede ser una cuestión difícil de solventar. El coste que supone su recuperación y el debate sobre su uso puede frenar estos proyectos, que han llenado de actividad edificios como el Matadero, en Madrid, o la Alhóndiga, en Bilbao.

Desde Escocia, se plantean adaptar el modelo de Paradores español a sus impresionantes castillos para proteger su patrimonio y hacer que sea rentable. ¿Cómo afrontar la resurrección de importantes inmuebles históricos?

 

Alojamientos de lujo

La empresa pública Paradores lleva casi un siglo ofreciendo alojamiento de lujo en un total de 97 edificios españoles de valor incalculable, desde antiguos hospitales hasta iglesias o castillos. Con 4.000 trabajadores en toda España y 1,3 millones de habitaciones ocupadas en 2019, este modelo protege el patrimonio estatal y consigue rentabilidad con estancias turísticas y oferta gastronómica en 16 de las 17 comunidades autonómicas.

Aun con la afección de la pandemia, los hoteles de la red han conseguido superar el 80% de ocupación el pasado mes de agosto, y Paradores ha reabierto su centro de León, tras invertir 14 millones de euros en su mejora.

 

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Reactivar el rural

Con unas cifras como las de Paradores, no es de extrañar que Escocia se proponga copiar la idea e intentar conseguir el doble propósito de cuidar sus numerosos y espectaculares castillos y, a la vez, sacarles provecho económico y social. El Gobierno pretende fijarse en Paradores para poder ofrecer estancias en edificios en los que no ha dormido nadie en siglos. Como parte de un plan para reactivar el rural escocés, los líderes políticos apuestan por “atraer turismo” e “inyectar dinero en la economía local” a través de una red de hoteles sin olvidar la “preservación del patrimonio”.

En paralelo, cambiar el modelo actual de voluntarios locales enseñando las grandes mansiones por una empresa que pueda contratar a cientos de trabajadores está entre los objetivos de la organización que protege el patrimonio del país, la National Trust for Scotland.

 

 

Espacio cultural y de ocio

Pero, además de Paradores, existen otros ejemplos de cómo dar vida a grandes edificios patrimoniales. Un antiguo almacén de vinos y aceites de Bilbao se ha convertido en una de las muestras más claras de España de cómo reconvertir un edificio y adaptarlo a las necesidades contemporáneas de la ciudadanía. La Alhóndiga es, desde hace una década, el centro cultural, de ocio y deportivo más importante de la urbe tras el proyecto del arquitecto Philippe Starck, que se alinea con la reconversión impulsada frente a la ría.

Con más de 40.000 metros cuadrados de espacios destinados al esparcimiento, en diez años de vida, cumplidos en mayo pasado, ha acogido 560 actividades artísticas o 43 exposiciones con más de 2.000 artistas locales.

 

 

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Centro de creación

Otro ejemplo se puede visitar desde hace años en Madrid. Desde que en 2005 se le otorgara uso cultural al recinto que ocupaba el antiguo matadero y mercado de ganado, el espacio no ha dejado de cambiar y de erigirse como un centro de creación artística de primera categoría. En vez de sufrir una renovación completa y única, Matadero Madrid fue, poco a poco y a través de diferentes arquitectos, cambiando y posibilitando nuevos usos.

Cine, literatura, teatro o exposiciones caben en su interior y el espacio exterior que lo rodea también ha tenido una especial atención por parte de los arquitectos para formar un conjunto innovador que respeta gran parte de la estética de las naves originales.

 

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El declive y deslocalización de la industria en las ciudades, la necesidad de nuevos espacios de socialización y cultura para la población o la conservación de grandes joyas arquitectónicas sin uso ofrecen oportunidades únicas para reconvertir y dar una nueva vida a espacios singulares.

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