“El diseño ganador incorpora patios y perforaciones del volumen que generan un espacio comunitario abierto, un bien muy preciado después del confinamiento«. Así anunciaba el jurado del prestigioso premio FAD de Arquitectura las virtudes del proyecto que se había llevado el galardón en la edición de este año: 79 viviendas con Protección en el Salón Central de Sant Boi de Llobregat.

Un edificio ideado por los arquitectos Juan Herreros Guerra y Jens Ricther, de Estudio Herreros, y Mariona Benedito Ribelles y Martí Sanz Ausàs, de Estudio de arquitectura MIM-A, y que deja algunas claves de hacia dónde pueden derivar este tipo de construcciones tras la Covid-19. Nos adentramos en él de la mano de los creadores y del jurado que lo ha distinguido.

 

Los espacios comunitarios y la búsqueda de la colectividad

Una de las consecuencias del confinamiento fue que las comunidades de vecinos comenzaron a conocerse mejor. Surgieron movimientos de ayuda entre particulares que aunque compartían una zona de viviendas no habían intercambiado una palabra en su vida. Ahora, se saludaban desde las ventanas y se sintieron más cerca que nunca. Fue, quizás, uno de los pocos aspectos positivos de una situación tan traumática. Y eso es lo que persigue reproducir este singular diseño en el día a día.

“Claramente los espacios comunitarios, los patios, los atrios, son lo mejor de este edificio para mí”, comenta Anna Ramos, la presidenta del jurado. “Es continuar una búsqueda que de hecho los primeros experimentos de vivienda colectiva ya hacían y siempre ha estado en la mente de todos: cómo la vivienda colectiva debe tener espacios comunes y no ser solamente viviendas unas apiladas unas encima de otras”, recalca.

La comunicación entre vecinos es una prioridad en esta creación | José Hevia – Metalocus

“Urbanísticamente –relata Martí Sanz– no nos permitían hacer balcones hacia fuera. Seguramente es un urbanismo inspirado en arquitecturas norte-europeas, que ahora se está demostrando que podría ser revisable. Y la apuesta del proyecto es por una banda hacer ventanas muy grandes hacia el exterior, ya que no podíamos hacer estos balcones, y después de todo esto complementarlos con espacios colectivos interiores como estos patios que confiamos que generen vida y colectividad”.

 

Patios ventilados y soleados

Pero si algo deja la covid-19 es la preocupación por la ventilación de todas las zonas en las que pueda haber una alta concentración de personas. La circulación del aire amortigua la transmisión del virus. Y la posibilidad de encontrar espacios bañados por la luz del sol sin salir de la vivienda se ha convertido en algo realmente preciado.

“Una buena arquitectura es capaz de siempre introducir un valor añadido, algo que el cliente igual no había pensado antes. En el caso de Sant Boi son esos espacios, esas terrazas que comparten los vecinos que, por su puesto, en el programa del concurso no figuraban”, destaca Jens Richter.

 

Un núcleo para ahorrar espacio

Las crisis son momentos en los que se agudiza el ingenio, donde se encuentran soluciones brillantes. Como la que les permitió a los arquitectos del edificio de Sant Boi ganar espacio para esos patios de luz interiores de grandes dimensiones.

“Para un edificio de este calibre, de 50 metros por 25, que es un mastodonte bastante brutal, necesitas dos escaleras cerradas que consumen mucha superficie. El hecho de compactar dos ascensores que tienen doble salida y dos escaleras superpuestas resulta en un núcleo de comunicaciones muy compacto”, comenta Mariona Benedito.

Para Juan Herreros esta solución aporta singularidad al proyecto: “Las escaleras en tijera son una trasposición de las escaleras de los grandes almacenes, de esas escaleras mecánicas dobles, y que introducen un factor de singularidad y diversidad”.

“La estrategia clave del proyecto es esa compactación del núcleo que permite hacer estos patios de luz, que no son patios de luz, son patios muy generosos de ventilación y luz a los que se abocan todos los balcones pasarela”, recalca su compañera.

 

Estructura sobria hacia el exterior

Las crisis suelen derivar en austeridad y probablemente sea una tendencia de diseño que se imponga a corto plazo. Edificios con poca ornamentación e integrados en el entorno. “Por fuera el edificio es bastante severo, escueto, repetitivo, rematado con un material industrial bastante avanzado y, sin embargo, por el interior, es como casi popular con ladrillos y racholas catalanas”, apunta Juan Herreros.

Pero esta sobriedad no significa que no destaque ni que se pierda calidad en la construcción. “Creo que tiene una calidad que no es muy común en arquitecturas de protección oficial donde se tira mucho a metro cuadrado y esto se vive cuando estás allí, que hay un cuidado y un cariño en la puesta en obra”, afirma Mariona Benedito.

Para Atxu Amann, vocal del jurado, es un edificio que tiene “una imagen espectacular” y que “impacta” para el que va paseando por la ciudad y lo ve. “Pues ese edificio es un edificio de vivienda pública”, concluye.

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