Noemí Cortizas, española afincada en Francia, nos cuenta que encontró el equilibrio cuando consiguió aunar su faceta de ingeniera mecánica con su pasión por el diseño para las personas, una combinación que encontró en el CMF (Color, Materials, Finish).

¿Qué tiene de particular el CMF? Detalla Cortizas que le permite innovar sobre materiales, colores y acabados a través de su empresa en París, Ydemarker, y su nuevo proyecto en España,  Material Innovation Hub.

Esta diseñadora de producto sigue empeñada en demostrar que hay espacio para la innovación. Lo hace a través de su trabajo y de la vertiente formativa en colaboración con la Axencia Galega de Innovación. Establecemos CONEXIÓN CON… ella para descubrir todo su trabajo.

 

CMF: Color, Materials, Finish

 ¿Qué es el CMF?

Es una disciplina que se desarrolla en la automoción desde hace tiempo. En ese sector los diseñadores de CMF se denominan Color & Trim y son los que trabajan el interior del automóvil, un habitáculo en el que pasas tiempo y tiene que ser confortable y, al mismo tiempo, comunicar una marca.

Se trata de una especialidad híbrida porque no hay una formación específica. En el CMF he encontrado a gente que viene del textil, de la industria, de la tecnología de materiales, ingenieros mecánicos… porque no se trata solo de entender los mercados de consumo que van a venir, sino también de tener la base científica para saber cómo funcionan los materiales y poder hacer realidad esas ideas. Es un campo que mezcla la parte más emocional o visceral con la parte científica.

 

El CMF es, por tanto, una disciplina que aúna diseño, ciencia y tecnología.

Exacto. Por ejemplo, una cosa muy importante para el CMF es el color. Pero el color, dependiendo del tipo de material, del proceso y de la aplicación, puede trasladarse a través de un barniz, de una pigmentación interna del material, de combinaciones de pigmentos… Lo que conocemos como el comportamiento físico del material.

En algo que puede parecer tan nimio como conseguir el color azul, hay todo un estudio científico sobre el material en el que se va a aplicar esa coloración y cómo se va a aplicar para que sea compatible con su uso. Hay colores muy complicados de conseguir.

 

¿Esa parte de investigación es la que más te gusta?

Me gustan las dos cosas. Me gusta la parte de ingeniería mecánica, la parte más científica, más molecular, más de innovación. El cómo funcionan las cosas. Y, por otro lado, me gustan el CMF y el diseño. Porque diseñas para las personas. Tu resultado no es algo que estará escondido, sino que provocará una reacción cuando la persona coja tu producto en sus manos. Tú has elaborado un estudio desde una idea inicial, un acompañamiento, el desarrollo de un proceso de investigación y vas a crear una reacción. Y esa reacción va a ser muy variada. Creas emociones, vínculos emocionales. Eso es algo muy interesante.

Este mapa de París forma parte de una investigación para lograr un nuevo diseño de alta gama y ecológico para iluminación de automóviles

 

Cultivando la experiencia sensorial de las marcas

 ¿Creaste tu empresa Ydemarker por esa inquietud investigadora?

Cuando empecé a preocuparme por este campo, en la escuela de diseño, ya había analizado la parte científica de los materiales. Había empezado a meterme en el mundo de la experiencia sensorial, así que le pregunté a mi profesor qué se podría hacer en este campo. Él me decía que literatura, porque no había más.

La cuestión sensorial siempre me gustó y se trata de un área que pude desarrollar durante mi etapa en Roctool. Trabajé desde interiores de automóviles hasta cosmética de lujo. Son dos mundos diferentes pero cada uno tiene sus inquietudes. A través de la tecnología de Roctool, mi labor era hacer realidad las inquietudes manifestadas por las marcas. Debía comprender esa visión, dotarla de una forma siguiendo el CMF y luego, con la tecnología, ver cómo conseguirlo. El diseño me marcaba la hoja de ruta y yo iba aplicando los diferentes procesos hasta conseguir un prototipo.

Siempre me gustó mucho la innovación, el diseño y también la parte científica y cuando descubrí esto me encantó. Pero llegó la COVID-19, hubo que reinventarse y decidí crear Ydemaker.

