El confinamiento que ha vivido gran parte de la población mundial ha demostrado que las oficinas y los espacios de trabajo pueden entenderse de otra manera. Aunque las nuevas tecnologías han propiciado desde hace años que muchas personas trabajen desde cualquier lugar del mundo, la pandemia puede haber propiciado un profundo cambio en nuestra forma de relacionarnos laboralmente.

Ya son conocidos como nuevos nómadas y son aquellos que decidirán trabajar dónde y cómo quieran. En la naturaleza, en países más cálidos, en casa o en cafeterías, pero con un objetivo: trabajar para vivir con satisfacción.

 

Huida de la gran ciudad

Con respecto a las tendencias laborales, algo que se venía observando desde hacía tiempo era que las grandes ciudades, como Nueva York, París o Londres ya no tenían el tirón de hacía décadas. No eran considerados ya polos de atracción para empresas o trabajadores por cuestiones inmobiliarias –con precios de alquiler o compra de oficinas o viviendas por las nubes- o por el transporte –con largas horas de tren, bus o coche para llegar a la oficina—por lo que muchas empresas ya habían emprendido la huida hacia otros lugares más asequibles o hacia la descentralización laboral. Un ejemplo es la start-up Stripe que tenía, ya en 2019, a más del 99% de sus empleados trabajando alejados de grandes urbes.

 

El mayor acelerón del teletrabajo de la historia

Con 2020 llegó la pandemia de coronavirus y, pocos meses después del confinamiento y del trabajo en casa, los datos comenzaron a revelar que los profesionales estaban satisfechos con su nuevo rol. Según este estudio, los empleados estaban más cómodos realizando sus tareas en remoto, aunque, eso sí, con un lugar específico donde hacerlo.

Otro estudio en Estados Unidos concluyó que el 83% de los empresarios y el 71% de los empleados consideraron un éxito la experiencia y hasta un 75% de los trabajadores aseguraron haber mantenido su productividad, según este informe.

Además, la mayor parte de las personas encuestadas se mostraron contentas de la interacción social que mantuvieron con sus compañeros. Las cifras, pues, son una muestra rotunda de que se puede trabajar fuera de la oficina sin ver mermada la capacidad de las plantillas y haciendo que estas estén más satisfechas.

 

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Nómadas digitales: una tendencia acentuada

Muchos se sorprendieron de la capacidad para trabajar desde casa, pero otros ya habían experimentado esta sensación y la habían aprovechado al máximo. Son los nómadas digitales: personas que trabajan en cualquier parte del mundo que eligen, haciendo de esta decisión una forma de vida.

Un estudio de 2020, antes de la pandemia, muestra que el 98% pretende seguir con este modelo toda la vida y el 97% lo recomienda a otros. Un dato que demuestra la satisfacción de los que, antes de tener que confinarse, trabajaban por propia decisión de manera autónoma y ubicua.

El 57% de los encuestados lo hace a tiempo completo y el 80% desde casa, seguido, con respecto a los lugares, de las cafeterías. La flexibilidad de lugar de trabajo y la organización propia de su jornada son las cuestiones más valorado para estos nómadas y lo malo, la soledad y falta de relación con sus colegas.

 

El espacio de trabajo del nómada digital

La lista de lugares exóticos elegidos por antiguos y nuevos nómadas digitales es extensa y, para muchos, inalcanzable, como Aruba o Barbados, donde visados o impuestos pueden suponer un problema. Pero otros como Portugal o las Islas Canarias, por su buen clima, coste de vida e incentivos de la administración, son algunas de las opciones más realistas para poder casi combinar vacaciones y trabajo.

Y aún hay una opción más cercana, aunque no apta para todos los públicos: acercar el trabajo a la naturaleza. El traslado al rural puede combinar un cambio de vida con la aportación a frenar el despoblamiento de muchas localidades españolas. No hay que hacerlo realizando una búsqueda exhausta y complicada de las opciones, sino que existe una plataforma que aclara parte de las dudas más comunes: qué conexión a internet existe, cómo es la conectividad en transporte público, el coste medio de vivienda, dónde está el centro de salud o el colegio más cercano… Vente a vivir a un pueblo es una iniciativa que ya ofrece 43 lugares donde establecerse para trabajar con la tranquilidad del sonido de los pájaros pero adaptándose a las necesidades de la persona y de su trabajo.

 

Lo que aprendimos de la pandemia y los espacios de trabajo

Y si levantarse y ver por la ventana un bosque o a una playa puede ser una ventaja más que destacada, hay otros beneficios que aporta este tipo de vida que redundan en otros, como la sostenibilidad. Para comenzar, apostar por la descentralización de las ciudades hacia el extrarradio mejora las economías locales y su supervivencia, y, como consecuencia global, se reduce la huella de carbono.

Hasta un 23% de energía se ahorra una compañía con sus trabajadores en casa, según un experimento en Japón, y hasta 6.500 dólares se puede ahorrar un profesional estadounidense en gasolina o billetes de transporte público al año. Solo en el confinamiento, los datos marcaron bajadas de más del 50% de la contaminación en Madrid o Barcelona.

Dubai, Madeira o A Estrada. Destinos posibles y apetecibles para muchos trabajadores que han descubierto lo positivo de trabajar fuera de la oficina, pero quizá también han detectado las carencias de su casa o de su ciudad. El nomadismo laboral es tendencia en todo el mundo. O lo será, si la pandemia vuelve, en algún momento, a abrir todas las fronteras globales.

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