En arquitectura, un buen edificio es aquel que consigue mimetizarse a la perfección con el espacio que le rodea. La tendencia de unir arquitectura y naturaleza es una realidad muy presente en las construcciones y ciudades actuales. En algunos casos esa unión va más allá de respetar la estética natural que las rodea y el objetivo es dialogar y entender el espacio como un elemento arquitectónico más. ¿Lo descubrimos?


Arquitectura orgánica y ambiental: un giro sostenible

Un reto fundamental en la creación arquitectónica es hallar un espacio que permita la comprensión de la naturaleza a través de las formas. Ese espacio debe promover la conciencia, la sensibilidad y el compromiso con ese entorno natural y sus materiales.

Esto no es algo nuevo. El concepto de arquitectura orgánica se remonta a comienzos del siglo XX con el arquitecto Frank Lloyd Wright y ejemplos como su casa de la cascada. En ella reinterpreta la naturaleza respetando los materiales locales para que la estructura forme parte del entorno.

 

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La evolución de esta simbiosis ha llegado hasta hoy bajo el paraguas de la arquitectura ambiental. Esta disciplina persigue transformar mecanismos de la arquitectura convencional. ¿Cómo lo logra? La tendencia incorpora materiales enfocados a lo sostenible, vela por las necesidades del entorno y tiene en cuenta factores climáticos, energías renovables o nuevas tecnologías. La optimización y eficiencia de recursos permite, no solo beneficiar el entorno, sino que también transforma la naturaleza.

La integración de la naturaleza en la arquitectura se puede realizar de forma indirecta con elementos respetuosos con el medio ambiente. Existe la opción de construir edificaciones con jardines verticales que involucran ese hábitat verde en su propia estructura, ya sea fachada, techo…y la de incluir elementos naturales en el interior de la construcción.

Renovar estructuras y mejorar las infraestructuras deshabitadas existentes es otra de las perspectivas dignas de mención. Stephanie Chaltiel, arquitecta fundadora de Mudd Architects, así lo defiende en un documental de IKEA España sobre sostenibilidad. En este documental, presentado en Madrid Design Festival 2021, Chaltiel considera que apostar por esta revisión de lo preexistente es un “aspecto clave que hay que impulsar de cara a rediseñar el mundo”.

En este sentido, Chaltiel cree que “regresar a las necesidades básicas de la gente puede darnos pistas para mejorar la arquitectura actual”. No descarta la idea de usar drones para instalar jardines verticales o incluso bosques en las ciudades, pero recuerda que “el verdadero progreso es saber cómo cuidarlos”.

 

Hoteles burbuja, casas geodésicas y… arquitectura marciana

Buscando ejemplos reales de esta integración podemos ver casos como los hoteles burbuja, una forma de hospedaje diseñada por el francés Pierre Stéphane y ya bastante normalizada. Permiten dormir en un habitáculo en forma de burbuja transparente para observar el firmamento.

 

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En un entorno natural tan auténtico como la desembocadura del río Tambre en Galicia, nos encontramos con las Cabañas de Alebeida, construidas en los árboles. Constituyen un ejemplo de integración perfecto con el bosque que busca la intimidad y la conexión con la naturaleza en estado puro.

Este proyecto ha sido galardonado recientemente con el Premio de Arquitectura y Urbanismo 2020 del Consejo Superior de Arquitectura de España. El trabajo arquitectónico es del equipo liderado por Francisco Liñares y Alfonso Salgado y se basa en tres ejes fundamentales que son sostenibilidad, aprovechamiento de recursos e integración paisajística.

En este repaso a modelos arquitectónicos integrados en la naturaleza no podemos olvidarnos de las viviendas geodésicas. Se trata de un modelo de construcción en forma de cúpula conformado por materiales sostenibles. Este modelo de casas permite un gran ahorro energético, medioambiental y económico que crea ambientes envolventes.

Por último, y si echamos una mirada al futuro, la arquitectura llegará a integrarse incluso en otros planetas. Es el caso del primer pueblo espacial que la empresa parisina Interstellar Lab pretende construir en el desierto de Mojave (California). Hablamos de un pueblo autosuficiente capaz de existir bajo condiciones medioambientales cercanas a las de Marte. Las instalaciones dejan una huella de carbono neutral y no producen residuos.

 

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