La tecnología de Roctool permitió la exploración de superficies innovadoras de alta gama para envases y producto

 

Tras Ydemarker llegó Material Innovation Hub. ¿Cómo surgió?

España va un paso por detrás en materiales, innovación, colores y técnicas. Por eso hemos creado el MIH con la gente de Tattoo. Se habla de que Galicia ha de ser competitiva, pero no es así. Me llamaba la atención que, por ejemplo, en la materioteca gallega hubiera cosas muy interesantes a las que no se les sacaba provecho. Hay materia prima, hay ideas y eso se puede extrapolar, porque existe esa necesidad en el mercado.

Mucha gente cree que el diseño consiste hacer cosas muy complejas o de museo. Y no es así. El diseño de materiales y acabados puede ser de gran ayuda. Un ejemplo son los famosos mandos de videoconsola, de los que existen innumerables variedades. Eso es un estudio CMF. Cambian los colores y los pigmentos, pero el proceso de inyección es el mismo. Con un simple cambio de utillaje consigues hacer declinaciones diferentes de un producto que te permiten llegar a diferentes mercados y a diferentes targets de consumidores. 

A través del MIH se investigan nuevos materiales a partir de la madera que se descarta

 

Conexiones con el diseño

¿El diseño es sinónimo de lujo?

No. Diseño para mí es algo que ofrece soluciones a un mercado existente de una forma viable industrialmente. Diseño lo hace todo el mundo. Todo el que está pensando en una solución viable hace diseño. El diseño no va ligado al lujo, no tiene por qué ser caro. Es sencillamente necesario.

 

¿Cuánto incide el diseño, concretamente el CMF, en la percepción que un consumidor tenga de un producto?

Pondré un ejemplo. Hablando con un grupo de personas que estaba elaborando un estudio de calidad percibida en Francia, me contaron que para sus clientes del mundo de la cosmética preparaban un nuevo packaging y lo colocaban al lado de productos de la competencia.

Cuando la gente entraba, controlaban dónde se paraba y qué camino seguía. Y calculaban el tiempo de reacción. Si conseguían que esas personas lo cogieran, les llamase la atención y pasasen más tiempo con él que con el resto, consideraban que era un packaging bueno.

Eso demuestra la importancia del CMF, porque hablamos simplemente de una reacción visual, unos efectos que se producen en segundos.

 

Al final creas una conexión, pero ¿hasta qué punto el consumidor es consciente de este hecho?

No es consciente para nada. Por ejemplo, en el caso del tacto, si es agradable o no… Tú coges un producto en la mano y, si tiene un tacto desagradable, lo sueltas. El mundo de la cosmética lo expone muy bien. Cada marca tiene un lenguaje diferente en la forma y en los acabados. Y hay algunas que a lo mejor presentan la misma forma, pero cuando coges el producto con la mano hay algo en el tacto que se te queda grabado.

 

¿Cuál es el proceso hasta que consigues esa conexión emocional?

Me puedo enfrentar a dos situaciones: un cliente que tiene muy claro lo que quiere conseguir y uno que no tiene una idea clara, pero quiere mejorar lo que ya hace. En el primer caso tengo los objetivos claros. En el segundo, tengo que buscarme yo los objetivos. Ahí vendría un estudio de las tendencias de mercado, es decir, identificar las vertientes por las que se mueven las tendencias de consumo y traducirlas a un color, a un acabado, a un material, a una forma… Esa es la primera etapa.

 

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Por otra parte, tengo que conocer los tipos de tecnologías industriales que me van a facilitar la consecución de esos objetivos. Eso requiere mucha literatura, conocer la mecánica industrial, las tecnologías de fabricación, si se están desarrollando cosas nuevas… Hay que estar en continua formación. A continuación, debo analizar qué tipo de material voy a usar, qué tipo de acabado o qué tipo de color. Y una vez que tengo todo eso hago el primer ensayo.

Es un proceso iterativo. Identifico lo que funciona, lo que no funciona, hablo con proveedores… Es algo similar a la dirección de arte. Tú creas tu idea artística y luego gestionas los diferentes actores para conseguir el resultado que buscas.

Me pasó con el proyecto de Auchan Retail basado en materiales producidos a partir de la ropa reciclada. Cuando hicimos las pruebas vimos que las piezas salían quemadas. Había algo que fallaba. Miramos la composición, se comprobaron diferentes temperaturas… Es la parte de pruebas.

