CONEXIÓN CON… ESPACE AYGO

Si algo de bueno tienen estos tiempos de fugacidad y globalización es que un experimento en una casa puede acabar siendo un acontecimiento mundial en cuestión de meses. Eso fue lo que vivieron en primera persona Espace Aygo, un colectivo artístico y de diseño integrado por Salomé Sperling, Line Murken, Jaime Le Bleu y Sijmen Vellekoop.

El colectivo saltó a la fama internacional gracias a este artículo de The New York Times tras transformar una gran casa unifamiliar en Bruselas en una «obra de arte total» (Gesamtkunstwerk), donde cada habitación funcionaba como un manifiesto de su enfoque compartido sobre la arquitectura y la vida colectiva.

De orígenes sueco, holandés y francés, sus integrantes se conocieron mientras estudiaban diseño en Eindhoven antes de establecerse en Bruselas. Su práctica se define por una visión muy orgánica y espontánea de la intersección entre el habitar y el construir, entendiendo el diseño como la materia que configura condiciones de vida y relaciones comunitarias.

En el marco de la bienal Mayrit, el colectivo presentará la instalación Unboxing en la Central del Diseño (Matadero Madrid) el 20 de mayo. La obra propone una narrativa física sobre el ciclo de vida de los materiales industriales, específicamente el tablero de madera. A través de entidades escultóricas que emergen de cajas, la pieza explora conceptos de entropía y control, sugiriendo que la materia posee una agencia latente que resiste a los modelos industriales y tecnológicos.

Os disteis a conocer a nivel internacional en 2024 por la intervención en aquella casa en Bruselas. ¿Cómo habéis vivido aquel momento?

Fue una transición de un extremo a otro del espectro. Empezamos el proyecto cuando aún estábamos en la escuela y trabajamos en la casa sin parar durante dos años, viviendo prácticamente como ermitañxs. No pensábamos en cómo nos percibiría el mundo exterior; creábamos para nosotrxs y nuestra comunidad cercana. De repente, salió el artículo en The New York Times y pasamos de esa reclusión a ser súper públicxs, con gente llamando al timbre y recibiendo correos de personas que querían ver la casa. Fue divertido recibir ese feedback, aunque a veces era extraño tener a gente de Estados Unidos opinando sobre nuestro trabajo después de que solo nuestros amigos y familia lo hubieran visto.

Hace unos meses decidimos matar la casa pintándola completamente de negro, como un fundido a negro en una película, para detener ese ciclo público y darnos espacio para empezar una especie de segundo álbum creativo, haciendo un símil musical.

 

¿Qué consideráis que hace de algo un buen diseño?

Es una pregunta muy amplia y subjetiva, pero creemos que un buen diseño es aquel que se crea cerca de las personas, siguiendo el cuerpo, el movimiento y el bienestar. En el contexto académico, a menudo te dicen qué arquitectxs o diseñadores te tienen que gustar, pero es importante encontrar lo que a ti te mueve de verdad. Además, entraríamos en dilemas éticos sobre qué es bueno o malo, y no terminaríamos nunca la entrevista (ríen).

 

Trabajasteis con el concepto de cadáver exquisito. ¿Qué importancia tiene para vosotrxs el movimiento surrealista?

No somos expertxs en el movimiento surrealista, aunque reconocemos las semejanzas. El surrealismo trataba de entender que el sueño es parte de la realidad, y eso es definitivamente algo que hacemos. Jugamos con objetos que son reconocibles pero que habitan un estado onírico, creando una ambigüedad donde el usuario reconoce algo pero a la vez no. Admiramos a artistas como Kurt Schwitters y su Merzbau por esa idea de construir mundos personales y físicos en los que puedes entrar. Mucha gente que venía a la casa mencionaba el surrealismo de forma inconsciente, así que de alguna manera lo estamos canalizando.

 

Estaréis próximamente en Domaine de Boisbuchet para realizar un taller basado en este concepto de cadáver exquisito, que pasa de lo individual a lo colectivo. ¿Pensáis que esta es la forma de crear, en comunidad, alejada del individualismo?

