Las nuevas profesiones que necesita la edificación en madera

Los cuentos y las fábulas son un reflejo claro del momento y del lugar en el que fueron concebidos. El de los tres cerditos, por ejemplo, no podría haber salido de un país con tradición en la construcción en madera. La casa que no logra derribar el lobo feroz soplando es la de ladrillo, lo que remite a su origen británico (y no centroeuropeo) y a una época, la de la Revolución Industrial, en la que la producción de ladrillos se disparó. Sin embargo, en el siglo XXI, la industria mira hacia la madera como material de futuro para la edificación. Como resultado, las profesiones de la madera ya no se limitan a la artesanía o a hacer muebles.

Aunque en muchos países la madera ha sido siempre el material predilecto de la construcción (Alemania, Austria, países nórdicos o Estados Unidos), en otros ese giro hacia lo que producen los bosques es todavía reciente y está relacionado con los esfuerzos en sostenibilidad. Si en el siglo XX el cuidado del medio ambiente estaba muy centrado en la deforestación, con una cierta demonización de la madera, en el XXI la vista está puesta en la reducción de emisiones. Y los materiales derivados de la madera, como el CLT, se presentan como una alternativa perfecta al cemento.

“La madera es más frágil, sí, y se la puede llevar el viento de los cerditos. Pero tendrá que ser un viento de 400 km/h”, contextualiza José Luis Delgado, de Sílex Casas de Madera. Es decir, esas grandes borrascas y vendavales que se llevan por delante las cubiertas de algunos edificios no tiran las casas de madera. En los años que llevan en el negocio, al que se dedicaron inspirados por casas y cabañas como la del filósofo Martin Heidegger o el estudio de Virginia Woolf en su jardín, han visto cómo ha cambiado mucho el panorama y aumentado la demanda.

“Una razón elemental es la energética, esas casas no consumen prácticamente nada”, explica. Y luego está la ejecución: poder cerrar una casa en una semana para que no llueva dentro, por ejemplo. Notaron un primer aumento en la demanda tras la crisis del ladrillo y, más adelante, tras el confinamiento.

 

La necesidad de una nueva generación de profesionales

¿Quién hace las casas de madera? La imagen de un carpintero en su taller no se ajusta a la realidad actual de la industria. Para empezar, porque, “todo lo que tiene que ver con el mundo de la madera está absolutamente tecnificado”, señala José Antonio Pose, profesor de Madera en el Centro Integrado de Formación Profesional (CIFP) Politécnico de Santiago, donde se imparte, entre otros, el ciclo de Procesamiento y transformación de la madera. 

Ya casi no queda ningún espacio fabril o carpintería que trabaje con madera en bruto. “El 90 % de los oficios relacionados con la madera trabaja con maderas técnicas”, explica, poniendo como ejemplo el contrachapado o maderas estructurales como el CLT. El cambio va más allá de lo puramente material, porque afecta también a su manipulación. “Se trabaja con controles numéricos. Los chavales de un ciclo medio salen con un nivel de AutoCAD comparable a los de Arquitectura. Es un mundo aparte”, asegura. 

 

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El ciclo de Procesamiento es un ciclo medio de primera transformación, pero hay más aspectos del proceso de construcción con madera que necesitan a profesionales cualificados. José Luis Delgado, de Sílex, explica que en su caso suelen acabar formando a su propia plantilla, aunque cree que también hay una cuestión cultural implícita. “Igual que en España hace unos años era facilísimo encontrar a cualquier vecino que supiese manejar hormigón y ladrillo, hay países como Finlandia en los que en la segunda puerta a la que llamas ya te encuentras a alguien que te hace una casa de madera”, asegura. 

Si nos centramos en la profesionalización, sí nota que en los últimos años en España ya va habiendo cada vez más personas con formación especializada, pero sigue echando de menos mejoras a nivel de proyecto. “Los profesionales de la arquitectura todavía no saben de madera, se siguen preocupando por si se moja, como si fuera papel o como si no hubiera maderas modificadas o termorreguladas”, expone.

Ambos expertos ven que es muy necesario algún tipo de formación específica sobre estructuras de madera, aspecto para el que hay muchísima demanda tanto por parte de empresas como por parte del posible alumnado. “Hace falta desde quien pueda montar entramado ligero, que es un oficio en sí mismo, o CLT, hasta quien pueda hacer un número o revisar. Y también arquitectos formados. La última vez que vino al CIFP alguien de Arquitectura, por 2024, me dijo que todo lo que se veía de madera en la facultad era una optativa de cuatro meses”, relata Pose.

 

Buena formación para buenos edificios

En los países en los que siempre se ha construido en madera tienen parte del camino hecho. Si bien, como todos, tienen que adaptarse a las novedades técnicas, invertir en industrialización y formar también a personal para un oficio muy alejado de lo que era el trabajo tradicional con este material, no está entre sus retos convencer a la población de que lo de los tres cerditos era solo un cuento. En zonas de tradición de edificación con otros materiales, como los del sur de Europa, sí existe ese obstáculo extra.

 

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Ese desconocimiento por parte de la población convierte en mucho más urgente la necesidad de profesionales formados. “Se están montando edificios en CLT mal hechos”, apunta José Antonio Pose. “Y el resultado es que la gente a la que le gustaba la idea y quería cambiar se dice ‘¿cómo voy a hacer esto si se estropea, si entra agua?’ Pero es porque están mal construidos o mal diseñados, no es un problema del material en sí”. Sin embargo, al ver casas de madera con problemas como humedades, se perpetúa esa idea de que no es un buen material de construcción.

“La madera es un elemento durable, perfecto. Hay edificios de madera en Europa con varios cientos de años”, concluye. Pero a la revolución de la madera en construcción le hacen falta todos esos nuevos profesionales adaptados a una necesidad cada vez más acuciante.