Los NFTs (Non-Fungible-Tokens) han revolucionado el sector cultural en 2020 y han influido de lleno en el arte digital, creando una nueva disciplina: el criptoarte. ¿Quieres saber cuál es el futuro de esta disciplina cuya tendencia de consumo se triplicó en 2020 hasta los 250 millones de dólares?

Tras hablarte de NFTs y de su influencia en la arquitectura y el interiorismo continuamos la serie analizando criptoarte y criptomoda.

 

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¿Qué es el criptoarte y cómo afecta al arte tradicional?

El criptoarte es arte digital acuñado bajo tecnología NFT. Como ocurre en el terreno económico, el principal valor de lo cripto se encuentra en la cadena de bloques que permite eliminar intermediarios y confirmar la procedencia o autoría.

¿Qué beneficios repercute esta manera de presentar nuevos formatos de arte digital? En lo que respecta a criptoartistas, encuentran un espacio donde exhibir su trabajo y venderlo en tiempo real a través de las plataformas de venta y difusión, rompiendo ciertas trabas del mercado tradicional. Además, cada profesional recibe compensaciones por derechos de autor con las ventas secundarias de sus obras, en cada una de las transacciones que se realicen.

El bum del criptoarte llegó con el artista Beeple y la subasta de una de sus piezas virtuales durante 2020. Esta transacción lo convirtió en el tercer artista vivo más caro de la historia. Más allá de lo estrambótico que puede sonar poseer una obra de arte que no puede tocarse, el criptoarte está permitiendo democratizar el acceso a las galerías, coleccionistas y museos.

El ilustrador Javier Arrés supone otro ejemplo de esta tendencia. El criptoartista saltó a la fama en 2021 gracias al auge de sus creaciones en NFT: “En España no tenía ni galería y la última colección que presenté a subasta me reportó un beneficio de medio millón de dólares”, explicó en eldiario.es.

 

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¿Cómo se crea el criptoarte?

Cuando se crea arte digital, este archivo debe adjuntarse a un NFT que registrará mediante blockchain el token (la obra de arte). Este proceso asegura que el arte digital asociado es creación de quien lo firma. En esta tarea de autentificación colabora desde 2015 Verisart, una plataforma que genera certificados digitales encriptados para el sector cultural.

El criptoarte garantiza la autenticidad y la salvaguarda ante falsificaciones. Esto se materializa en que las obras almacenan un histórico de quién ha comprado la obra, cuántas veces se ha vendido y la cantidad que se ha pagado por ella. Al usar tecnología blockchain, las redes no se pueden hackear, por lo que son casi imposibles de duplicar y reproducir sin consentimiento.

 

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¿Dónde se compra y se expone el criptoarte?

Existen dos plataformas de artistas digitales surgidas entre 2017 y 2018: Super Rare y Makersplace. Como cualquier marketplace de NFTs, requiere que tengamos criptomonedas (en este caso, minadas por Ethereum) para realizar las transacciones.

Super Rare sintetiza en la definición de su web la génesis de este tipo de espacios digitales: “Es como si Instagram se encontrase con Christies (la casa de subastas): una nueva forma de interactuar con el arte, la cultura y el coleccionismo a través de internet”. La segunda plataforma, Makersplace, pasó de buscar artistas a que intenten entrar diariamente entre 15.000 y 20.000 creadores. Y esto solo en cuestión de un año.

Además de los espacios digitales de venta, también hay entornos expositivos. La muestra ¿Criptoarte ético? Impulsando la transformación social desde la digital es una de las primeras en celebrarse con foco en el área hispana. La comisaria Marisol Salanova la resolvió como una convocatoria de exposición online de criptoarte dentro de la plataforma Arteinformado. “Los criterios de selección han sido los mismos que los aplicables a cualquier otra exposición”, indicó Salanova en esta entrevista.

Peligrosa (2021). Colectivo Art al Quadrat.

 

El criptoarte tiene una explosión reciente y veloz. Quedan cabos sueltos por atar, pero nos consta que se trata de una solución que, sobre todo, pone sobre la mesa la autoría y la democratización del acceso al arte. Veremos si acabaremos teniendo nuestra propia colección de arte en la palma de la mano.

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