Mobiliario biosaludable: cómo deben ser los muebles que nos cuidan

Conocemos la teoría: estar al aire libre, especialmente en entornos naturales, es bueno para la salud. Sin embargo, no podemos ignorar lo que ocurre en realidad: pasamos entre el 80 y el 90 % de nuestro tiempo en interiores. Nuestra casa, la oficina, el gimnasio… ¿es posible hacer que esos espacios también nos cuiden y sea buenos para nuestra salud? Es una de las cuestiones que se plantean desde el biointeriorismo: cómo hacer que esos lugares en los que pasamos tanto tiempo sean no solo atractivos visualmente, sino que también fomenten nuestros bienestar y salud tanto física como mental. El mobiliario biosaludable forma parte de esos interiores.

Un espacio biosaludable está pensado para cuidar de las personas que los habitan. No se trata solo de cómo se ve, de una estética, sino de cómo se vive”, resume la experta en biointeriorismo Carolina Pidal. Para lograrlo, se tienen en cuenta aspectos “como los materiales, la calidad del aire, la luz o la propia funcionalidad, además de la accesibilidad”, explica.

 

Materiales para mobiliario biosaludable

Los muebles de un espacio biosaludable deberían cumplir también con esos principios. Poniendo como ejemplo un sofá, Pidal explica que hay que fijarse, en primer lugar, en los materiales. “Los tejidos deben ser respetuosos, biocompatibles”, asegura. Es decir: que no emitan compuestos orgánicos volátiles (COV), sustancias químicas que se convierten fácilmente en vapores o gases y que pueden “dañar la calidad de aire interior”. Esto incluye también a las espumas, aclara la experta.

Otro material importante es la madera. “El 100 % de lo biosaludable debería tener materiales total y absolutamente naturales en la medida de lo posible y sin tóxicos, además de reciclados o reciclables. La madera es un buen ejemplo: es un ciclo cerrado”, señala, haciendo referencia a la filosofía de cuna a cuna (Cradle to Cradle o C2C), concepto presentado por el químico William McDonough y el arquitecto Michael Braungart en 2002 y que tiene ya certificación propia. Un producto C2C -como deberían ser todos los muebles biosaludables– puede descomponerse y reutilizarse al completo para hacer algo nuevo, evitando así generar residuos cuando acaba su vida útil.

El respeto al ciclo circadiano

Otro de los elementos básicos del biointeriorismo es el respeto a los ciclos propios de los seres humanos, como el ciclo circadiano. Por eso la iluminación es tan importante. “Es primordial. Una iluminación que nos acompaña a lo largo del día con las distintas fases del día, al igual que el sol”, sostiene Carolina Pidal.

¿Cómo se puede conseguir esto? Raúl Romero, responsable de Comunicación de la empresa asturiana de iluminación Normagroup, detalla que en su división de I+D han creado la tecnología SaLuz, “unas luminarias que se adaptan al ciclo circadiano”. Tomando como referencia el horario y el ocaso de Madrid para cada día del año, relacionan cada momento del día con un espectro de luz. “Esta variación de espectros se efectúa de una forma continua e inapreciable a simple vista”, explica. 

Para acercarse también el máximo posible a la experiencia de la luz natural, sus luminarias también controlan el flickering, las pequeñas fluctuaciones en el brillo de la luz artificial que se manifiestan en forma de parpadeo y que en SaLuz están exentas de riesgo y están también en el Grupo de Riesgo 0 para el ojo y la piel según la normativa europea. La iluminación técnica de Normagroup se utilizó, por ejemplo, en Casa Tres Patios, una vivienda diseñada bajo estándares biosaludables. Para ello, además de esa iluminación, se contó también con sistemas de descanso que favorecían el confort físico y la recuperación.

La importancia de la personalización

Carolina Pidal empieza siempre sus proyectos, tanto para oficinas como para viviendas, entrevistando en profundidad a su cliente. “Necesito saber exactamente cómo trabajas en un espacio o cómo lo vives, en definitiva. A partir de ahí, estudio las respuestas y busco las soluciones más adecuadas, tanto para el espacio como para quienes van a habitarlo”, elabora. Si bien hay elementos universales, como esa utilización de materiales naturales y sostenibles, buscar una iluminación que respete los ciclos circadianos o garantizar una buena calidad de aire, todo debe ser muy personalizado. 

En lugares en los que va a haber muchas personas distintas, como puede ser una oficina, debe buscarse una ergonomía lo más adaptable posible. “Sillas adaptadas para pasar en ellas horas y que sean regulables, para que las mesas queden a la altura adecuada. También debería haber soportes para los pies para tener un descanso óptimo en las extremidades, ratones ergonómicos, etc.”, detalla.

Incluso un sofá puede personalizarse para adaptarse a los distintos miembros de la familia. “Se intenta llegar a un término medio. Si a una persona le gusta un poquito con más cuerpo y que más duro, más firme, se puede añadir un cojín extra en una zona; si a otro lo que le gusta es que lo arrope y lo abrace, podemos pensar en cojines tipo de pluma de pato, materiales que ahuequen un poco y que me den esa esa posibilidad”, ejemplifica.

 

Por dónde empezar con el interiorismo biosaludable

Que los espacios que habitamos tienen un impacto directo sobre la salud humana no es solo una hipótesis teórica: la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha alertado de los peligros de la contaminación del aire interior, a la que atribuye casi 3 millones de muertes anuales en todo el mundo. Aunque al empezar un proyecto de arquitectura o interiorismo desde cero es buena idea hacerlo desde los estándares biosaludables, no todo el mundo puede permitirse darle un giro completo a su casa u oficina para cumplir con todo. 

¿Qué hacer entonces? Carolina Pidal recomienda ir poco a poco. “Se trata de intentar tener unos hábitos saludables mínimos y luego ir cambiando pequeñas cosas”, indica. Así, por ejemplo, si se rompe una silla y se va a sustituir, mejor hacerlo por una que por calidad, durabilidad, ergonomía y materiales vaya a ser lo más biosaludable posible. Además, insiste en la importancia de la iluminación (“de las primeras cosas que cambiaría”), así como de tener una buena ventilación. “A veces, con poco conseguimos mucho”, reflexiona.

Aunque el mundo del biointeriorismo y del mobiliario biosaludable es relativamente nuevo, la demanda ha ido aumentando en los últimos años. “Hay más interés, más curiosidad”, asegura Pidal. Viene sobre todo de personas que han empezado cambiando su alimentación para hacerla más saludable y sostenible. Entre padres y madres, también ayudó el boom que hubo de los muebles Montessori

Para acabar, un consejo fácil sobre mobiliario: además de los materiales naturales, pensar en la ergonomía. “Que el mueble se adapte a la persona, no al contrario”, concluye la experta. Si al sentarte, por muy bonito y sostenible que sea, no es cómodo y provoca malas posturas y dolores, ahí no es. Mejor seguir buscando.