Cómo es la tecnología del futuro (y del presente) según el cine y la televisión

Una de las cosas que ha hecho la ciencia ficción desde sus comienzos es pensar en cómo sería el futuro. Algunas de estas predicciones no se han hecho realidad, como muestra el hecho de que no tengamos ni los coches ni los monopatines voladores que Regreso al futuro II imaginó como normales para el año 2015. Otras, sin embargo, sí las vemos ya, como las videollamadas y wearables de esa misma película. ¿Cómo es o fue la tecnología del futuro según el cine y la televisión?

 

Her: los límites de asistentes de IA

Un hombre solitario, interpretado por Joaquin Phoenix, y un nuevo sistema operativo en sus dispositivos (en el ordenador, en el móvil, en sus auriculares) que le habla como si fuese una persona real (se llama Samantha, dice). Los paralelismos que podemos encontrar con asistentes de IA actuales no son casualidad: Sam Altman, cofundador de OpenAI, ha confesado que la película lo inspiró para la función de asistente de ChatGPT. Llegó incluso a intentar que Scarlett Johansson se prestara para darle voz; como se negó, utilizaron a una imitadora. Al igual que en la película, en la vida real ha habido muchos casos de usuarios enamorados de su bot. También es reconocible algo que ya casi ni llama la atención: el protagonista vive en una smarthome.

 

Minority Report y las tecnologías biométricas

La imagen más recordada de esta adaptación del relato de Philip K. Dick es la de Tom Cruise, que interpreta al protagonista, moviendo imágenes en unas pantallas gigantes con las manos enfundadas en unos guantes especiales. Esa interfaz de usuario que funciona a través de tecnología gestual ya existe (Microsoft Kinect fue un ejemplo), pero hay más. En la película hay publicidad personalizada (con un método diferente al actual), tecnologías biométricas como el escaneo de iris, periódicos que se actualizan solos… 

El centro del argumento, poder predecir quién va a cometer un crimen -y toda la carga ética de ese conocimiento-, también lo tenemos: en el filme no es a través de tecnología, sino de personas con habilidades “precognitivas”; en el mundo real, la IA decide ya quién será un buen empleado para un determinado puesto y podría utilizarse para formar algún tipo de unidad prevención de crímenes, pero los problemas que acarrearía (errores, ética, etc.) hacen que, si se está desarrollando, no se anuncie como tal.

 

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Black Mirror y la experiencia de cliente

Cualquier episodio de Black Mirror sirve para ver hasta dónde puede llevar la tecnología a la sociedad, pero quizá sea Nosedive, de la tercera temporada, uno de los que más nos pone ante ese espejo negro: todo el mundo puede valorar con estrellas a cualquier persona con la que interactúe, lo que tendrá un efecto en su estatus social y económico. 

Fuera de la serie ya se ven iniciativas similares: en China, la empresa Zhima Credit valora a los usuarios teniendo en cuenta los pagos a través de AliPay o las interacciones y publicaciones en redes sociales: del resultado puede depender que te concedan un préstamo o no. Más cercano: las omnipresentes encuestas de experiencia de clientes que piden valorar con estrellas a quien te trajo la comida, quien te llevó en coche o te atendió en el hospital.

Upload y la vida eterna

Ambientada en el año 2033, esta serie plantea un mundo en el que, gracias a la tecnología, podemos “subir” nuestra conciencia a una plataforma tras nuestra muerte y seguir viviendo allí. Por supuesto, hay versión premium y versión freemium, con tiempo limitado y anuncios. Aunque esa realidad parece lejana, sí existe ya toda una industria (DAI, industria del más allá digital, por sus siglas en inglés) enfocada en permitir a las personas vivas seguir en relación con quien ha muerto a través de chatbots que los imitan e incluso realidad virtual.

 

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