No se entra a una sauna para hacer algo, sino para dejar de hacerlo: para sudar, para respirar despacio, para existir sin más. Aunque detrás de esa aparente sencillez se esconde una tradición milenaria. Una que hoy, lejos de haber quedado relegada al folclore nórdico, atraviesa un momento de renovación extraordinaria.
Según explica la periodista Emma O’Kelly en su libro Sauna: El poder del calor profundo, cada cultura ha disfrutado su propia forma de baños para sudar. Desde el hamán otomano (o baño turco) hasta el temazcal maya, desde el banya en Rusia hasta las saunas de Finlandia. Así, la sauna, en todas sus variantes, no es producto del lujo ni una moda: es fruto de la necesidad humana y ha tomado distintas formas según el clima, los materiales disponibles y los valores de cada pueblo.

O’Kelly no solo destaca sus beneficios para la salud física y mental, sino que señala cómo las saunas son parte de la vida social, espiritual y cotidiana. En Finlandia, donde hay 3,3 millones de saunas para 5,5 millones de habitantes, la sauna es casi una religión. Un lugar para la limpieza del cuerpo y del espíritu, para las negociaciones, para el silencio compartido entre amigos o la creación de vínculos sociales.
Un origen prehistórico, una vigencia contemporánea
Las primeras evidencias de la sauna apuntan a fosas excavadas en el suelo durante la Edad de Piedra, hace más de 10.000 años, en las que se calentaban piedras en una hoguera y se les vertía agua para generar vapor. La transición a la madera llegó cerca del siglo XII, cuando en Finlandia comenzaron a aparecer las primeras estructuras de troncos independientes: la savusauna o sauna de humo. Era un edificio sencillo, de una sola estancia, con una estufa de piedra sin chimenea.
Aquella cabaña de humo no era solo un lugar para lavarse. Era frecuentemente el primer edificio que se construía al establecer un nuevo asentamiento, y cumplía funciones que hoy distribuimos entre el hospital, la iglesia y el salón de estar. En ella se daba a luz y se velaba a los muertos. Se curaba a los enfermos. Se tomaban decisiones importantes. Era, en todos los sentidos, el centro de la vida comunitaria.

La materialidad de la sauna y su experiencia sensorial
Durante siglos, la madera ha sido más que un simple material constructivo. Ha sido el alma misma de la sauna, un elemento que moldea la experiencia física y emocional del calor profundo. Las primeras saunas de humo aparecieron alrededor del año 1000 d. C. y consistían en simples estructuras de madera con una estufa de piedra.
La sauna de madera tiene una dimensión simbólica: representa la conexión con la naturaleza y una tradición ancestral en la que el edificio era casi una extensión del paisaje y de la vida comunitaria. Las maderas tradicionales del norte de Europa usadas en el interior de la sauna, principalmente el álamo temblón y el aliso, no se calientan en exceso ni liberan resina, lo que las hace suaves al tacto y seguras en contacto con la piel. El abeto y el pino, más resinosos, son habituales en la estructura exterior.
Todas ellas aportan calidez visual y una cualidad envolvente que hace de la sauna un espacio íntimo y natural. Además, la madera, al calentarse, libera fragancias sutiles y regula el calor de manera que nunca resulta agresiva al contacto. Hoy en día, alternativas como la madera Thermopine, madera de pino termotratado, representan una solución para espacios sometidos a altas temperaturas como las saunas. Se trata de una opción de madera enteramente natural, tras eliminarse todo producto químico o biológico en su tratamiento.
La arquitectura contemporánea ha encontrado en la sauna un programa fértil para explorar la relación entre cuerpo, materia y entorno. Estas tres obras lo demuestran.
Löyly
En finés, löyly es el vapor que surge cuando el agua toca las piedras calientes de la estufa. Es también el nombre de una conocida sauna público en Helsinki. Diseñado por el estudio Avanto Architects en 2016, se ha convertido en uno de los iconos contemporáneos de la cultura de la sauna finlandesa. Ubicado frente al mar Báltico, está formado por una estructura de madera de pino termotratado, cuyas láminas de madera, vistas desde fuera, crean un efecto de persiana opaca; y vistas desde dentro, permiten contemplar el paisaje marino sin interrupciones.
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Sauna Sazae
Ubicado en la isla japonesa de Naoshima, la Sauna Sazae, diseñada por Kengo Kuma & Associates, transforma la experiencia de la sauna en algo próximo a la escultura. Este pequeño pabellón se caracteriza por una envolvente plegada que evoca formas naturales como conchas marinas, piedras pulidas por el agua. La obra dialoga con el paisaje costero y con la tradición japonesa de integración entre arquitectura y naturaleza.
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Grotto Sauna
En Canadá, el Grotto Sauna, proyectado por el estudio Partisans en el lago Huron, está inspirado en las grutas erosionadas por el agua. Su interior se compone de un interior cálido revestido de curvas de madera que evocan una cueva, reforzando la idea de la sauna como refugio primigenio. Hecho con madera local de cedro por su resistencia, aroma y color, donde cada pieza de madera se trabajó de manera individual para su posterior ensamblaje.
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Si algo une a estos proyectos tan diversos es la comprensión de la sauna no como un simple recinto técnico, sino como una tipología arquitectónica donde materia, clima y ritual se entrelazan. En la arquitectura contemporánea del bienestar, las soluciones de madera maciza termotratada permiten reforzar esa estabilidad dimensional y durabilidad, ampliando las posibilidades proyectuales sin renunciar a la expresividad natural del material. Esto toma mayor relevancia en el contexto actual, en que la arquitectura busca con urgencia maneras de reconectar el cuerpo con el entorno natural, la sauna ofrece una lección que lleva miles de años perfeccionándose.

