Utopian Hours: 10 años de un festival para la especie urbana

La primera edición empezó centrada en Turín (Italia). Desde -la que en aquel momento era- la asociación cultural Torino Stratosferica querían contar a un gran público todo el potencial que tenía su ciudad, qué posibilidades de cambio había. Pero también querían ampliar el foco y mirar hacia el mundo. “Queríamos explicar que todo eso que estábamos pensando para Turín estaba también en cierto modo relacionado con cosas que estaban pasando en otras ciudades del mundo”, incide Luca Ballarini, creador y director del festival Utopian Hours. Así que invitaron a Turín a personas de otros lugares para que contaran cómo habían llevado a cabo sus transformaciones. Se trataba de transmitir y entender, viendo ejemplos de iniciativas en otras ciudades, que el cambio es posible. 

Este fue el pistoletazo de salida de un festival, Utopian Hours, que celebra en 2026 su décima edición, razón por la que han dividido el evento en dos partes. La primera, celebrada a finales de mayo en dos jornadas en Rotterdam, volvió a invitar a algunos de los ponentes que ya pasaron por su escenario en esta década para ofrecer una versión actualizada de sus charlas, un “¿qué ha pasado desde entonces?” La segunda parte, ya en octubre de vuelta en Turín, acogerá a ponentes nuevos. “Queremos celebrar el espíritu multidisciplinar del festival: activismo emprendedor, innovación social, creación de lugares (placemaking), movilidad, infraestructura, paisajismo, pensamiento utópico radical…”, cuenta el director.

 

La utopía posible de un lugar mejor

Esa idea de cambio posible podría chocar con la inclusión de la palabra utopía en el nombre del festival, pero Ballarini se apresura en aclarar que su acepción es la del sociólogo y urbanista escocés Patrick Geddes, que entendía la palabra como eutopía, es decir, un lugar mejor. “No es la utopía de Thomas Moore, que es básicamente ‘otro lugar’ o algo no alcanzable”, apunta. El lugar mejor de Geddes sí puede ser la ciudad en la que ahora mismo estamos viviendo.

En cuanto a las horas, el otro término que forma el nombre del festival, se refiere a la necesidad de dividir nuestros días para poder alcanzar esa utopía. “Puedes ser utópico durante unas horas, pero también tienes que ser práctico para poder realizar esa utopía, crear ese lugar mejor que el que habitamos ahora”, asegura Ballarini. Hay una indudable mirada hacia el futuro, hacia dejar a las próximas generaciones ciudades más amables y humanas.

En el caso de Turín, por ejemplo, esa ciudad utópica significaría promocionar el potencial de los ríos y del paisaje y tirar algunas infraestructuras que, según explica el director del festival, se construyeron solo por cuestiones de dinero y que contribuyen a cierta disfunción social. “También invertiría mucho en voluntariado urbano. Tenemos que entender que las ciudades no pueden ser algo de lo que solo extraemos valor, debemos aportar algo”, señala.

Detrás de Utopian Hours está también el hecho de que los humanos somos ya una especie urbana. “La mayor parte de la humanidad vive ahora mismo en ciudades y se prevé que el porcentaje siga aumentando”, sostiene Ballarini. En el festival se intenta reflexionar sobre las grandes preguntas (¿qué significa ser ciudadano o ciudadana? ¿por qué emergieron las ciudades más o menos a la vez en diferentes geografías?), sin olvidar lo más urgente: los retos, como el medioambiental, que hay que abordar cuanto antes.

4 casos destacados de los últimos diez años

La principal evolución del festival en esta década -atravesada además por un acontecimiento global tan desestabilizador como fue la pandemia- ha sido “una subida constante del listón”, afirma Ballarini. Torino Stratosferica es desde hace años una empresa social que investiga qué se está haciendo en otras ciudades, por lo que cada año invitan a los proyectos cívicos más “icónicos y apasionados”. La crisis del covid fue una llamada de atención, una prueba de que había que hacer más: trabajar en proyectos más concretos, pensar y repensar el futuro de las ciudades. Estas son 4 de las ponencias más destacadas de la historia de Utopian Hours:

 

Copenhill, de planta de residuos a estación de esquí

Copenhill es una planta de gestión de residuos en Copenhague, un hito arquitectónico que propone una estación de esquí (en un país muy llano) sobre una montaña de basura que se está convirtiendo en energía. 

Patrik Gustavsson, director en ese momento de la Amager Bakke Foundation (coordinaban la financiación del proyecto), dio en el Utopian Hours de 2019 una lección sobre cómo “montar una planta de gestión de residuos y convertirla en una instalación deportiva, juntando en un gran proyecto a profesionales de la ingeniería, de la química, del paisajismo, de la arquitectura, de la planificación, y entre todos construir un gran ejemplo de infraestructura urbana”, recuerda Ballarini. “Fue una gran ponencia sobre cómo hacerlo posible, cómo atravesar esas barreras entre profesiones”.

Kotchakorn Voraakhom y un Bangkok resiliente

La arquitecta paisajista tailandesa -creadora del neologismo waterscape, gemelo acuático de landscape– participó en la edición de 2024 para hablar sobre cómo convertir a Bangkok en un lugar más resiliente ante la subida del nivel del mar: proyectos de urbanismo, gestión de las aguas… “La gente se puso en pie para aplaudirle, quedaron fascinados con su intervención”, asegura Ballarini.

Mars City Design: habitar más allá de la Tierra

Una de las pruebas de la amplitud de miras que tienen en Utopian Hours es el hecho de que una de las ponencias de 2022 estuviese dedicada… a Marte. La arquitecta Vera Mulyani lleva años explorando los conceptos de habitabilidad y sostenibilidad tanto para el planeta rojo como para la Tierra. En el festival de las ciudades especuló sobre cómo se podrían construir en Marte, pero, sobre todo, lanzó una advertencia sobre cómo debemos “reconectar con el universo ahora en la Tierra antes de ni siquiera pensar en atrevernos a construir ciudades en Marte”, cuenta Luca Ballarini. 

Mulyani compartió también con el público cómo durante la pandemia se tuvo que replantear muchas cosas sobre su cometido. “Fue un momento muy emocionante, de reflexionar sobre el propósito de la humanidad”.

SchoonSchip: barrio autogestionado de casas flotantes 

Un ejemplo de perseverancia colectiva con final feliz: SchoonSchip es un barrio sostenible de casas flotantes, ubicado en Amsterdam, que existe gracias a la insistencia de una comunidad de personas de entre 30 y 40 años que propuso a la Administración local darle ese uso a un antiguo canal militar que estaba abandonado. Tras diez años de diálogo, consiguieron hacerlo realidad. 

En Utopian Hours habló del proyecto Marjan de Blok, una de sus impulsoras. “No vino a hablar de arquitectura, sino de cómo hacer algo así, cómo convertir en realidad una idea tan extravagante”, dice Ballarini. “Es realmente una utopía hecha realidad”.