El diseño emocional se puede aplicar al diseño de espacios, al diseño de productos, al diseño de experiencias… Estos son sólo algunos ejemplos de cómo llevarlo a la práctica.

Frog Design y Apple

Desde sus inicios en Apple fueron conscientes de que no se trataba de fabricar los mejores equipos, sino de diseñar la mejor experiencia. En este acercamiento de la tecnología al usuario tuvo un papel destacado el trabajo de Hartmut Esslinger y el estudio Frog Design en los años 80, que sentó las bases del diseño de producto que continúan en la actualidad, como el tono blanco o las esquinas redondeadas.

Juicy Salif by Philippe Starck

Este icono del diseño industrial creado por Philippe Starck en 1990 y producido por Alessi fue el elegido por Donald Norman para ilustrar la cubierta de su libro Diseño Emocional. Norman confesó en una charla TED que “es tan elegante y divertido que lo tengo en casa… aunque lo tengo decorando la entrada, no lo uso para hacer zumo”. El propio Stark señalaba que “no está pensado para exprimir limones, sino para iniciar conversaciones”.

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Nurture by Ilse Crawford

Las piezas de Nurture siguen la máxima de Don Norman según la cual “las cosas atractivas funcionan mejor”. Ilse Crawford ha creado para Skultuna una regadera y una serie de macetas que a través de su belleza nos animan a prestar atención a nuestras plantas. La combinación de latón y cerámica estimula nuestro tacto y está llamada envejecer armoniosamente.

Soho House by Ilse Crawford

La diseñadora inglesa convierte la sensibilidad y las necesidades del usuario en el centro de sus proyectos, creando espacios acogedores donde nos sentimos cómodos de inmediato. Esto es lo que percibimos en Soho House de Nueva York o el ETT HEM Hotel de Estocolmo.

Le rêve de la lavande

El sueño de la lavanda es una experiencia emocional y sensorial diseñada por la arquitecta Lilian Flores y Véronique Gladstone, perfumista, chef y creadora de experiencias singulares en Simply Fabulous.  Se trata de un evento en el que todo giraba en torno a la lavanda de Brihuega, con una visita a los campos de flores, teatro sensorial bajo las estrellas y celebración gastronómica. Para Lilian Flores “es un viaje para encontrarte contigo mismo, porque la emoción viene de conectar con partes de ti que estaban desconectadas”.

Omotenashi nipón para Lexus

 La clave del diseño emocional está en hacer vivir emociones a través de un relato. Por ejemplo, en lugar de enviar a los directivos españoles de Lexus a Japón, se puede crear una experiencia que traslade a Madrid la hospitalidad japonesa, el omotenashi. Diseñada por Lilian Flores en colaboración con el arquitecto Nain Homes, el viaje gastronómico se completaba con teatro kabuki, origami, un jardín japonés…

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