Vivimos conectados. O hiperconectados. Nuestros móviles se han convertido en un órgano más de nuestro cuerpo. Frente a esta saturación digital, la desconexión ha dejado de ser una moda pasajera para convertirse en una necesidad contemporánea. Frente a esta necesidad, ¿cómo podemos diseñar los espacios que favorezcan la desconexión desde la arquitectura y el interiorismo?
La sociedad del cansancio (digital)
Los adultos pasan más de tres horas al día enganchados a las pantallas de sus móviles; los jóvenes de entre 18 y 24 años, más de cuatro horas y media. Esta exposición constante ha mermado nuestra capacidad de concentración. Según un estudio realizado por la doctora Gloria Mark, de la Universidad de California en Irvine, la capacidad de atención promedio en cualquier pantalla cayó de dos minutos y medio en 2004 a un minuto con 15 segundos, en 2012, y a 47 segundos en años recientes.
Para el filósofo surcoreano Byung-Chul Han, autor de obras como La sociedad del cansancio y reconocido con galardones internacionales por su pensamiento filosófico del momento actual, el móvil se ha convertido en un instrumento de dominación más que de liberación. “Es el artículo de culto de la dominación digital”, aseguró en esta entrevista.
Pero no todas las experiencias digitales son iguales. Algunas ayudan a crear buenos hábitos, mientras que otras solo buscan que pasemos más tiempo pegados a las pantallas. Como guía de diseño ético, la teoría de la Octalisis del emprendedor taiwanés Yu-Kai Chou nos muestra qué ocho impulsos se encuentran detrás de las decisiones de diseño: unas nos empoderan y alimentan nuestra creatividad, mientras que otras despiertan la compulsión, la ansiedad, la escasez y la impaciencia.

Hábitos analógicos, más que una moda
Frente a esta saturación digital, cada vez son más los espacios que apuestan por lo analógico. Clubes de lectura, talleres de cerámica, viajes sin móviles, el regreso a móviles básicos… No es nostalgia, sino una búsqueda consciente de equilibrio en nuestras vidas. “Más que una tendencia, lo veo como una necesidad”, afirma Carmelo Rodríguez, cofundador del proyecto de diseño y arquitectura Enorme Studio. En la misma línea, Rocío Pino, también cofundadora del estudio, habla de una vida “más lenta, consciente y conectada, lejos del burnout tecnológico”. En su opinión, las actividades analógicas “fomentan la concentración, la paciencia y reducen la adicción al móvil, mejorando el bienestar”.

“Un jardín dentro de un jardín”
Esta mirada conecta diseño, arquitectura y un estilo de vida más lento. Baño de Bosque by Finsa nace precisamente de esta reflexión. Diseñada por Enorme Studio junto a Finsa y el paisajista Álex Fenollar, la instalación se presenta como un jardín efímero e inmersivo, un refugio sensorial que estará presente en Madrid Design Festival. Un lugar que invita explícitamente a desconectar del ruido digital. “Estamos tan bombardeados de información que necesitamos este tipo de espacios donde poder descansar del mensaje continuo de nuestras pantallas”, explica Rodríguez.
Concebido como un lugar para la lectura desacelerada y la contemplación, el proyecto ofrece una experiencia pausada. “Proponemos un jardín dentro de un jardín. Invitamos a que la gente se siente, recorra el espacio y, sobre todo, deje su móvil, para reconectar consigo mismo. Muchas veces un libro ayuda bastante”, añade.
El espacio, que cuenta con una selección de libros sobre diseño y naturaleza, está inspirado en un clásico de la literatura estadounidense: Walden, de Henry David Thoreau. El escritor pasó dos años, dos meses y dos días en una pequeña cabaña que construyó en el bosque. “Quería reconectar con la naturaleza, un problema que parece que nos persigue en los siglos”, afirma Rodríguez.

Luz, naturaleza y materialidad para desconectar
Para el arquitecto, todo espacio que busque ayudar a la desconexión digital tiene que tener un componente paisajístico, buenas condiciones lumínicas y una materialidad. La luz natural, las texturas y la calidez de los materiales son elementos imprescindibles para generar una atmósfera que invite a parar.
Los elementos naturales son también imprescindibles. En Baño de Bosque by Finsa, Enorme Studio ha optado por plantas autóctonas de Madrid, que posteriormente serán replantadas en jardines cercanos. La instalación acristalada funciona como un marco que encapsula el paisaje, un bosque contenido y silencioso, y convierte el acto de leer o simplemente estar en una experiencia contemplativa.
Entre las plantas seleccionadas aparecen tomillos. Su aroma forma parte de esta experiencia sensorial. “Estos pequeños toques sutiles hacen que tengamos una experiencia más sensitiva”, describe Rodríguez. También se han incorporado un par de casitas de pájaro. “Si se metiera algún pájaro o algún insecto se amplificaría la vida de la instalación. Hasta las palomas son bienvenidas”, señala.
“Descanso colectivo”
La reflexión sobre la desconexión no es nueva en el trabajo de Enorme Studio. En 2022, diseñó La Teoría de las Cerezas, el pabellón español en la Feria del Libro de Fráncfort, que incorporaba un sofá de 130 metros lineales. “Fue un exitazo, siempre estaba lleno de gente gracias a esa llamada a la lectura colectiva”.
Mientras que aquel proyecto apostaba por un espacio de desconexión colectiva, Baño de Bosque by Finsa propone una pausa más íntima, en un espacio reducido, pensado para un máximo de tres personas. Aunque son dos escalas distintas, tienen la misma intención.
En opinión de Rodríguez, no se trata de renunciar a la tecnología, sino de compaginarla. “El objetivo no es abandonar lo digital, sino redefinir su lugar”, coincide Pina. “La pantalla deja un vacío de identidad”, reflexiona Rodríguez, “mientras que el arte contribuye activamente a construirla”.

En un momento en que la atención se ha convertido en un bien escaso, resulta urgente pensar en un uso ético de la tecnología y en espacios que la equilibren. Espacios como Baño de Bosque by Finsa demuestran que la arquitectura y el diseño pueden ser refugio, pausa y una invitación a reconectar con nosotros mismos y con la naturaleza.

