Pasar el verano en la ciudad se ha ido convirtiendo en una actividad cada vez más complicada, especialmente en Europa, el continente cuyas temperaturas han aumentado más en los últimos años. Además, la época de calor dura más: según un estudio de Climate Resilience for All, en algunas urbes europeas esa temporada calurosa llega hasta los cinco meses. ¿Cómo llevar mejor esas semanas y, a la vez, lograr reducir la temperatura? Una propuesta es el principio 3-30-300: que cada vivienda, lugar de trabajo y colegio permita ver desde la ventana al menos tres árboles, esté en un barrio con más de un 30% de cobertura vegetal y a un máximo de 300 metros de un parque decente.
“En este año 2026 de de olas de calor, nos hemos dado cuenta de que los árboles son esenciales para refrescar y para dar sombra”, explica el investigador holandés Cecil Konijnendijk, codirector del Instituto de Soluciones Basadas en la Naturaleza e ideólogo del principio, acuñado en febrero de 2021. Como recuerda el experto, hacer que las ciudades sean más verdes no es ningún capricho, sino algo cuyos beneficios han sido ya probados. Además de contribuir a una reducción de la temperatura y, por lo tanto, a evitar muchas muertes atribuibles al calor, los árboles “disminuyen la polución, ayudan a regular el agua, proporcionan hábitats a los pájaros y otros animales y hacen que nuestras calles y barrios sean más atractivos y saludables”. La salud física mejora, pero también la mental. “Normalmente, las personas que viven en vecindarios con más árboles y espacios verdes son más felices”, señala Konijnendijk.

Árboles para todas las calles
Una de las características del principio 3-30-300 es que busca garantizar que todas las personas que habitan una ciudad, independientemente del barrio en el que vivan, dispongan del mismo acceso a la naturaleza. Teniendo en cuenta que existen estudios que muestran que las áreas más verdes de las ciudades (esas con más árboles y cercanas a parques) suelen ser también las más caras, ir barrio a barrio, calle a calle, permite ir acabando con esa discriminación.
“Con el principio 3-30-300 podemos analizar cómo les va a los diferentes barrios. Combinando esto con, por ejemplo, datos de salud pública e información socioeconómica, podemos ver dónde se sitúan las zonas con mayor necesidad de árboles y espacios verdes. A menudo, serán áreas con poblaciones vulnerables en las que además hay poca cobertura vegetal y un acceso insuficiente a zonas verdes como parques o jardines”, elabora el experto. El siguiente paso es que las administraciones locales y planificadores urbanos prioricen esos vecindarios a la hora de diseñar e implementar sus estrategias de reverdecimiento urbano. “Trabajando con las comunidades locales, podrán mejorar sus condiciones y hacer sus barrios más verdes y saludables”, indica.
Tras dar a conocer el principio poco después de la crisis del covid-19, fueron “cientos de ciudades” las que se pusieron en contacto con el investigador para interesarse por el concepto, muchas de las cuales están trabajando de forma activa en su implementación. Un ejemplo es Malmö (Suecia), que ha incluido el modelo en su plan urbanístico. Otro es Arnhem (Países Bajos), cuyo Ayuntamiento explica en su web que “algunas soluciones son sencillas: los árboles jóvenes crecen de forma natural y proporcionarán más sombra en el futuro. Además, se han destinado fondos, como los del Fondo para Árboles y el Fondo de Adaptación Climática, para plantar más árboles y reverdecer los barrios”.
Por otra parte, desde la Comisión Europea también se interesaron por saber cómo están las ciudades de la eurozona. Para ello, en colaboración con la Universidad de Copenhague, analizaron 862 urbes de al menos 50.000 habitantes en los 27 países miembro de la Unión Europea, Islandia, Noruega, Suiza y Reino Unido. Los resultados, publicados en la revista Nature, muestran que aún queda mucho trabajo por hacer: solo el 13,5 % de la población urbana europea cumple por completo la regla 3-30-300. Y, como ya mostraban otras investigaciones, este estudio también comprobó la relación entre el acceso a vegetación urbana y las condiciones económicas.

¿Por qué no son más verdes las ciudades?
Hace ya décadas que se habla de ciudades biofílicas y que se sabe que los árboles ayudan a hacerlas más habitables. A esto se suma la urgencia con la que presionan el cambio climático y el aumento de la población urbana, que hace aún más necesario llenar estos hábitats de naturaleza. Sin embargo, siguen inaugurándose grandes plazas urbanas en las que no existe ni un metro de sombra. ¿Qué es lo que impide a los planificadores urbanos llenar las calles de arboledas?
“Hay muchas barreras, como la falta de conciencia sobre los múltiples beneficios de los árboles y de los espacios verdes, la falta de prioridad política que se les otorga, limitaciones de financiación y la poca atención que se le da al mantenimiento de los árboles existentes para que puedan crecer y vivir muchos años (aportando incluso más ventajas que los árboles pequeños)”, reflexiona Konijnendijk.
Otro de los problemas detectados por el experto es la falta de colaboración entre distintos sectores y profesiones. Hay que vincular los árboles y los espacios verdes a “la planificación urbanística general, a la salud pública, a la arquitectura, al desarrollo económico, etc.”, Señala. De hecho, fue por esto por lo que desarrolló el principio 3-30-300 en febrero de 2021, para proporcionar una herramienta útil para todas esas industrias, que sirviera como una especie de estándar común.

3-30-300, de la calle a la universidad
Cecil Konijnendijk es, además, profesor (ahora honorífico) en la Universidad de British Columbia (Canadá) de Urban Forestry, una disciplina relativamente reciente que se ocupa de la planificación, cuidado y mantenimiento de los árboles en las ciudades (una traducción podría ser silvicultura urbana, pero no hay un término asentado en castellano). El experto sostiene que se trata de un campo cada vez más necesario. “Con los retos en aumento a los que se enfrentan nuestras ciudades, por ejemplo, en términos de cambio climático, salud pública y pérdida de biodiversidad, se está poniendo más el foco en la importancia de los árboles y otra vegetación”, señala. La silvicultura urbana “se nutre de una amplia gama de disciplinas y campos, lo que permite un enfoque integrador y a largo plazo para la planificación y gestión de la infraestructura verde urbana. El campo ha crecido rápidamente durante los últimos años y espero que continúe”, expone.
Es el momento de mirar por la ventana: ¿cuántos árboles se ven? Si son menos de tres, quizá toque escribirles a las autoridades locales, adjuntar unos cuantos estudios y pedir una calle que no necesite toldos para dar sombra, porque ya tiene una frondosa bóveda formada por ramas y hojas. Vivir, en definitiva, en un bosque urbano.

