Hasta 2025, el centro de Madrid no tenía un edificio residencial colectivo que combinara estructura de madera y que fuera CO₂ Casi Nulo certificado. El edificio Tomás Bretón supuso un hito que dispone de cinco plantas en las que se articulan veinte viviendas de una a tres habitaciones, con espacios abiertos comunitarios y privados. Es un diseño del estudio sAtt Arquitectura, primera empresa española B Corp en el sector de la arquitectura, la promotora Distrito Natural y la constructora Woodea.
La tendencia de vivienda descarbonizada está creciendo, “pero todavía es incipiente”, valoran en sAtt Arquitectura. “A diferencia de workplace o hospitality, el mercado sigue priorizando el coste inicial sobre el coste de ciclo de vida. Aún así, la presión normativa, la taxonomía europea y la creciente sensibilización de compradores están acelerando el movimiento, de manera que consideramos que el criterio ecológico dejará de ser un diferencial para convertirse en un estándar”.

El edificio Tomás Bretón combina equilibrio social, ambiental y económico. En lo social, se basa en un modelo donde la comunidad es la columna vertebral. “Se ha trabajado con diseño participativo desde fases tempranas: personalización de viviendas, definición de zonas comunes, gobernanza y resolución de conflictos”, explican desde el estudio de arquitectura. El edificio cuenta con 105 m² de terraza compartida, salas polivalentes, patio, jardín, taller de bicicletas y un soportal común.

“En un contexto de soledad no deseada, la arquitectura puede generar lugares para el encuentro y los cuidados. No impone relaciones, pero las facilita, algo que nos parece tan importante como el comportamiento energético del edificio”, puntualizan desde sAtt Arquitectura.
Además, las viviendas permiten configuraciones flexibles para adaptarse a las necesidades a lo largo del tiempo: familias, parejas, profesionales que teletrabajan o modelos intergeneracionales. “Esto es así porque consideramos que la vivienda ya no puede diseñarse como un producto cerrado; debe ser un sistema adaptable y preparado para evolucionar como lo hacen quienes habitan los espacios”, concluyen.

En lo medioambiental, la reducción de carbono embebido que permite el CLT impacta directamente en los resultados del Análisis de Ciclo de Vida y en el balance global de emisiones. Gracias a esta estrategia estructural, el edificio ha podido alcanzar emisiones operativas cero y obtener el certificado CO₂ Casi Nulo de Ecómetro Asociación. Además, la coherencia entre material estructural, eficiencia energética y electrificación total refuerza el cumplimiento del estándar Passivhaus. “Sin la madera estructural, el balance final no sería el mismo”, detallan.

El CLT de Xilonor ha sido determinante por tres razones: carbono, precisión y coherencia técnica. La estructura de madera ha permitido almacenar 902 toneladas de CO₂, convirtiendo al propio edificio en un sumidero de carbono. Frente a soluciones convencionales de hormigón o acero, la reducción de emisiones embebidas está en la propia estructura del edificio.

En lo constructivo, la madera contralaminada aporta ligereza, menor impacto en cimentación y un alto grado de industrialización, lo que mejora tiempos, reduce residuos y aumenta la calidad de ejecución. De hecho, cada planta fue construida en poco más de una semana, y el edificio, en catorce meses. Además, el CLT facilita la eliminación de puentes térmicos y encaja de forma natural con un estándar Passivhaus. “En nuestro caso, el uso de la madera es una decisión estratégica alineada con nuestro objetivo de descarbonizar los proyectos”, argumentan.

