Mientras el acceso a la vivienda se vuelve cada vez más frágil, proyectos como Terra de Mar obligan a mirar más allá del mercado. Promovido por Sostre Cívic y proyectado por UMMA, este edificio cooperativo en Palamós (Cataluña) plantea otra forma de entender la propiedad, la sostenibilidad y la convivencia, tras haberse convertido en la primera vivienda cooperativa en España que obtiene el certificado VERDE expedido por GBCe.
Hay edificios que se leen desde la forma y otros que se entienden mejor desde la estructura que los hace posibles. Terra de Mar pertenece a esta segunda categoría. En un momento en que la crisis de la vivienda ya no puede explicarse solo en términos de oferta y demanda, el proyecto introduce una pregunta más de fondo: qué ocurre cuando la vivienda deja de pensarse como mercancía y vuelve a organizarse como bien de uso.

Terra de Mar nace sobre suelo público cedido por el Ayuntamiento en derecho de superficie durante 75 años. La promoción corre a cargo de Sostre Cívic, referente en vivienda cooperativa en cesión de uso (un modelo común en Dinamarca o Suiza), y se articula a partir de la separación de la titularidad del uso. De esta forma, la cooperativa mantiene la propiedad colectiva y las personas socias acceden a un derecho de uso estable, a precio de coste y con gestión democrática.
Arquitectura para sostener una comunidad
UMMA traduce esa ambición en una organización espacial de 34 alojamientos que evita varios lugares comunes de la vivienda colectiva convencional. El edificio aprovecha la geometría de la parcela para compactar la edificabilidad en las plantas tipo y liberar dos zonas decisivas: la planta baja y la cubierta, donde se ubican instalaciones, aparcamiento y algunos de los espacios comunitarios más relevantes, como la sala polivalente y la lavandería.
La operación más interesante, sin embargo, está en el desdoblamiento del volumen. El edificio se abre en dos cuerpos hacia la riera y genera entre ellos un espacio interior exteriorizado que funciona casi como una fachada compartida. Esto permite ventilación natural y cruzada en todas las viviendas, introduce luz en las circulaciones y convierte pasarelas, escalera y llegada de ascensores en zonas de relación.

Sostenibilidad sin retórica
En Terra de Mar, la sostenibilidad se formula como un criterio de partida. Tanto la cooperativa como el estudio coinciden en entenderla como un principio que atraviesa el proyecto completo: desde la reducción del impacto incorporado hasta la eficiencia en uso, pasando por la elección de materiales y la organización constructiva.
La apuesta combina una envolvente eficiente, ventilación pasiva, protecciones solares, aerotermia centralizada y producción fotovoltaica, lo que le otorga la distinción de edificio con emisiones casi cero, nZEB. Pero quizá lo más relevante es que esa estrategia no se separa de la asequibilidad. Aquí, el objetivo ambiental no compite con el económico; lo refuerza. Industrializar procesos, controlar mejor la ejecución y reducir incertidumbres de obra no solo disminuye impacto; también contribuye a estabilizar costes y a hacer viable un modelo residencial fuera de la especulación.

Industrialización para mejorar procesos y calidad
En ese equilibrio entre precisión técnica, impacto reducido y control económico, el entramado ligero de madera de SuperPan® Vapourstop adquiere un papel central. Aunque la estructura principal del edificio se resuelve con hormigón por razones económicas y técnicas, las fachadas se ejecutan con paneles de entramado ligero de madera, con triple capa de aislamiento de fibra de madera, industrializados previamente y montados en seco en obra.
La aportación del sistema no es solo material. Permite acelerar el montaje, mejorar la precisión, garantizar mayor control de calidad en fábrica y reducir parte de la huella incorporada del edificio. También responde bien a una de las condiciones fundamentales del proyecto: demostrar que una vivienda social gestionada colectivamente puede alcanzar altos estándares de eficiencia y durabilidad sin disparar el coste de acceso.

Una estética de la austeridad cuidada
Terra de Mar no busca espectacularidad. Su lenguaje se apoya en una austeridad precisa, donde la belleza nace de la claridad constructiva, la escala doméstica y la coherencia entre uso y forma. La fachada combina colores claros, carpinterías de madera de altas prestaciones y protecciones solares mediante porticones plegables y correderos de listones de pino termotratado.
Más que construir una imagen icónica, el proyecto quiere transmitir otra cosa: dignidad, permanencia y legibilidad. Hay una voluntad evidente de hacer visible que esta arquitectura responde a una economía de medios sin renunciar a la calidez ni a la calidad espacial. En un contexto en que gran parte de la vivienda asequible queda atrapada entre la precariedad material y la banalidad formal, Terra de Mar reivindica una tercera vía: una arquitectura sobria, contemporánea y pensada para durar.


