Respiramos más de 15.000 litros de aire cada día y gran parte de ese aire está contaminado. La ONU no duda en calificar a la contaminación atmosférica como “asesino silencioso”. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que los efectos combinados de la contaminación del aire exterior y en nuestros hogares y lugares de trabajo causan siete millones de muertes prematuras al año. Las partículas microscópicas que contiene el aire que inhalamos penetran en nuestros pulmones irritando los tejidos y provocando o agravando enfermedades respiratorias y circulatorias. Pero, ¿cómo garantizar que respiramos un aire limpio?

 

Cómo mejorar la calidad del aire en interiores

Ya antes de la llegada del covid pasábamos el 90% de nuestras vidas en espacios cerrados. Sin embargo, frente a la preocupación que mostramos ante la contaminación ambiental, no solemos prestar la atención que deberíamos a la calidad del aire en nuestros hogares y oficinas. Existen excepciones, como los edificios que cuentan con la certificación WELL, que mide el impacto de los edificios en la salud y el bienestar de las personas que los habitan. La calidad del aire es una de sus principales preocupaciones porque, como señala Bieito Silva, responsable del certificado WELL en el Instituto Tecnolóxico de Galicia (ITG), asociamos la contaminación atmosférica al exterior y al tráfico, ignorando que los espacios cerrados están entre dos y cinco veces más afectados que los espacios abiertos. ¿Cómo solucionarlo?

 

 

Elimina las fuentes contaminantes

Comienza identificando las fuentes contaminantes del aire de tu hogar y elimínalas. Para suprimir los contaminantes de combustión, generados por estufas de leña o gas, chimeneas o calentadores, examina cómo calientas tu hogar y opta por un sistema limpio, como el biogás o a energía eléctrica. Los compuestos orgánicos volátiles (COV) pueden desprenderse de productos de limpieza, pinturas o materiales de construcción. Evítalos empleando limpiadores suaves y ecológicos y aportando por materiales naturales. También debes prevenir otros factores desencadenantes de alergias y asmas, como el polvo, el pelo de animales o el humo. Para ello es recomendable la limpieza regular empleando un aspirador con filtro de alta eficiencia para eliminar partículas contenidas en el aire (HEPA). Además, adoptando la costumbre de dejar los zapatos en la entrada evitamos la introducción de polvo y contaminantes exteriores.

 

Mejora la ventilación

Una de las medidas más efectivas para mejorar la calidad del aire interior es contar con un sistema de ventilación eficaz que garantice una correcta circulación del aire. Si optas por la natural, acuérdate de abrir las ventanas de tu casa durante al menos 30 minutos diarios para garantizar la entrada de aire limpio exterior. También puedes instalar sistemas de ventilación mecánica, como ventiladores de extracción o sistemas de aire acondicionado. Los mejores estándares los alcanzan las casas pasivas, que incorporan sistemas con recuperación de calor que consiguen que el aire interior se renueve continuamente sin variar la temperatura. La aparición de humedades es un indicador de que la ventilación de un espacio es insuficiente o que existe un exceso de humedad en el ambiente. Para controlarlo emplea un deshumidificador y utiliza siempre extractores al cocinar y al utilizar el baño, para evitar condensaciones.

 

Purifica

Las plantas, además de mejorar la imagen de nuestros interiores, nos pueden ayudar a conseguir una casa más saludable. Algunas plantas incluso tienen un efecto de bloqueo sobre los contaminantes, como la hiedra, el potos o el lirio de la paz. Sin embargo, para los que no son muy amantes de la jardinería o no disponen del espacio necesario, los purificadores de aire son la mejor opción. El mercado presenta numerosas alternativas con diseños que se mimetizan con el entorno o contribuyen a la decoración, pero también opciones portátiles. Lo importante es tener en cuenta el espacio para elegir la potencia adecuada.

 

Un cielo más limpio

La pandemia del coronavirus ha puesto un paréntesis en la “vida normal”. Gobiernos de todo el mundo han implementado medidas para reducir la difusión de la infección y minimizar los contagios. Entre ellas está la limitación de la movilidad que ha tenido como consecuencia inesperada la mejora de la calidad del aire exterior. La reducción de la circulación de vehículos nos permite disfrutar de cielos más limpios y los usuarios de redes sociales se han lanzado a compartir imágenes de estos “nuevos” cielos.

Las concentraciones de dióxido de nitrógeno (NO2) han disminuido de media en España un 58 % tras las medidas decretadas por el estado de alarma contra el coronavirus, según un informe de Ecologistas en Acción, registrando los niveles más bajos de la última década. El NO2es el principal agente tóxico que producen los tubos de escape y provoca en España alrededor de 9.000 muertes prematuras vinculadas a enfermedades respiratorias. Los datos de la Agencia Europea del Medioambiente confirman importantes reducciones en la concentración de contaminantes del aire, que rondan el 50% en áreas como Bérgamo, mientras en Estados Unidos  la NASA ha registrado reducciones significativas en la contaminación del aire en las principales áreas metropolitanas del país. Según un estudio de IQAir en Nueva Delhi, una de las ciudades más contaminadas del planeta, se ha producido una reducción de la polución de hasta el 60%.

Esto coincide con la mayor reducción de emisiones de dióxido de carbono (CO2) hasta la fecha, vinculada al descenso de la actividad industrial. Solamente en China bajaron hasta un 25%. Desgraciadamente, los científicos señalan que este descenso no será apreciable debido a que el CO2 permanece en la atmósfera durante siglos. Sin hablar del “efecto rebote”, por el que la contaminación atmosférica podría llegar a niveles más altos que antes de la pandemia en cuanto los países retomen su actividad y la industria y el transporte vuelvan a funcionar a máximo rendimiento. Por eso debemos seguir insistiendo en la necesidad de implantar en las ciudades zonas de bajas emisiones y potenciar sistemas de movilidad no contaminantes, como el uso de la bicicleta.

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