Ricardo Tubío y Xabier Rilo son diseñadores industriales.  Juntos son Cenlitrosmetrocadrado, un estudio de orientación humanista, que aborda el diseño desde un punto de vista funcional en todas sus vertientes (práctica, emocional, social…). Diseño de producto, espacios, gráfica… casi nada escapa a su campo de acción.

Conexión con... Ricardo Tubío y Xabier Rilo, de Cenlitrosmetrocadrado

¿Con qué temas os sentís más cómodos trabajando en Cenlitrosmetrocadrado?

En Cenlitrosmetrocadrado aceptamos encargos de naturaleza muy dispar, porque consideramos que el diseño es una disciplina transversal con la capacidad de dar solución a problemas diversos con independencia de su origen, y la forma de abordarlos es muy similar.

Nosotros pasamos todo por el tamiz del diseño de producto, porque es el área donde nos sentimos cómodos y define nuestro sistema de trabajo. En diseño gráfico intentamos transmitirle este componente objetual desarrollando conceptos tridimensionales o a través de volumetrías. En diseño de espacios, los construimos a partir de las piezas de mobiliario, tratando de que todos los objetos que nacen en el proyecto estén en sintonía y cuenten una historia partiendo del contenido, no del contenedor.

En Exenta, el proyecto de equipamiento para la residencia de creadores Cuarto Pexigo, se materializa nuestra forma de entender el espacio: se construye a partir de piezas de mobiliario multifuncionales que están en este contenedor pero podrían estar en otro cualquiera, y el espacio no deja de ser el mismo. Se trataba de sintetizar con el mínimo número de piezas todas las funciones que se pudiesen generar, tanto en el ámbito doméstico como en el profesional, y darles solución. Sería una evolución respecto a Global Refuge, que ponía los fundamentos básicos y primigenios de lo necesario para habitar.

 

¿Con qué parte del proceso creativo disfrutáis más?

Todas las fases pertenecen a un proceso continuo en el cual cada una es relevante. Quizás la parte más primitiva, en la que se genera el concepto y el discurso, es la que tiene más fuerza y la que guía todo el proceso. Esta parte de trabajar el alma del proyecto es muy importante en nuestros trabajos y es lo que percibe la gente.

Trabajamos siempre con dos ejes. Uno más funcional, que atiende a los requerimientos técnicos y las cuestiones más objetivas, y otro más metafísico, centrado en lo que transmiten las propias piezas. Estos ejes nos sirven de guía durante todo el trabajo, mientras vamos definiendo el producto final. Por eso es difícil escoger una fase, porque realmente nunca acabas de diseñar: el diseño es un proceso continuo.

 

¿Cuál sería vuestro proyecto soñado?

Siempre es el que está por venir, pero por concretar nos gustaría diseñar un producto pensado para una producción más industrializada. Lo que hemos diseñado hasta ahora, salvo casos puntuales, son proyectos únicos. También es cierto que nacen sin intención de ir más allá, lo que nos permite trabajarlos de manera más artesanal a la hora de producirlo y eso también condiciona el proyecto. Sería interesante tener un proyecto de más alcance, que pudiese llegar a más gente, porque al final lo que buscas es que sirva para lo que fue pensado. Es un sobre esfuerzo hacer un producto como pieza única y se podría leer casi como algo elitista, cuando nosotros pensamos todo lo contrario: que el diseño tiene que ser una disciplina accesible que se utilice como herramienta para solucionar necesidades concretas de la sociedad y a cuanta más gente llegue mejor.

 

Sois autores de Global Refuge, un montaje que repasaba el concepto de hogar hace tres años en Casa Decor. ¿Cómo revisitáis este proyecto en época de coronavirus y confinamiento?

La reflexión de la que nació no es muy distinta de la situación que vivimos hoy en día. Nosotros llevamos mes y medio desarrollando el trabajo desde casa y al final te quedas con aquellas piezas que te ayudan a vivir el día a día en la parte más doméstica y, de otra manera, también tienes que tener una serie de prótesis que te faciliten desarrollar la labor profesional. En nuestras casas, no sé si por deformación profesional, ya lo habíamos ido haciendo. Intentamos tener un hogar con esas estancias mínimas de habitabilidad y que las piezas sean multifuncionales y den soporte a varias acciones.

 

¿Qué peso tiene el hogar a día de hoy?

Mucho, por no decir todo. Es el núcleo, porque es donde pasas más tiempo y con la gente que tú escoges pasarlo. Es una extensión de la persona, un sitio donde tienes que encontrarte cómodo, porque pasas muchas horas en él.

 

¿A qué introspecciones os lleva la situación actual de pandemia global? ¿Qué reflexión podemos extraer sobre la percepción del espacio?

Nuestra percepción no ha variado. Intentamos hacer un diseño racionalista donde todo esté fundamentado y dé respuesta a una serie de necesidades. No dejamos margen para lo superfluo y lo banal: lo que hay es porque tiene que estar y todo tiene su función, ya sea práctica o emocional. Después calibramos cuánto hay de cada una buscando el equilibrio del conjunto. En la situación actual te das cuenta de que hay muchas cosas superfluas, que no aportan nada más que expresar cierto estatus de cara a los demás.

Una cita que define muy bien el mundo en que vivimos dice que pasamos la vida trabajando para ganar dinero para comprar cosas que no necesitamos e impresionar a gente que no nos importa (Lawrence J. Peter). Nosotros pensamos que es fundamental que los elementos del espacio aporten algo y tiene que tener ese componente funcional, práctico o emocional.

 

¿Con qué diseñadores o creativos conectáis?

Con todos aquellos cuya manera de pensar se aproxima a la nuestra: Tomás Alonso,  los hermanos Bouroullec, Jasper Morrison, Naoto FukasawaProfesionales que entienden que el diseño es una herramienta para dar respuesta a una serie de requerimientos, en donde es el objeto y no el diseñador el que tiene que expresarse, frente a aquellos que buscan la repercusión, independientemente de que la reflexión que haya detrás de su trabajo sea más o menos acertada.

Pero también conectamos con empresas como la nórdica Carl Hansen o las japonesas Muji y Maruni, que cuidan mucho el proceso de producción y a los trabajadores. Porque es importante tener en cuenta que tras los objetos no solo está el diseñador, sino que también hay gente que trabaja la materia prima, los que ejecutan el producto con mimo y cariño…

 

¿Cuáles son vuestras fuentes de inspiración?

Nos gusta mucho mirar hacia atrás, a nuestras vivencias y nuestros propios trabajos. Pese a que pensamos que no existe un diseño gallego que se pueda identificar como tal como puede ser el holandés o el italiano, creemos que por el hecho de vivir aquí nuestro trabajo se inspira en esas raíces en las que vives y las transmite de manera consciente o inconsciente. Es una manera de trabajar, una manera de leer los objetos…

La tradición, nuestras propias vivencias, la sociedad en la que nos criamos y todos los factores que la rodean, todo esto influye en cómo diseñamos. Al final la inspiración viene de todas partes, desde creadores importantes al trabajo realizado por un herrero. No hace falta una firma, un artesano también puede ser diseñador, porque todos los objetos creados fueron diseñados.

 

En ESTE POST podrás disfrutar de una selección del trabajo de Cenlitrosmetrocadrado en diseño de producto, de espacios, gráfico…

 

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