¿Existe el diseño ético? La crisis climática obliga a repensar la forma en que profesionales del diseño y la arquitectura transformamos los espacios. Nos pone frente al espejo para replantear una ética del diseño que no sea un mero rótulo, sino un ejercicio de responsabilidad y delicadeza con el entorno. Planteamos ese ejercicio a tres voces del diseño.
Lucas Muñoz Muñoz: “tratar con delicadeza el entorno en el que vivimos”
Para el diseñador y artista Lucas Muñoz Muñoz, presente en la edición de 2026 de Madrid Design Festival, no existe un diseño ético en sí. Lo que existe, dice, es “la ética del diseñador frente a la información que maneja a la hora de diseñar”. La ética, por tanto, nace del conocimiento. “Si yo sé que a la hora de ejecutar un diseño eso tiene una huella hídrica, de carbono, social, química, material o extractiva, ahí está mi ética. Cuanto más informadas estén tus decisiones, más delicado puedes ser con los diseños”, explica.
Para Muñoz, la delicadeza es un modo de relación menos extractivista: “tratar con delicadeza el entorno en el que vivimos, tratar con delicadeza el aire que respiramos, tratar con delicadeza el planeta con el que colaboramos”.

Sus proyectos, entre ellos la sala de residuos del pabellón español en la Bienal de Venecia de 2025, el restaurante MO de Movimiento (premiado por su uso de materiales) y oficinas para Sancal en Madrid, combinan investigación local, experimentación material y criterios de sostenibilidad que, explica, deben estar informados desde el origen. Muñoz incide en que la ética está en manos del diseñador y de la empresa: “en manos del intercambio económico está la ética siempre”.
Izaskun Chinchilla: ciudadanía, cuidados y economía circular
La arquitecta Izaskun Chinchilla defiende en su libro La ciudad de los cuidados el derecho de la ciudadanía al aire libre, a la biodiversidad y a la mejora de los modelos de movilidad. Desde su punto de vista, la ética en la arquitectura pasa por la incorporación de la economía circular.
En 2015 ella y su equipo idearon en Manhattan, Nueva York un pabellón construido completamente con material reciclado (550 ruedas de bicicleta, 350 paraguas, 120 trípodes de fotografía y 60 ruedas de coche). En 2016, hicieron la primera sala VIP de Arco utilizando el 80% de material de demolición y en 2018, gestionaron para el Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid un stand de 1500 m2 que produjo 0 residuos porque el conjunto completo de los materiales utilizados provino del alquiler o fue objeto de una transferencia posterior gestionada por nuestro equipo. “Nuestros diseños piensan sistemáticamente en toda la vida útil, sea cual sea la duración de los proyectos que emprendamos”, detalla en su página.

Otra de sus líneas de trabajo tiene que ver con la participación ciudadana. Por ejemplo, en el Festival Internacional de Arquitectura y Diseño de Logroño, Concéntrico 08, ella y su equipo diseñaron cien sillas y tres salones urbanos que fomentaron la interacción social y el disfrute del espacio urbano. Para el municipio londinense de Candem implementaron el proyecto “Bike to School”, que consistía en una serie de talleres participativos en tres escuelas en los que pudieron descubrir las dificultades y oportunidades para hacer de la bicicleta un vehículo regular en los viajes diarios de los niños en la ciudad. Esta experiencia se describe en el libro La Ciudad de los Cuidados.

Ábaton: la experiencia en el centro de la arquitectura
Desde el estudio Ábaton, la arquitectura se concibe a partir de la experiencia vital de quienes la habitan. Esto determina decisiones de forma, material y tecnología. Desde el estudio aseguran que implementan sistemas de domótica en todas las casas que construyen. “Sabemos que es operativa y funcional cuando la domótica no se nota: se integra, funciona y simplifica el día a día”, explica Paula Cárdenas Giménez, responsable de comunicación del estudio. “Implementamos domótica únicamente para resolver un problema concreto de manera intuitiva, y siempre debe tener opción de control manual, en caso de que el sistema falle”, añade.
En su opinión, antes de integrar soluciones tecnológicas en un proyecto, todo arquitecto o interiorista debería plantearse las siguientes preguntas: ¿Qué necesidad humana resuelve? ¿Es coherente con la arquitectura? ¿Qué pasa si se estropea? ¿La casa sigue funcionando bien? ¿Qué coste tiene en el ciclo de vida? ¿Qué datos recoge y quién los controla? ¿Compromete nuestra privacidad? ¿Quién lo mantiene y cómo?

En términos psicológicos y de diseño de comportamiento, recuerda a la teoría de la Octalysis de Yu-Kai Chou, según la cual existen ocho impulsos que guían decisiones: algunos empoderan la creatividad; otros pueden provocar compulsión, ansiedad o sensación de escasez. Traducido al proyecto: diseñar para la autonomía y el bienestar, evitando mecanismos que exploten vulnerabilidades humanas.
El codiseño es un elemento fundamental de los proyectos de Ábaton. “Para nosotros el codiseño es profundamente ético cuando se basa en la empatía real, y es el método que utilizamos en todos nuestros proyectos: entendemos cómo vive (o quiere vivir) nuestro cliente, y lo traducimos en espacios con criterio, proyectando desde la experiencia, el conocimiento y una conversación honesta con quien va a habitar los espacios. Esto implica proponer soluciones e ideas que encajan con la vida real del cliente, mejorando su calidad de vida, y evitando soluciones meramente estéticas”, detalla Cárdenas.

El diseño ético, concluyen quienes trabajan en estas líneas, no es una etiqueta de márketing, sino una práctica cotidiana que combina datos, sensibilidad y responsabilidad. No se trata de castigar la forma, sino de proyectar con la delicadeza suficiente para que los objetos y los espacios sostengan y no agoten los ecosistemas y las vidas que atraviesan.

