“El mundo se convertirá en un espacio de trabajo híbrido, y esta será una realidad que tenemos que afrontar”. Así lo sentenciaba Eric Yuan, CEO de la app de videoconferencias Zoom… meses después de haber dicho públicamente: “son demasiadas reuniones de Zoom al día, las odio”. Y es que las videollamadas y la masificación del teletrabajo traen consigo un panorama diferente al que conocíamos, que conlleva ventajas y desventajas.

Un año después del boom de la era de las videollamadas, reflexionamos sobre cómo han cambiado los espacios de trabajo y cómo pueden adaptarse los entornos digitales para preservar las cualidades de la experiencia física.

 

Oler el café de píxeles

Desde comienzo de 2020 los desarrolladores tecnológicos están aplicando herramientas que posibiliten que el modo digital combine algo de las cualidades presenciales. En este sentido, Yuan se muestra optimista sobre las aportaciones de la inteligencia artificial o la realidad virtual a las reuniones digitales, y se lanza a aventurar que podremos oler los cafés virtuales o sentir un apretón de manos.

Precisamente, la generación de comunidad y de pertenencia al grupo es algo que se está perdiendo en los espacios de trabajo. Consciente de ello, Teams lanzó el Modo Juntos, mediante el cual las personas que forman parte de una reunión pueden visualizarse en una grada, proporcionando así mayor sensación de compartir un mismo espacio.

Las nuevas oficinas son virtuales

¿Echas de menos la oficina? Ya son varias las empresas que han generado simulaciones virtuales de espacios de trabajo. Un ejemplo de ello es el entorno creado por WeTransfer, donde “se ayuda a proporcionar un punto de encuentro, y con él la experiencia de intercambio social que perdimos con la necesidad de establecer distancia social”, según detalló en The Wall Street Journal Gordon Willoughby, CEO de la compañía.

En la misma línea, Breakroom surgió como una plataforma donde promover eventos, conferencias o lugares de intercambio informal con el equipo. El avatar que creamos se introduce en un mundo inmersivo en el que podemos interactuar con el resto de participantes.

Somos animales sociales, no hay duda. Muchas personas aprovecharon los confinamientos para estudiar o reciclarse en su profesión, y dado que las bibliotecas estaban cerradas, para quien le gustaba hincar el codo en grupo, la app StudyStream alivió esa necesidad mediante las salas de estudio en directo: te registras, entras en una sala y visualizas al resto de integrantes en estado de concentración absoluta.

 

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La fatiga digital acentuada

Aunque tengamos iniciativas que procuran aunar lo mejor del teletrabajo con la experiencia presencial, en ocasiones algunas personas acaban sufriendo fatiga digital. ¿Cómo es posible que nos fatiguemos en reuniones desde casa si estamos evitando el trasiego de movernos de una punta de la ciudad a otra o incluso de viajes a otros países? El experto Jeremy Bailsenson de Stanfor University sintetiza la respuesta en cuatro factores:

  • Por la visualización de tantas caras al mismo tiempo.
  • Debido al excesivo reflejo de nuestra propia imagen.
  • La obligatoriedad de permanecer estáticos frente a la pantalla en comparación con otras herramientas de comunicación como el teléfono, que nos permite movernos mientras hablamos.
  • La casi ausencia de comunicación no verbal.

 

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¿Qué aspectos negativos provoca esta fatiga digital? Por una parte, la invisibilización de ciertos perfiles. Según este estudio de Joblist, un tercio de los empleados se sienten excluidos en las reuniones virtuales.

Para impulsar esta necesaria inclusión, empresas como Facebook facilitan la creación de avatares lo más realistas posibles y así mantener las bondades de la presencia tangible. Otro ejemplo se encuentra en iniciativas como esta de Google que ayuda a que las herramientas de videoconferencia detecten el lenguaje de signos en una reunión, permitiendo así la visibilización de personas con diversidad funcional en entornos de trabajo deslocalizados.

La digitalización obligada nos trae otra consecuencia, y es la desaparición de rituales y de espacios comunes. En palabras del filósofo surcoreano Byung-Chul Han, “estamos conectados digitalmente, seguimos comunicándonos, pero sin ninguna experiencia comunitaria que nos haga felices”.

Conociendo iniciativas y reflexiones sobre la zoomificación de los entornos laborales, está en nuestras manos aunar esta experiencia sobrevenida de espacios híbridos entre lo físico y lo digital y extraer lo mejor de los dos mundos.

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