Los espacios donde comemos son escenarios donde se entrelazan cultura, identidad, ritual y experiencia. La mesa se convierte en un punto de encuentro creativo y el interiorismo en una herramienta capaz de amplificar emociones, relatos y vínculos con la comunidad.
En este contexto, chefs, diseñadores y perfiles creativos plantearon en la última edición de Interihotel nuevas formas de entender la gastronomía, desde la reinterpretación de la tradición hasta la experimentación más radical. Las ideas compartidas por distintas voces del panorama internacional dibujan un mapa común: el de una gastronomía que trasciende el plato para convertirse en lenguaje espacial y en acto cultural, donde el diseño es un ingrediente clave.

Tendencia 1 | La gastronomía como experiencia efímera y narrativa
La temporalidad se posiciona como un valor creativo en los espacios gastronómicos contemporáneos. Frente a la permanencia, surge una innovadora manera de crear restaurantes como relatos intensos y memorables, pensados para existir durante un tiempo limitado y dejar huella en quienes los viven. El interiorismo se convierte en una herramienta narrativa que construye atmósferas, provoca emociones y genera recuerdos.
Esta visión queda perfectamente representada en el trabajo de Luca Pronzato, sumiller y emprendedor parisino, fundador de WE ARE ONA, un estudio creativo y culinario con sede en París y presencia internacional. Nacido en 2019 tras su paso por la alta gastronomía -incluida su etapa en NOMA, Copenhague-, el proyecto surge con la ambición de descubrir nuevas formas de crear actividades gastronómicas desde una mirada transversal que integra estrategia, concepto, diseño y producción.
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WE ARE ONA concibe cada restaurante pop-up como una obra total. Espacios que se activan durante apenas unos días y que acogen a decenas de comensales en entornos ideados al detalle, en colaboración con chefs y creativos de disciplinas como el arte, la moda o la arquitectura. Para Pronzato, concebir un restaurante es pensar en cada elemento como parte de una historia: la atmósfera, la arquitectura, el servicio, la comida y el relato que conecta todo. Incluso lo efímero puede -y debe- convertirse en un souvenir emocional.
Un ejemplo de esta aproximación es el restaurante temporal creado en París durante Art Basel, concebido como un homenaje a los oficios invisibles de la cocina. Desde fuentes que evocaban zonas de lavado hasta escenografías que jugaban con la idea del plato sucio, el interiorismo se utilizó como lenguaje conceptual para reforzar el mensaje. Así, la gastronomía deja de ser solo consumo para convertirse en reflexión, performance y memoria compartida.
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Tendencia 2 | Volver a la mesa: ritual, juego y diseño
En un momento en el que la experiencia gastronómica tiende a la espectacularización, algunos proyectos reivindican el valor de lo esencial: la mesa como espacio de relación, juego y memoria colectiva. Lejos de verla como un simple soporte funcional, esta tendencia propone repensar los objetos, los gestos y los rituales que acompañan el acto de comer, convirtiéndolos en herramientas creativas capaces de conectar tradición y contemporaneidad.
Esta mirada define el trabajo de Tiberi Club, el estudio creativo fundado en Barcelona por Helena Fradera, Miquel Ruiz, Rocío Iglesias y Roger Vila. Con formaciones que van de la arquitectura al diseño, el periodismo o el teatro, el colectivo ha construido una práctica difícil de encasillar, situada entre la gastronomía, la dirección de arte y la creación de vivencias. Desde el estudio lo resumen como una forma de “celebrar el acto de comer” a través de una perspectiva sensorial, cultural y antropológica.
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En sus obras, la comida deja de ser únicamente alimento para convertirse en lenguaje, espacio y evento compartido. A través del juego, Tiberi Club altera elementos que damos por sentados -la mesa, el mantel, un babero, la iluminación o incluso la disposición del espacio- para observar cómo cambian las dinámicas sociales a su alrededor. Un ejemplo paradigmático es el proyecto Mantelbabero, nacido en una calçotada en el Delta del Ebro, donde un simple gesto de diseño transformó un ritual popular en una experiencia colectiva, lúdica y memorable.
