Diseñar el hogar alrededor del cultivo de comida

El interés por cultivar alimentos en casa ha ido creciendo en los últimos años, impulsado por una mayor conciencia sobre la salud, el origen de los alimentos y la sostenibilidad. Lo que comenzó como una tendencia ligada a huertos urbanos, sistemas domésticos de cultivo o soluciones puntuales para pequeños espacios, hoy se traslada al propio diseño de la vivienda.

Cada vez más proyectos residenciales se conciben desde el inicio para integrar el cultivo de comida como parte de la vida cotidiana, entendiendo el hogar no solo como un lugar que se habita, sino también como un espacio que cuida, conecta con la naturaleza y favorece el autoconsumo. Este enfoque enlaza con el movimiento Grow Your Own Food, del que ya te hablamos en Connections by Finsa. Lo que entonces se abordaba desde sistemas, soluciones y pequeños espacios, hoy evoluciona hacia una integración más profunda: viviendas concebidas desde el inicio para incorporar el cultivo como parte del diseño y de la experiencia de habitar.

Cuando el huerto estructura la vivienda

Algunas casas contemporáneas muestran cómo el cultivo puede convertirse en el eje alrededor del cual se organiza la arquitectura y el uso de los espacios:

  • Pojeon House (Corea del Sur). Diseñada para abrazar un huerto ya existente, esta vivienda se curva alrededor del campo de cultivo, que actúa como núcleo visual y funcional del hogar, protegido del entorno urbano.
  • Longhouse (Australia). Una residencia de inspiración agrícola que integra zonas de siembra interiores y exteriores conectadas directamente con la cocina, reforzando la relación entre producir alimentos y consumirlos en casa.
  • Farmworker’s House (Reino Unido). Una reinterpretación actual de la casa de campo de siempre, organizada en torno a un patio con huerto que articula la vida doméstica.

 

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Cultivar como forma de habitar en comunidad

El cultivo doméstico no siempre se plantea de manera individual. Algunos proyectos incorporan huertos compartidos como herramienta para fomentar la vida comunitaria y los vínculos sociales:

  • Hazelmead (Reino Unido). Un proyecto de cohousing donde los huertos en los jardines frontales forman parte del día a día de los vecinos, promoviendo el autoconsumo y la interacción social.
  • The Red Roof (Vietnam). Una vivienda cuya cubierta se transforma en un huerto productivo que mejora el confort térmico y abastece de alimentos a la comunidad local.

 

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Del diseño arquitectónico a los hábitos saludables

Integrar el cultivo de alimentos en la vivienda conecta directamente con nuevos hábitos domésticos. Los sistemas hidropónicos, los aeropónicos o los huertos verticales permiten, en la actualidad, cultivar frutas, verduras y hierbas incluso en espacios reducidos, facilitando el acceso a alimentos frescos y de kilómetro cero.

Más allá de la producción, la presencia de naturaleza viva en el hogar aporta calidez, mejora la calidad ambiental de los espacios y favorece rutinas más conscientes, vinculadas al cuidado personal y al bienestar.

El cultivo hidropónico facilita la producción de alimentos frescos en el hogar, incluso en espacios reducidos

 

Diseñar viviendas alrededor del cultivo de la comida supone repensar el hogar como un ecosistema activo. Un espacio que no solo protege y acoge, sino que también produce, reduce su impacto ambiental y refuerza una relación más directa con la alimentación y la naturaleza.