Barrios cooperativos: otras formas de habitar los espacios colectivos

Los barrios cooperativos llevan décadas resistiendo a la presión del mercado inmobiliario y fomentando formas colectivas de convivencia. De Ginebra a Montevideo, pasando por Zúrich, las siguientes experiencias se perfilan como soluciones para acceder a una vivienda digna, alejándose de su visión como bien especulativo y apostando por un derecho gestionado colectivamente.

 

¿Qué son los barrios cooperativos?

Los barrios cooperativos “son desarrollos urbanísticos especiales donde, si no la totalidad, la gran parte de las viviendas son cooperativas de vivienda que no solo gestionan viviendas, sino también bajos comerciales o espacios comunes”, explica José Téllez, responsable de comunicación de la cooperativa catalana Sostre Cívic. “Se comparten muchos recursos y se pueden diseñar infraestructuras energéticas y de movilidad más cooperativas y no individualizadas por cada bloque de viviendas”, precisa.

Por ejemplo, si un edificio, por la forma en que está orientado, tiene más energía que otro edificio, puede compartir esa energía. Lo mismo sucede con espacios como teatros o huertos urbanos: no son de un edificio concreto, sino que se gestionan entre los socios del barrio. “Esta lógica permite pensar en las infraestructuras no edificio por edificio, sino mancomunadas entre varios edificios”, agrega Téllez. También abarca servicios como colegios, equipamientos culturales, deportivos o supermercados. “Todos funcionan bajo la misma lógica cooperativa”.

La escala de barrio cooperativo es clave para el futuro del sector de la vivienda cooperativa, según defiende Eva Ortigosa, directora del área de coordinación de proyectos de la organización. “Queremos caminar hacia un modelo donde haya más de un Sostre Cívic: cooperativas pequeñas, medianas y grandes, y proyectos que permitan que el modelo cooperativo de cesión de uso crezca y se consolide”, afirma.

El concepto de cesión de uso es fundamental. Significa que quienes habitan las viviendas no son propietarios individuales de sus pisos, sino socios de una cooperativa que mantiene la titularidad del edificio. Como explica Tellez: “las personas que viven son socias, pero tienen el derecho indefinido de vivir, y la propiedad siempre se mantiene en la cooperativa”.  Con ello, se evita el lucro individual y la especulación.

Institut Municipal de l’Habitatge i Rehabilitació de Barcelona

 

Les Vergers: un ecobarrio en Ginebra

Uno de los ejemplos más destacados en Europa es el ecobarrio de Les Vergers, en Ginebra, Suiza, que Sostre Cívic visitó el año pasado. Este desarrollo cuenta con 1.350 viviendas cooperativas, repartidas en 30 edificios, y con cerca de 3.000 residentes, gestionados por siete cooperativas diferentes. El 50% del suelo se reservó para vivienda cooperativa mediante derecho de superficie, es decir, se realizó sobre suelo público y su uso cuenta con un derecho limitado. El barrio cuenta con un rocódromo gestionado por la cooperativa Codha.

La gestión del barrio, que terminó de construirse en 2023, se basa en tres pilares: solidaridad social, responsabilidad ambiental y eficiencia económica. En 2012, se elaboró una carta de objetivos, entre ellos, se incluyen la eficiencia energética, la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero, la calidad de las construcciones, la gestión del agua y de los residuos, así como la movilidad sostenible y la convivencia vecinal.

 

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El resultado es un entorno urbano altamente eficiente desde el punto de vista energético. El barrio dispone de una red de calefacción renovable que abastece a todos los edificios y de más de 10.500 m² de paneles solares fotovoltaicos instalados en las cubiertas, lo que permite a los edificios producir parte de su propia energía.

En planta baja, alrededor de 10.000 m² se destinan a actividades comerciales y comunitarias, asignadas mediante procesos de solicitud. Además, la movilidad ha sido diseñada para reducir el uso del coche: el barrio cuenta con una densa red peatonal y ciclista, conexión con transporte público y solo tres vías accesibles para vehículos motorizados, que conducen a aparcamientos subterráneos con más de 1.200 plazas.