Ocurre lo mismo con otro material, un bioplástico hecho a partir de posos de café, que es muy interesante, pero tiene un olor a café muy fuerte. Pensamos que se trata de demasiado olor para el cliente, así que tenemos que optimizarlo para ver cómo lo podemos modificar.

Ropa usada convertida en un nuevo material y en un nuevo producto, una alfombrilla para el ratón del ordenador

 

De todo ese proceso, ¿qué parte disfrutas más?

Todas. No me puedo quedar con una porque soy muy transversal. Cuando al principio tocaba mucho el área de ingeniería, y no tanto el diseño, estaba un poco incompleta. No me puedo quedar con una o con otra porque ambas son muy importantes. Digamos que la parte más creativa y la parte más científica del cerebro están satisfechas.

 

¿La pandemia va a condicionar la disciplina del CMF?

Sí. La gente va a querer comprar menos, pero de mejor calidad. Y, sobre todo, más sostenible. Ahí es muy importante intentar crear opciones que sean sostenibles de verdad y duraderas. Un textil que al año esté estropeado ya no va a ser tan válido. Hay que intentar buscar alternativas. Y hay que intentar comunicar, porque la gente se va a volver más desconfiada.

 

Materiales

¿Hacia dónde van las tendencias de materiales, colores y acabados? ¿Cuáles son los materiales del futuro?

Vamos hacia la idea de sostenibilidad y hacia un producto lo más local posible. También hacia los materiales circulares, los biodegradables y un material que permita el contacto o la interacción de forma segura. La empresa que pueda crear una mascarilla con una mejor ventilación o unos guantes que permitan sentir el calor humano cuando le das la mano a alguien, tendrá éxito.

 

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Además, algo que detecto en auge es el 3D virtual, porque las experiencias virtuales en el retail son muy interesantes. Así que el material del futuro debería ser sostenible, biodegradable y, aunque suene raro, virtual.

 

Proyectos de futuro

¿Cuál es tu próximo proyecto?

Tengo muchos. Por un lado, impulsar el MIH. Me gustaría desarrollar esa labor de formación en Galicia para que las empresas apuesten por nuevos materiales, nuevas opciones, porque se pueden hacer muchas cosas. Solo hay que hacer las preguntas correctas y, a partir de ahí, evaluar el camino. Me gustaría llevar a cabo esa labor de comunicación y de acompañamiento a las empresas para que pierdan el miedo. Se puede innovar. Se puede crear. Y eso es lo que queremos intentar a través del Material Innovation Hub.

Por otro lado, estoy testando en Galicia, con una universidad gallega, y también con un fabricante francés, un material que, si salen bien los prototipos, va a crear ruido en el mercado del lujo.

En esa parte de educación y de crear nuevos proyectos es en lo que me estoy centrando. En dar a conocer Ydemaker y el MIH a través de proyectos interesantes y de la creación de nuevos materiales para diferentes aplicaciones.

 

Hablabas de literatura. ¿Qué recomendarías?

Va a sonar un poco raro para los diseñadores. Recomendaría artículos científicos. Algo de ciencia o de física. Porque una de las cuestiones importantes es saber con qué elementos cuentas. Es como la navaja suiza. Si tú no conoces todos los cuchillos que puedes utilizar y cómo funcionan, vas a utilizarla al 20 %. Para sacar el máximo rendimiento hay que mirar más allá e informarte un poco de todo. Y no solo artículos científicos. También prensa general. En cualquier momento puedes leer algo que te da que pensar. Una de las cosas que he aprendido es que, en este campo, tienes que tener la mente abierta y no cerrarte a nada.

 

¿Tienes algún referente, alguien con el que conectes especialmente?

Salvo el famoso creador de Nokia, que fue el que tuvo la idea de hacer carcasas de inyección cambiándoles los colores y triunfó, no sabría decir un referente.

Sí hay muchos diseñadores que me llaman la atención, como Dieter Rams o James Dyson, porque en su momento fueron innovadores al pensar de forma diferente. Le dieron una vuelta de tuerca a lo que ya existía, que en cierto modo es lo que me gusta. Me gusta romperme el coco para dar una vuelta de tuerca a lo que ya existe.

 

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