Interiorismo para aumentar las ventas en retail

Podría pensarse que el interiorismo es algo que se hace al final, cuando ya se ha planificado y diseñado todo, casi como un capricho estético para darle al lugar en cuestión el envoltorio que buscamos. Sin embargo, hace ya mucho que sabemos que eso no es así, especialmente en el sector retail, ya que un interior bien diseñado e integrado en el plan general del negocio es importante para mejorar la experiencia, crear una conexión emocional con clientes y aumentar el tique medio.

Se trata de algo especialmente decisivo en un momento como el actual en el que las personas están volviendo a las tiendas físicas y a los establecimientos de hostelería (pese a la competencia del comercio electrónico y el delivery), pero… están gastando algo menos de lo que solían. Y es que sí, el 75% de los comercios han registrado un aumento interanual del número de visitantes, sin embargo, el 41,5% experimentó también una caída en el gasto medio, según el Informe operativo sobre centros comerciales del primer semestre de 2026 elaborado por WSGN.

¿Puede de verdad el diseño del local contribuir a hacer que esas personas que ya están acudiendo al establecimiento gasten más en él? Teniendo en cuenta que ese diseño influye en su comportamiento (hará que se quieran quedar más o menos tiempo, que sientan que pertenecen, etc.), la respuesta es un rotundo sí.  “El interiorismo es un medio para llegar a un fin y no un fin en sí mismo”, explica el interiorista Iván Cotado. “Es una herramienta que nos permite comunicar muchos aspectos de la marca. La belleza es algo subjetivo y por eso huimos de simplemente ‘crear espacios bonitos’. Queremos diseñar espacios para ayudar a nuestros clientes a alcanzar sus objetivos empresariales”, sostiene.

Un ejemplo para entenderlo: por lo general, al entrar en un establecimiento del que no sabíamos nada, el propio ambiente y diseño del lugar influyen en cuánto estaremos dispuestos a pagar por uno de sus productos o servicios. Si el tique final no coincide con la idea que nos habíamos hecho, la experiencia pierde. “Y no solo si te encuentras que un lugar es más caro de lo que parecía. Si se produce una incoherencia, si por ejemplo en una tienda Louis Vuitton nos venden un bolso por 50 euros, se crea también cierta desconfianza”, señala el experto.

Ese ambiente que se ha diseñado es una de las razones que animan a los potenciales consumidores a salir de casa y acudir presencialmente a una tienda. Según la encuesta de Nielsen Path to 2026: Key Trends in the Chinese Consumer Market, el 68 % de las personas encuestadas valora el ambiente de las tiendas físicas, mientras que el servicio es importante para menos gente (61 %). Esto no debería ser una sorpresa, ya que va en línea con la macrotendencia de la experiencialidad que ha inundado el retail en los últimos años.

 

Apelar a los cinco sentidos en el interiorismo de retail

¿Cómo se traduce todo esto en el diseño de un espacio interior? ¿Qué hay que tener en cuenta? Si bien la vista suele ser el sentido al que damos mayor importancia, el resto de los sentidos están también trabajando. “Históricamente, hemos puesto el foco en hacer espacios que entran exclusivamente por el ojo, pero también los tocamos, también los olemos, tenemos sensaciones de frío, calor, de acogimiento o no, estamos más o menos cómodos según la silla en la que nos sentamos”, indica Cotado, que menciona también que la mente humana “recuerda más los olores que la forma visual”.

El diseño de interiores es, desde esta perspectiva, una herramienta que permite modular todas esas características que sentimos las personas para que el mensaje que nos llegue “sea el adecuado”, ya que, lo queramos o no, todo comunica. “Si estamos trabajando para una marca cuyos valores de sostenibilidad son importantes, a la hora de seleccionar materiales tenemos que hacerlo en base a esa filosofía, de tener unos principios éticos para con el mundo en el que vivimos. Tu forma de proceder como interiorista tiene que estar alineada con esos valores de marca”, asegura.

Una vez que se tiene clara la parte inicial, cuáles son los objetivos de la empresa con ese local y qué se quiere comunicar, toca ponerse manos a la obra. Decidir cómo se distribuirá el espacio, qué materiales se utilizarán, por qué acabados decantarse… “En un restaurante, por ejemplo, no es lo mismo tocar una mesa de madera que una de mármol, no es lo mismo tocar una mesa de madera pulida que una mesa que se nota que tiene solera, a la que le han pasado cosas”, indica Cotado. Ninguna decisión es mejor que otra en abstracto; depende del ambiente específico que estemos buscando generar. 

El experto pone como ejemplo un restaurante que diseñaron en su estudio hace varios años y que ha ganado varios premios de diseño: Koh Lanta, en A Coruña. “Es un restaurante muy pequeñito, que apenas tiene 60 m² de sala con un ticket muy bajo, así que lo que teníamos que conseguir es muchísima rotación de público”, expone. Para ello, se tomaron una serie de decisiones estratégicas: no hay sillas, sino taburetes, de forma que “la comodidad es relativa”; la cocina está ubicada en la fachada del local para que los repartidores de delivery o las personas que van a recoger su comida para llevar no tengan que entrar; el uso de la madera transmite naturalidad, la vegetación comunica que la comida será fresca, la inclusión de elementos en bambú nos traslada el tipo de comida (asiática)… Como resultado de todo esto, el establecimiento cumple sus objetivos económicos pese a tener sitio para pocos comensales.

 

De la conexión emocional al tique

Uno de los pilares sobre los que se asienta el neuromarketing es saber que los seres humanos tomamos las decisiones mucho antes de que nos demos cuenta. Creemos que lo estamos haciendo en un momento concreto, pero lo que realmente ocurre en esa deliberación interna consciente es una búsqueda de argumentos para justificar el camino que ya hemos elegido. Las marcas buscan conseguir esa conexión emocional que está detrás de las decisiones de compra.

“Se trata de llevar a la persona, a través de ese interiorismo, a sentir que quiere comprar ese producto o consumir en esa cafetería o restaurante. Para ello hay que generar unos lazos emocionales”, explica Cotado. Pone como ejemplo el apartamento que Zara ha abierto en Madrid. “Buscan crear esa sensación de pertenencia a una marca, algo que va más allá de vender ropa. Se genera una tribu, una legión de fans”, asegura.

Otro caso clásico de un interiorismo e imagen de marca muy claros que se traducen en la posibilidad de vender productos a un precio elevado es Apple. Sus tiendas amplias, blancas y minimalistas, pero lo suficientemente flexibles para llevar su diseño un paso más allá de la mano del estudio de arquitectura Foster+Partners, transmiten a la perfección esa sensación de exclusividad y modernidad asociada a la marca. Los precios de los productos de Cupertino han sufrido fuertes subidas en los últimos años y hay ya encuestas que dicen que sus fieles consumidores creen que no van a cambiar a modelos nuevos con tanta frecuencia como antes. La importancia de espacios físicos que sigan inspirando admiración, identidad y pertenencia puede ayudar a capear ese desajuste entre precios y poder adquisitivo.

El interiorismo es mucho más que algo puramente decorativo. Si tras rediseñar su local una tienda nota que empieza a vender más (o menos), lo más probable es que no se trate de una simple casualidad.