 

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Mehr als Wohnen: el laboratorio cooperativo de Zúrich

En Zúrich, el proyecto Mehr als Wohnen (“Más que una vivienda”) representa otra de las referencias internacionales del cooperativismo urbano. Ubicado en el área de Luchswiesen, en un antiguo espacio industrial reconvertido, el barrio acoge alrededor de 370 viviendas y 1.300 residentes.

El proyecto fue resultado de un concurso de arquitectura impulsado por el Ayuntamiento de Zúrich, en el que participaron tanto profesionales como futuros residentes. El proceso incluyó debates abiertos sobre el modelo de ciudad deseado, incorporando preguntas como “¿cómo queremos vivir en el futuro?” o “¿qué necesita un barrio urbano?”.

Visita de Sostre Cívic

 

Uno de los aspectos más innovadores fue la participación directa de los habitantes en el diseño del proyecto, junto con profesionales de la arquitectura, y el urbanismo. Además, se incorporaron modelos de “clusters de vivienda”, que combinan espacios privados reducidos con amplias zonas comunes compartidas, fomentando la vida comunitaria sin renunciar a la privacidad.

El proyecto también destaca por su enfoque en la diversidad social. Los criterios de acceso incluyeron variables como ingresos, edades o nacionalidades, con el objetivo de reflejar la composición real de la ciudad. Para ello, se desarrolló un sistema informático en colaboración con la Universidad Técnica de Zúrich (ETH) que permitió equilibrar la selección de residentes.

El modelo cooperativo tiene una larga tradición en Suiza. Surgió a finales del siglo XIX como respuesta a la escasez de vivienda en ciudades como Berna o Zúrich. Hoy, aproximadamente el 27% del parque de vivienda de Zúrich pertenece a cooperativas, lo que convierte a la ciudad en un referente europeo. Uno de los elementos clave de su éxito es la financiación a largo plazo. Las cooperativas acceden a créditos hipotecarios de hasta 80 o 100 años con tipos de interés bajos, lo que permite mantener alquileres estables y muy por debajo del mercado.

 

Uruguay: cooperativas como política de vivienda

Fuera de Europa, Uruguay es uno de los países donde el modelo cooperativo ha alcanzado mayor consolidación. Su desarrollo comenzó en los años sesenta y se institucionalizó con la Ley Nacional de Vivienda de 1968 y la creación de la Federación Uruguaya de Cooperativas de Vivienda por Ayuda Mutua (FUCVAM).

Actualmente existen más de 730 cooperativas que agrupan a más de 35.000 familias. Su particularidad es el sistema de ayuda mutua: los propios vecinos participan en la construcción de sus viviendas, además de su gestión posterior.

En Montevideo, el barrio Nuevo París reúne alrededor de 600 familias en viviendas construidas colectivamente desde los años noventa. El barrio cuenta con espacios comunitarios, equipamientos compartidos y una fuerte estructura organizativa vecinal.

Al igual que en los modelos suizos, las viviendas no son propiedad individual. Sus habitantes adquieren un derecho de uso permanente mientras formen parte de la cooperativa. Si abandonan el proyecto, la vivienda vuelve a la organización para ser reasignada, evitando la especulación y garantizando la continuidad del modelo comunitario.

Los barrios cooperativos de Ginebra, Zúrich o Montevideo muestran que es posible pensar la vivienda desde lógicas distintas a las del mercado tradicional. Su éxito radica en su capacidad para ofrecer precios más asequibles y, especialmente, en su potencial para redefinir la relación entre ciudad, comunidad y recursos. Frente a la fragmentación urbana y la individualización del espacio doméstico, estos modelos apuestan por infraestructuras compartidas, gestión colectiva y planificación a largo plazo. Aunque con contextos y escalas muy diferentes, todos ellos comparten una idea común: la vivienda como bien común en lugar de producto.