Tsukumogami: cuando los objetos cotidianos revelan su alma

Cuenta la mitología japonesa que los objetos, tras casi un siglo de vida, reciben un alma. Los tsukumogami son esas piezas cotidianas que cobran vida y se convierten en yokai (espíritus) con voluntad propia. Sus manifestaciones son muy variadas: paraguas, instrumentos de música o utensilios de cocina que caminan y cobran actitud. Estas imágenes, documentadas en textos del folclore medieval japonés, proponen una sensibilidad que hoy resuena con fuerza: objetos como portadores de vida y memoria.

Frente a la tendencia en Occidente de usar y tirar, la tradición del tsukumogami propone una estética del cuidado. Valora la reparación visible, el hecho de que un objeto bien usado y mantenido acumula historia. Pone en valor esta biografía para convertirlo en portador de significado ornamental y simbólico. Muchos relatos muestran tsukumogami enfurecidos porque fueron desechados o maltratados. Son alegorías sobre la negligencia, el consumir rápido y la pérdida de vínculo entre persona y cosa.

Tsukumogami e interiorismo

Aplicar esta sensibilidad al interiorismo significa diseñar con memoria. Elegir materiales nobles que envejezcan con gracia, pensar en su futuro, en cómo se mostrarán, repararán o reinterpretarán dentro de 20 o 30 años. 

Esta filosofía invita a crear espacios donde la reparación sea visible y la historia de cada pieza se convierta en parte del relato del hogar. Incorporar muebles o piezas restauradas mantienen viva la historia de este hogar, lo convierte en un archivo vivo.

El tsukumogami invita a diseñar pensando en la biografía del objeto. Un ejemplo sería promover el arte del kintsugi, promover la reparación como parte del diseño, no como accidente. En vez de ocultar, destacar el valor de lo vivido. Y esto es no solo una apuesta estética, sino también una apuesta por la sostenibilidad.

En esta línea, la gama Fabric de Finsa destaca por sus materiales reciclados, así como productos procedentes de otros sectores, aportando un componente de sostenibilidad en la construcción final de la gama.

El tsukumogami nos enseña a convivir con las cosas, no solo a poseerlas, a recuperar el alma de los objetos para hacer frente a la lógica del desperdicio. Adoptar esta mirada es diseñar hogares más ricos en memoria, más sostenibles y más humanos.