Usamos el concepto de cadáver exquisito porque es una forma fascinante de colaborar: cuatro personas hacen algo juntas viendo solo una pequeña parte del resultado del otro. Es un ejercicio perfecto para eliminar el ego, aunque nos dimos cuenta de que el ego también es importante para generar discusiones y ver diferentes potenciales.

Nuestra práctica va más allá de los objetos; buscamos algo holístico, como la vida que ocurre dentro de la casa. Además, hay una razón práctica, y es que muchas manos levantan montañas. Cuando la gente nos veía intentar construir una casa sin presupuesto, se unían para ayudar, y eso creó vínculos comunitarios muy fuertes.

 

¿Qué podemos aprender desde la arquitectura y el interiorismo de los artist run spaces?

La clave es el equilibrio entre la estructura y la falta de ella. A veces, las cosas más bellas surgen cuando no hay una estructura rígida desde el principio, permitiendo que todxs sean libres para descubrirse y probar cosas sin miedo a las consecuencias. Sin embargo, si no hay ninguna estructura, todo se vuelve demasiado inestable y nadie sabe qué hacer; alguien construye un puente mientras el otro planea un túnel. Lo interesante de nuestra estructura es que las cosas que hacemos nacen de las interacciones cercanas con artistas, músicxs y personas de distintas disciplinas con las que convivimos.

 

¿Hacia dónde os gustaría evolucionar el colectivo?

No sabemos exactamente hacia dónde vamos, pero lo seguro es que seguiremos juntxs. Somos cuatro personas -más nuestra familia extendida-  y queremos seguir haciendo proyectos locos y divertidos. Un sueño a largo plazo sería tener un terreno propio para crear nuestro propio mundo y espacio allí. Tenemos que mantenernos fluidxs y flexibles para adaptarnos a lo que venga.

¿Cómo concebís la colaboración con Finsa en Mayrit a través de Unboxing?

Estamos muy emocionadxs porque nunca habríamos elegido trabajar con este tipo de materiales industriales por nuestra cuenta. Nos fascina el proceso de laminación de Finsa; crea una realidad material extraña donde solo la superficie (esos 4 mm de chapa) es «real». Es como una especie de ciencia ficción donde solo necesitas la última capa para crear un mundo. Además, trabajar con una empresa industrial tan grande y con un tema tan conceptual en Mayrit nos saca de nuestra zona de confort.

 

¿Cuál es vuestra opinión de ferias como Mayrit o Salone del Mobile?

No solemos participar en ferias ni estamos representadxs por galerías; es un sistema que no suele funcionar para nuestra forma de trabajar. Sin embargo, Mayrit se siente diferente, más como una bienal conceptual donde podemos dedicar tiempo a pensar en un tema en lugar de solo hacer otra silla. Para nosotros, el Salone del Mobile es la «Semana de las amistades», un momento para encontrarnos. En Mayrit no vamos a presentar objetos, sino a crear una instalación o una atmósfera.

De lo físico a lo digital, ¿cuál es vuestra opinión sobre el uso de IA en diseño?

La usamos de forma práctica para acelerar procesos, como consultar métodos de barnizado, pero creemos que el instinto artístico y la intención humana siguen siendo fundamentales, ya que la IA por sí sola no tiene una razón clara de por qué crea las cosas.

 

¿Qué os inspira en el día a día?

¡Todo y nada a la vez! Desde películas hasta el café o la forma en que Sijmen canta por las mañanas. Me inspira observar cómo se comporta la gente en el espacio y cuestionar las «verdades asumidas», como el hecho de que en los Países Bajos todos vivamos en casas idénticas conectadas entre sí. También nos inspira el proceso de crear un problema y resolverlo. Ese momento frágil en el que una obra no está bien y tienes que tomaruna decisión drástica o probar una técnica nueva para solucionarlo es muy estimulante.