Centramos la mirada en el planeta, la lucha contra el cambio climático, la reconciliación con el entorno. Es el momento de los cambios que nos lleven a la sostenibilidad. Y ¿qué hay más sostenible que la propia naturaleza?

A finales del siglo XX la divulgadora científica Janine Benyus popularizaba el término biomimesis o biomimética, es decir, “imitación de la vida”. La disciplina consiste en emular a la naturaleza. Formas, materiales, estructuras, procesos y comportamientos que trasladamos a nuestra vida. Aquí os mostramos algunos ejemplos de diseño biomimético.

 

Tren con pico de ave

El tren bala de Japón producía un ruido tan ensordecedor cada vez que salía de un túnel que podía escucharse a 400 metros de distancia.

El ingeniero, Eiji Nakatsu, aficionado a la ornitología, encontró la solución observando a un Martín percador. El ave se zambullía a gran velocidad en el agua sin apenas salpicar. Nakatsu trasladó la forma de su pico al tren bala. No sólo consiguió reducir en un 90% el ruido, sino que logró que su modelo fuera un 10% más rápido y un 15% más eficiente.

 

Coches que hacen la fotosíntesis

El reto de la movilidad sostenible encuentra en el proceso de fotosíntesis de las plantas la inspiración. Atrapar CO2, transformarlo en energía y liberar oxígeno a la atmósfera.

En China se presentó un prototipo de coche que realiza la fotosíntesis: el Ye Zi. A través de su techo en forma de hoja capta la luz solar para descomponer las moléculas de agua en átomos de oxígeno e hidrógeno. El hidrógeno propulsaría la pila del vehículo que, a su vez, emitiría oxígeno a la atmósfera.

 

 

La Casa de las Algas

¿Y si además de imitar los procesos de la naturaleza los integramos en el propio edificio? El ejemplo lo encontramos en Hamburgo.

El edificio BIQ integra en su fachada algas microscópicas que controlan la luz que entra en la edificación. En invierno, las algas no se propagan y la fachada queda transparente. En verano se multiplican tamizando la luz que entra. Además, la luz que no es absorbida por las algas para la fotosíntesis se convierte en calor y puede usarse para agua caliente o almacenarse en el sistema geotérmico subterráneo del edificio.

 

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Un edificio inspirado en termitas africanas

La edificación supone el 40% de las emisiones a la atmósfera. Una edificación eficiente es, por lo tanto, clave para la lucha contra el cambio climático.

La solución pasiva la encontramos en las termitas africanas. La estructura de su termitero les permite mantener una temperatura y humedad constante en lugares de temperaturas extremas.

El arquitecto Mike Pearce ha trasladado la termorregulación de los grandes termiteros al complejo de oficinas Eastgate Centre de Harare, en Zimbabue . El edificio se mantiene fresco sin aire acondicionado y usa solo el 10% de la energía empleada por un edificio convencional.

 

Un bosque en medio del desierto

Un bosque en medio del desierto. Una instalación que acumula agua en medio del Sahara tunecino. Es el Sahara Forest Project del arquitecto Michael Pawlyn inspirado en el escarabajo namibio que crea su propia agua dulce en medio del desierto.

Este gigantesco invernadero replica la fisiología del insecto para crear todo un microsistema donde se genera agua potable como energía para poder realizar cultivos en climas áridos y revegetar el entorno.


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