El confinamiento actual (y las posibles reproducciones de este método preventivo durante los próximos años) ha asentado el cocooning, una tendencia que radica en la disposición del hogar como centro de la vida para todas las actividades, desde el ocio a las tareas laborales. Una suerte de reclusión… pero contando con la disponibilidad de multiplicidad de elementos del exterior gracias a la transformación digital.

Hasta el momento, el cocooning estaba asociado a la generación millenial bajo el lema quedarse en casa es el nuevo salir: consumir cine y series en streaming, solicitar comida y servicios a domicilio… Pero, independientemente de tu edad, seguro que todo esto te está resultando terriblemente familiar en este mismo instante. De hecho, este obligado cocooning está afectando no tan solo a la manera de concebir el hogar, sino a cómo habitamos otros espacios privados como los entornos de trabajo.

 

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Cocooning: la casa como hub

Fueses practicante o no de la tendencia cocooning, el uso intensivo de nuestras casas -dispuesto además como algo forzoso- dota de un cariz diferencial a las habitaciones, especialmente si compartes piso con más personas: la necesidad de contar en algún momento con un espacio, por pequeño que sea, para estar en cierta soledad, requiere disponer de elementos en el hogar que faciliten su existencia.

En este sentido, la arquitecta Izaskun Chinchilla recomienda reportar mayor dinamismo a la casa gracias a los muebles flexibles: “frente al concepto de mueble único -aparador para vajilla expuesta- veo más interesante contar con un tabique móvil, por ejemplo, que te permita almacenaje y también separar dos espacios. Así podremos contar con una oficina en casa que sea plegable, que se extienda… algo resoluble, que nos produzca también cierto aislamiento visual y acústico”, detalla.

 

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(Necesario) cocooning en espacios de trabajo

Otro de los entornos donde pasamos más tiempo, además de nuestro hogar, son las oficinas, coworkings… Estos espacios también se han visto en una necesidad de repensarse tras la pandemia de la covid-19, sobre todo considerando escenarios de desescalada gradual de confinamiento.

Los modelos actuales navegan entre dos opciones que hacen hincapié en los patrones de trabajo, el espacio y las influencias que tienen entre sí. De esta manera, hay dos grandes concepciones alrededor de la oficina: la configuración en pecera, con despachos subdivididos donde cada persona tiene un aislamiento, y la concepción de planta libre, con mesas, sillas y elementos blandos flexibles. En términos de cocooning, aislamiento y productividad, la disposición de pecera tiene mayores ventajas, mientras que la planta abierta potencia el teambuilding. Uno no fomenta conectividad y el otro empeora la productividad y concentración, e incluso puede presentar sesgos de género, según Chinchilla.

Rompiendo estos dos modelos se sitúa Bürolandschaft, una idea surgida en Alemania en los años 50 que consiste en generar un paisaje interior en la oficina. Esto es, generar una planta abierta con separaciones flexibles entre ámbitos mediante vegetación, biombos, cortinas, alfombras… El estudio de Izaskun Chinchilla ha reinterpretado este concepto en la actualidad, destacando que los modelos de colaboración -físicos y virtuales- han generado “una nueva necesidad que combine una estructura abierta y, a la vez, ámbitos de trabajo de intimidad y protección que permitan construir una identidad propia a la persona”.

Como ejemplo de espacio donde se haya trabajado cocooning Chinchilla habla del coworking UTOPIC_US, y puntualiza que su aplicación “no tiene que ser leída como algo individual, pues a veces el cocooning está pensado para un equipo”. Estos entornos se han hecho posibles gracias al hackeo de muebles de IKEA, permitiendo elaborar una serie de doseles y elementos textiles y de madera que tapan la espalda, generan intimidad y unas condiciones acústicas y de protección.

 

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Chinchilla concluye unas reflexiones finales para que el aislamiento sea más provechoso dentro y fuera de casa: “En la época actual el cocooning debe incluir criterios biofílicos, de bienestar y de economía circular: por ejemplo, por medio del hackeo de elementos reciclados a los que podemos darles otro uso”. Y es que estamos en un momento provechoso para reflexionar sobre los espacios comunes y cómo armonizarlos con la distancia social sin tener que renunciar con ello a la sostenibilidad y ese preciado bienestar.

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