La crisis de 2008 marcó la forma de concebir y ejercer la arquitectura de toda una generación. Aquel escenario de incertidumbre supuso la búsqueda más atenta a la experimentación, la optimización de recursos, y la relación con los territorios y comunidades donde se desarrollan los proyectos. Supuso una forma de redefinir la arquitectura, en donde la maqueta se convirtió en el dispositivo central, en una resistencia directa a la manera tradicional de concebir la profesión.

La muestra concebida como un conjunto de islas
Esa realidad es el punto de partida de Arquitectura sin centro. Archipiélagos, una exposición que se expone entre el 9 de abril y el 30 de agosto de 2026 en el Museo Centro de Arte Contemporáneo de Málaga (MUCAC), que reúne 36 maquetas realizadas por 48 estudios de arquitectura.
El concepto curatorial se articula a partir de la imagen del archipiélago. Para el comisario, el arquitecto y diseñador Álvaro Carrillo, esta metáfora permite comprender cómo se relacionan los proyectos participantes (y los que permiten crear a cualquier persona en su web): como piezas autónomas que mantienen su singularidad, pero que al mismo tiempo establecen conexiones a través de intereses y preocupaciones compartidas. “La exposición organiza sus contenidos como un conjunto de islas que, sin perder autonomía, se conectan a través de afinidades conceptuales, materiales, energéticas, políticas o éticas formando archipiélagos”, explica Carrillo.
Más que establecer una narrativa lineal o una jerarquía entre obras, la exposición plantea un recorrido donde los visitantes pueden descubrir relaciones inesperadas entre proyectos desarrollados en contextos muy diferentes. El resultado es un mapa de prácticas arquitectónicas que refleja las inquietudes de una generación formada en un escenario económico y profesional marcado por la escasez, pero también por la necesidad de reinventar la disciplina.

La maqueta frente a la soberanía del algoritmo
Lejos de entender la maqueta como una simple herramienta de representación, la muestra la sitúa en el centro del discurso arquitectónico contemporáneo, reivindicándola como un instrumento crítico capaz de cuestionar los modelos dominantes de producción y consumo de arquitectura.
“Frente a la soberanía del algoritmo, la maqueta necesita tiempo de producción y tiempo para ser experimentada físicamente”, asegura categórico Carrillo. “Así, ejerce una resistencia directa a la manera en que se produce y consume parte de la arquitectura actual”, añade.
La maqueta aparece aquí como un objeto que exige atención y experiencia directa. Frente a la inmediatez de la pantalla, obliga a detenerse, observar y comprender las relaciones espaciales desde una dimensión física.

Kiosquito, una arquitectura de proximidad
Entre las propuestas presentes en la exposición destaca Kiosquito, proyecto desarrollado por el arquitecto Fran Toré, fundador del estudio METTOD, ganador del Primer Premio de proyectos de 2024 y 2025 para Arquitecturas Mínimas de los Premios COAM 2026. La intervención recupera la figura del kiosco urbano para convertirla en un elemento activo dentro de la vida contemporánea de la ciudad.
“En el caso de Kiosquito, al igual que en muchos proyectos de mis compañeros en la muestra, hay una búsqueda clara de una arquitectura de proximidad: representativa, accesible y, sobre todo, honesta. Nos interesa la arquitectura como un dispositivo capaz de generar comunidad. Compartimos una mirada periférica, sin un ‘centro’ único, donde el valor no está en el tamaño del proyecto, sino en la capacidad de tejer redes y conectar con el día a día de las personas”, comenta Toré.

