La diseñadora de interiores María Bermúdez fundó su propio estudio de arquitectura de interiores, Quefalamaria, con tan solo 25 años. Tras siete años de recorrido, el estudio es especialista en crear espacios que consigan traspasar la barrera de lo estético y emocional. Hacemos CONEXIÓN CON… para descubrir el universo creativo que hay detrás.

¿Cómo nace Quefalamaria?

De la necesidad de crear un proyecto que apostara por elaborar un carácter diferencial, con gran potencial creativo y llenos de detallismo. Apostando en ello por la calidad tanto en el proceso de diseño, que comprende las fases de reforma, amueblamiento y estilismo, como en el trato al cliente. Hacemos proyectos 360º con sello propio, con mimo y a fuego lento.

¿Cuál es la especialidad del estudio?

Hemos detectado que el principal motivo por el que la gente se interesa en nuestro estudio es que nos encarguemos del diseño desde el respeto que tenemos a esta profesión. Creemos firmemente en el poder que tiene la arquitectura de interiores para transmitir emociones y aportar felicidad a las personas que lo habitan.

 

¿Qué es lo primero en lo que te fijas cuando entras en un espacio para reformar?

En las primeras visitas a los proyectos vas con la mente totalmente abierta para ver qué es lo que el espacio puede ofrecer de singular. A veces son techos altos, otras un suelo a recuperar, pero siempre me fijo en la luz y en la orientación.

 

¿Cómo es el proceso de trabajo cuando llega un nuevo proyecto?

Empezamos con un briefing donde preguntamos a los clientes cómo es su día a día, sus planes de futuro, el nivel de importancia que tiene cada estancia para ellos, sus valores y sus intereses. A partir de ahí, elaboramos la distribución, la propuesta de materiales y el amueblamiento. Todo esto lo convertimos en imágenes 3D para que se pueda ver de forma hiper realista el resultado al que pretendemos llegar. Las siguientes fases son el presupuesto, la obra, amueblar y decorar.

¿Con qué parte del proceso disfrutas más?

Si tuviera que quedarme con una quizás sería el momento en el que vas a medir por primera vez un espacio para elaborar los planos y la primera vez que los clientes ven la propuesta de interiorismo en 3D.

 

¿Qué elementos son más relevantes en un proyecto de interiorismo?

Siempre tenemos muy en cuenta las posibilidades que ofrece el espacio para las necesidades que presenta el cliente. Una distribución óptima es de lo más importante aunque su acierto, a veces, pase más desapercibido que, por ejemplo, una buena elección de materiales, o un exquisito proyecto de iluminación.

 

¿Cuál es el trabajo más ambicioso que has llevado a cabo?

Soy de las que piensa que el proyecto más ambicioso siempre va a ser el próximo. En este caso, para 2021 tenemos encargos muy especiales: un hotel boutique en el centro de Vitoria-Gasteiz, las oficinas principales de un grupo de ópticas muy potente ubicado en Barcelona y el desarrollo de un complejo de enoturismo, en pleno corazón de mi tierra, el Alt Penedès, para unas bodegas de cava.

¿Crees que ha cambiado la percepción del diseño de interiores en los hogares a raíz del confinamiento?

El hecho de verse en casa tanto tiempo está llevando a muchas personas a reflexionar sobre cómo se sienten dentro de su hogar y si este es capaz de aportarle la serenidad, calma, felicidad o alegría a nuestro estado de ánimo. Los seres humanos tenemos un vínculo psicológico muy profundo con los espacios que habitamos. Siempre he defendido que tu casa es un reflejo de ti mismo y precisamente este confinamiento creo que lo que está consiguiendo es que mucha gente se haya dado cuenta de esto.

 

¿Cuáles ha sido los materiales estrella en este 2020 y cuáles lo serán en 2021?

Este año en las tendencias en interiorismo ha habido bastante incertidumbre. La cancelación de las ferias y la preocupación impidieron mostrar las novedades del sector. Esto hizo que, en general, el interiorismo haya vuelto a sus orígenes, a lo natural, slow, austero y sin pretensiones.

Por eso creo que, para este 2021, vamos a ver materiales naturales, eco-friendly y sostenibles como el bambú, la pintura a la cal y los tejidos orgánicos. Incluso diría que lo artesanal va a cobrar más protagonismo que nunca.

 

¿Y los colores?

Vamos a ir más bien a tonos tierra, empolvados, beige o nude. Es cierto que la cita con el Pantone del año marca mucho la tendencia cromática en el mundo de la moda y el interiorismo, inundando todas las editoriales y revistas, pero creo que el beige va a ser el nuevo “blanco roto” de los próximos años.

¿Cuáles son tus fuentes de inspiración?

La mayor fuente de inspiración la encuentro viajando y visitando ferias del sector. Además, encuentro mucha inspiración también en el cine, la cultura, y cómo no, en redes sociales.

Instagram, ahora mismo, es una ventana brutal dónde puedes ver desde un taller de cerámica que hace piezas únicas en Valencia a cómo se están diseñando las casas del futuro en Hong Kong.

 

¿Quiénes han sido tus referentes?

Para mí, sin duda, el referente que más me ha marcado es Francesc Rifé. Sus proyectos son el orden personificado, integra todos los detalles con una perfección muy rigurosa y consigue que el espacio sea el propio protagonista del proyecto. Aunque, si algo me fascina todavía más de él, es que logra crear arquitectura con un brutal uso de la madera y la luz. Él sólo necesita eso. Tuve la suerte de poder trabajar junto a él en distintos proyectos durante varios años y me siento muy afortunada por ello.

 

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