El interiorismo ocupa aquí un papel central. No como un decorado, sino como un sistema que impulsa procesos: entradas y salidas, recorridos, relaciones entre cuerpos, luces y objetos. Desde cocinas integradas en galerías de arte hasta eventos sin mesas o instalaciones efímeras en el espacio público.
Tradición, juego y diseño son los tres pilares que articulan esta tendencia. Una forma de revisitar los espacios gastronómicos como lugares vivos, donde lo popular y lo contemporáneo dialogan, y donde el acto de comer recupera su dimensión más humana, colectiva y experimental.
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Tendencia 3 | Una identidad, múltiples espacios: coherencia en la mutación
En el ámbito gastronómico contemporáneo, la identidad de marca se consolida como un elemento estructural del diseño. Frente a la repetición de fórmulas, emerge una manera de entender los espacios donde una misma identidad es capaz de transformarse, expandirse y adaptarse a distintos usos sin perder coherencia. Restaurantes, cafeterías, wine bars o espacios híbridos comparten un mismo ADN, pero se expresan de forma distinta según el contexto y el momento.
Esta idea se materializa de forma ejemplar en la colaboración entre Neutrale y el estudio de arquitectura DIIR, liderado por Íñigo Palazón junto a David Meana, Ignacio Navarro y Ricardo Fernández. Una alianza iniciada en 2020 que, años después, ha dado lugar a siete espacios distintos bajo una misma narrativa, convirtiéndose en un laboratorio continuo de exploración dentro del sector hospitality.
El recorrido comienza con una primera tienda experimental que hibridaba moda y café, y continúa con conceptos como Casa Coffee Shop -referente del café de especialidad en Madrid-, Casa Day & Night, Casa Wine Bar o Casa Música, un Hi-Fi bar donde el sonido se instaura como parte esencial. Cada proyecto introduce un nuevo uso y una nueva atmósfera, pero todos comparten una identidad reconocible, construida desde el rigor arquitectónico, la sensibilidad material y una narrativa clara.
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Desde DIIR, el interiorismo se concibe como un sistema que va más allá de la estética. El diseño articula procesos, recorridos y relaciones, cuidando cada detalle constructivo y material, pero también dejando espacio a la apropiación por parte de las personas. Entornos sobrios, atemporales y aparentemente vacíos funcionan como contenedores flexibles que permiten que la gastronomía, el sonido, la luz o la actividad social terminen de activar el lugar.
Esta tendencia demuestra cómo la restauración y la hostelería se convierten en terrenos ideales para la innovación. Una misma marca puede dar lugar a múltiples experiencias si existe una identidad sólida y una voluntad constante de experimentar. El resultado son espacios que evolucionan con la ciudad, dialogan con su entorno urbano y construyen una relación duradera con quienes los habitan.
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Tendencia 4 | Diseñar como cocinar: el interiorismo como experiencia total
El interiorismo deja de ser un elemento accesorio para convertirse en un ingrediente esencial. Proyectar un restaurante implica pensar en una vivencia transversal, donde espacio, ambiente, materialidad, tecnología y relación con cada comensal se conjugan de forma coherente. Una aproximación que entiende el diseño como un proceso sensible, estratégico y profundamente conectado con quien lo habita.
Esta visión es compartida por Rosa Colet, Miquel Àngel Julià, Felip Neri Gordi y Pablo Soto, docentes del Máster en Diseño de Espacios y Entornos Gastronómicos, quienes defienden una manera de idear los espacios gastronómicos basada en la analogía entre diseñar y cocinar. Los ingredientes son siempre los mismos, pero es la proporción, la combinación y la intención lo que define el resultado final y convierte cada proyecto en algo singular.
Desde este enfoque, la estrategia, el concepto, la filosofía del restaurante y la materialidad se entienden como partes inseparables de un mismo sistema. El diseño se construye a partir de la escucha: comprender al cliente, al comensal y al contexto se vuelve imprescindible para crear entornos que funcionen más allá de lo estético.
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En un escenario donde se demandan espacios sostenibles, accesibles y emocionalmente estimulantes, el interiorismo y la tecnología se convierten en herramientas clave. La iluminación, el sonido, el arte, la decoración o la interacción con los cocineros se integran para crear ambientes coherentes, personalizados y memorables, capaces de acompañar la experiencia gastronómica en todos sus niveles.