La propuesta nace de la observación de un elemento urbano cada vez menos presente en las ciudades contemporáneas. “El quiosco siempre ha sido, históricamente, el primer punto de contacto en la calle, un lugar donde la frontera entre lo público y lo privado se difumina por completo porque no hay que entrar a ningún sitio; estás en la acera, hablando con el quiosquero”, afirma. “Nos interesaba ver qué pasaba si hackeábamos esa tipología comercial para convertirla en un dinamizador cultural y social. Al recuperar este micro-espacio, demostramos que no hacen falta grandes infraestructuras culturales para activar un barrio; basta con un elemento mínimo, abierto a la calle, que invite al intercambio espontáneo y devuelva al ciudadano el protagonismo en el espacio público”, agrega.
Casa Relámpago: habitar el espacio desde la imaginación
Otro de los proyectos destacados es La Casa Relámpago, desarrollado por el estudio h30, un proyecto que nace de una gran inquietud por explorar la morfología y el color abordados desde la fantasía.
Según explica el arquitecto Joan Gener, el proyecto surgió de la combinación entre las características físicas del espacio y una historia transmitida por el cliente. “El espacio original era el antiguo pajar de la masía Can Cardona, un volumen pequeño, en desuso, con una cubierta a dos aguas y unos muros gruesos que parecían paralelos, pero que en realidad tenían una ligera deformación. Esa condición algo torcida, casi imperceptible, ya contenía una energía espacial que nos interesaba hacer visible”, señala.
“A esto se sumó la leyenda del relámpago: la historia de un rayo que había entrado por la chimenea de la casa. Nos pareció bonito tomar ese episodio no como una anécdota decorativa, sino como una fuerza capaz de organizar el proyecto. El relámpago se convirtió en una metáfora espacial: una geometría quebrada, zigzagueante, que atraviesa el antiguo pajar y lo transforma en una secuencia de estancias más intensa, irregular y fluida”, detalla.

Bodega en Bañares: materia, memoria y paisaje
Bodega en Bañares, del estudio Atelier Atlántico, destaca por su lectura del paisaje agrícola y por su capacidad para reinterpretar la tradición constructiva local desde una mirada contemporánea. “Conocer con profundidad los recursos locales y analizar lo que resulta evidente para escapar de representaciones dictadas por el consumo acelerado de imágenes permite recuperar, con plena intención, el sentido original de estas arquitecturas pertenecientes al imaginario colectivo. Además, el estudio intenso de estos elementos y cómo vincularlos a una construcción actual permite recuperar valores artesanales que descifren mecanismos de acción proyectual concretos. Mirar el mundo a través de estas arquitecturas y sus valores, te permite descifrar la magia infinita de las cosas comunes. Es ahí donde reside para nosotros el valor real de la arquitectura”, asegura Mario Galiana.

Prefabricación, madera y nuevas formas de construir
La exposición también reúne proyectos que exploran soluciones constructivas innovadoras basadas en la industrialización y la sostenibilidad. Entre ellos figura Prefab House Changeover, una vivienda formada por ocho módulos de entramado ligero de madera de aproximadamente tres metros de lado.
“Queríamos que fuera una casa de madera y que pareciera de madera. Estos paneles son ligeros, resistentes y tienen mantenimiento mínimo, algo importante en una vivienda prefabricada situada en un entorno húmedo y de uso intermitente. Nos pareció, sencillamente, la decisión más inteligente para el proyecto”, afirma la arquitecta Julia Tarnawski.
Para la arquitecta, muchas de las conexiones existentes entre los estudios participantes responden menos a una afinidad estética que a unas condiciones de trabajo compartidas. “Probablemente, los recursos materiales y humanos disponibles, o la importancia que han adquirido las imágenes, hacen que existan ciertas conexiones entre muchos estudios de nuestra generación. Más que una escuela en el sentido formal o estético, compartimos unas condiciones de trabajo comunes”, afirma.

El valor de los concursos públicos
La reflexión sobre la vivienda ocupa también un lugar destacado dentro de la muestra. Entre los proyectos seleccionados figura el conjunto de 73 viviendas sociales en El Prat de Llobregat, desarrollado por Bajet Giramé y Brullet de Luna, una propuesta que incorpora perspectivas inclusivas y de género en el diseño residencial.
Para el comisario, Álvaro Carrillo, el proyecto representa además un ejemplo significativo del valor de los concursos públicos como mecanismo para garantizar la calidad arquitectónica. “Esto hoy en día es algo casi único. Los concursos de arquitectura están desapareciendo. Por ejemplo, en Málaga el Ayuntamiento planea construir 5.180 viviendas públicas protegidas en suelo público, pero los mecanismos que han diseñado para llevarlas a cabo no cuentan con profesionales de la arquitectura. No hay concurso. Este proyecto demuestra que los concursos son sinónimo de buena arquitectura”, concluye.

