¿A qué huelen las maderas?

Aunque los cinco sentidos que nos configuran como personas son relevantes, el olfato es uno de los que más atrapa y hace evocar experiencias y vivencias. Algunos elementos son especialmente propensos a desprender aromas característicos, como es el caso de la madera. Sus peculiares propiedades olfativas hacen que sea una de sus señas de identidad. Y es que si hay algo que no se puede imitar, eso es precisamente el olor. Cada  madera tiene uno muy identificable, lo que hace que la valoremos como lo que es: un material heterogéneo, con múltiples variedades y que puede generar sensaciones diversas.

 

El origen del olor de la madera

Hay algo muy curioso con respecto al olor: se genera a raíz de una sustancia que genera el propio árbol como sistema de defensa.  En el cedro, por ejemplo, el olor es un repelente natural frente a los insectos. No es de extrañar que en los países nórdicos o en Inglaterra se potencie este olor en los interiores de muebles y cajones para evitar el ataque de polillas o gusanos.

Todos los cedros son maderas que generan por sí mismas resinas que provocan olores muy agradables y consistentes, de ahí que esta madera sea una de las más utilizadas en la zona europea. Son una de las plantas más empleadas para fabricar ambientadores. Existe también el cedro del Líbano, con un aroma muy característico. Su aplicación tradicional se encuentra también como repelente, este es uno de los motivos por los que también en España los muebles antiguos se fabricaban con este material.

 

Sándalo y abedul en farmacia y perfume

Aunque el género cedrum sea uno de los más identificables y conocidos (especialmente recién cortado), hay muchas especies que generan esa sensación placentera en el olfato. Por eso las industrias farmacéuticas y del perfume se interesan cada vez más por ellas. Y es que, por ejemplo, el aroma del cedro tiene propiedades antisépticas y relajantes y resulta idóneo como descongestionante en casos de infecciones nasales.  Si nos vamos a un conocido, cabría destacar el Wood dsquared, ya que combina de manera pletórica el aroma del cedro juntos con otras propiedades de especies exóticas como la canela o el clavo de olor.

Existen otros árboles y arbustos de aromas muy agradables, que se extraen de sus resinas, hojas o de la misma madera. El sándalo es uno de los más reconocibles y uno de los ingredientes de perfume más antiguo que se conocen. Árbol sagrado en la India, desde hace siglos se hace uso de él por sus cualidades fragantes, medicinales y escultóricas. A diferencia de otras maderas olorosas que se relacionan con aire fresco, como el pino o el cedro, el del sándalo se percibe como un aroma profundo, intenso, dulce y acogedor. Y, sobre todo, muy persistente. Existen diferentes especies de árbol de sándalo, principalmente en India (Santalum Album), y también en Oceanía y Latinoamérica.

El abedul, por su parte, es un árbol fuerte. Entre los distintos usos de la madera de algunas de sus especies, como el abedul plateado, se encuentra el aroma acre que se usa en el aceite de cuero y en cosméticos, como jabón y champú. Otra característica útil del abedul, especialmente su corteza, es que presenta cualidades impermeables, lo que lo hace adecuado para revestir barcos de madera.

 

Las maderas del sector vinícola

Otro ámbito en el que combinan aroma y madera es el vinícola. La madera de roble se ha utilizado desde la Antigüedad en la crianza de los vinos y destilados por sus buenas propiedades, que pasan al vino dándoles matices característicos a especias, vainilla o frutos secos. Es fácil de trabajar y permite que el oxígeno circule transmitiendo al vino aromas muy agradables.

Pero no todos los robles son iguales. Incluso dentro de un mismo bosque, hay diferencias climáticas dependiendo de la zona en la que crezcan. Los árboles que crecen en el límite del bosque, donde se dan importantes variaciones climáticas, impregnan a la madera de sabor áspero, cercano al pepinillo; los robles que crecen en el centro del robledal, sin inclemencias, tienen una madera dulce, amanzanada. El precio de este último es más elevado, porque el acceso a él resulta más difícil y requiere más trabajo.

El contacto entre el vino y la madera en barrica resulta fundamental, aunque hay que tener en cuenta la procedencia de las maderas, el tamaño de la misma, el mayor o menor tostado, o los años de uso de la misma. Las barricas aportan al vino características propias de la madera, pero algunos otros aromas se absorberán a través del contacto entre el vino y la madera a lo largo del tiempo. El paso del vino por barrica puede derivar hacia el olor y el sabor de especias como la pimienta, o puede dejar aromas que recuerdan a la madera misma, como noble o cedro.

Y es que, además del diseño de interiores, el desarrollo del sentido del olfato y todas las posibilidades que crecen alrededor de él son ámbitos que no puede dejarse a un lado. El universo sensorial asociado a la madera es muy amplio y completo. Solo hace falta detenerse y dejarse envolver por su aroma, bien como árbol en medio del bosque, como madera recién cortada, como fragancia en aceites esenciales o como ambientador natural. Siendo parte de la naturaleza, y más allá de formar parte del mobiliario de interior, este material siempre nos ofrece experiencias placenteras y enriquecedoras. Y también nos permite bañarnos en vida. Porque lo orgánico y lo natural son buenos acompañantes, tanto en el interior como en el exterior de nuestro hogar.