Hacer un retiro de meditación, pasar unas noches en un monasterio, viajar a Tailandia para aprender sobre budismo, hacer un retiro vital o ir a ver el amanecer en Stonehenge. Todos estos son ejemplos de turismo espiritual, un modo de lanzarse a conocer el mundo que quiere ir un paso más allá del típico viaje de relajación o cultural. Hay un objetivo íntimo, casi secreto, que es volver siendo una persona que se conoce mucho mejor a sí misma.
Es difícil encontrar datos sobre cuántas personas realizan este tipo de viajes, porque los estudios y las estadísticas suelen agruparlas con quien tiene motivaciones similares, pero algo distintas también. En los informes de la ONU, por ejemplo, mezclan el turismo espiritual con el religioso, e indican que cada año entre 300 y 330 millones de turistas pasan por los destinos religiosos más importantes del mundo. También se mezcla con el turismo de bienestar. Ambas tendencias están al alza y, con ellas, el turismo espiritual propiamente dicho.
Por qué el turismo espiritual es tendencia
“El turismo espiritual está más vinculado a la persona, a realizar un viaje como forma de experimentar una sensación espiritual y al mismo tiempo recuperarte mentalmente de situaciones de estrés del día a día. Es una forma de conectar con uno mismo”, resume Alberto Azuara Grande, vicecoordinador del Grado en Turismo en la Universidad Rey Juan Carlos y autor de un artículo que valora la posibilidad de extender la práctica del turismo espiritual en espacios con problemas de despoblación en el interior de España.
Esa confusión y solapamiento que existe con otros tipos de viaje se ve muy bien en el que es uno de los ejemplos más claros de experiencias espirituales en Europa: el Camino de Santiago. Entre las personas que deciden hacer esta peregrinación de origen religioso hay motivaciones muy diversas. Hay quien lo hace, efectivamente, por razones de fe (un 46% durante la primera mitad de 2026, según datos de la Oficina del Peregrino), pero también hay quien se lo toma como un reto deportivo y, por supuesto, quien recorre todos esos kilómetros por razones espirituales, pero sin profesar ninguna fe. “Suelen ser personas que lo hacen solas y que, mediante las distintas experiencias que viven en el trayecto, la conexión con lugares sagrados y con el territorio, se van llenando. Permite generar una especie de reflexión sobre uno mismo”, detalla el experto.
Pese a esa dificultad para saber con exactitud cuánta gente realiza este tipo de viaje -que tiende a ser, además, a lugares lejanos-, sí se considera que es una elección con mayor presencia. “La tendencia va al alza principalmente porque la mayor parte de nosotros vivimos en grandes ciudades. Generalmente son lugares en los que la vida diaria nos genera mucho estrés y muchas preocupaciones. Este tipo de turismo es una forma de desconexión. En esta sociedad hipertecnológica, hiperconectada, creo que la gente busca esos retiros de unos días o unas semanas para volver a conectar consigo misma”, sostiene.

Tipos de destinos para turismo espiritual
¿Puede un viaje a cualquier lugar convertirse en un viaje espiritual? En cierto modo, sí, porque la reflexión interna puede surgir incluso en la más abarrotada de las playas, siempre y cuando se esté en ese momento vital de búsqueda y, a ser posible, se viaje en solitario. Sin embargo, eso no convierte a cualquier arenal popular en un destino de turismo espiritual. Hacen falta más elementos.
Los lugares que son en su origen religiosos como monasterios o conventos son un buen ejemplo, señala Azuara Grande. “Hay gente que va a estos lugares y se aloja allí unos días, y no lo hace necesariamente por cuestiones de fe. Se busca ese recogimiento, esa desconexión”, apunta. Pero también se entienden como turismo espiritual los retiros de yoga o retiros con unas condiciones específicas.
El experto menciona algunas de estas experiencias orientadas únicamente a mujeres que proponen pasar unos días en la montaña o en un entorno rural. De hecho, en el informe Understanding and Quantifying Mountain Tourism de la Organización Mundial del Turismo se menciona el turismo espiritual como una de las razones que llevan a las personas a este tipo de destino.
La industria del turismo todavía está trabajando en aprovechar esta tendencia hacia los viajes en los que se persigue una conexión y reflexión internas, por lo que muchos lugares con potencial para ser explotados como destinos de turismo espiritual todavía no lo han hecho. Estos son algunos ejemplos de destinos ya muy moldeados para ese fin.
Rishikesh, India
Ya los Beatles acudieron en 1968 a la llamada del turismo espiritual y lo hicieron yendo a Rishikesh, al pie del Himalaya, al norte de la India. Más de medio siglo después, sus ashrams, hoteles y pensiones siguen recibiendo a viajantes de todo el mundo. Conocida como la capital mundial del yoga, es un destino clásico para personas que buscan mejorar su técnica e incluso convertirse en profesoras.
Hay muchos más lugares por todo el país muy populares entre turistas que quieren encontrarse a sí mismos. Ya en 2015, de hecho, un borrador para su política nacional de turismo destacaba entre los factores que habría que desarrollar para atraer a más visitantes el yoga, la espiritualidad y el bienestar.
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Monte Kurama, Japón
Este monte a las afueras de Kyoto es la cuna del reiki, filosofía que también mueve a muchos turistas de lo espiritual. Pero también personas más escépticas con los poderes curativos de la técnica podrán encontrar aquí esa quietud y conexión con algo trascendente que buscan. Como ocurre con muchos de los destinos de turismo espiritual, el monte Kurama está conectado a leyendas místicas de hace siglos, se considera que tiene poderes esotéricos y que está protegido por los tengu, unas criaturas del folklore japonés.
En la cima, hay un templo, el Kuramadera, al que se puede ascender a pie o en funicular. Además, es posible conectar la visita peregrinando por la montaña hasta el santuario Kifune-jinja.
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Stonehenge, Reino Unido
“Es un lugar muy visitado de peregrinación espiritual”, indica Azuara Grande. Su popularidad hace que a su alrededor hayan surgido ya muchísimas empresas que organizan excursiones y experiencias pensando en ese ángulo turístico. Se ofrece buscar una conexión con ancestros o con las energías misteriosas de la Tierra que señalan las líneas ley, además de actividades relacionadas con tradiciones druídicas.
Esto último conecta con el mundo celta (aunque Stonehenge no fue construido por ellos), algo que el experto cree que tiene mucho potencial de cara al desarrollo de este tipo de turismo. “En Irlanda, Inglaterra, la Bretaña francesa, Galicia…”, enumera el experto. Estas zonas con monumentos megalíticos y conexión con religiones ancestrales, muy vinculadas también al mundo natural, se prestan a convertirse en destinos muy atractivos para este tipo de viaje.
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Spas y aguas termales
Siguiendo la línea de maravillas de la naturaleza en las que, a lo largo de los siglos, el ser humano ha encontrado algo más, una vertiente importante del turismo espiritual puede encontrarse también en zonas de aguas termales. Aquí es donde entronca de lleno con el turismo de salud. “Son lugares que permiten esa recuperación tanto espiritual como física, de cuerpo y alma”, concluye el experto.


