CONEXIÓN CON… Manuel Bouzas y SalazarSequeroMedina, arquitectos diseñadores del Guest Lounge de ARCOmadrid 2026

Desde hace unos años, ARCOmadrid, la Feria Internacional de Arte Contemporáneo, destina unos 1000 metros cuadrados a crear una zona de descanso, el Guest Lounge, cuyo diseño sacan a concurso para que profesionales de la arquitectura presenten sus ideas. «Se ha convertido en un espacio bastante prestigioso que además ha dado lugar a colaboraciones interesantes», explica el arquitecto Manuel Bouzas (Pontevedra, 1993), uno de los responsables de 350.000 Ha, la propuesta presentada junto al estudio SalazarSequeroMedina y que ha resultado ganadora por unanimidad. Hablamos con él, con Laura Salazar-Altobelli (Lima, 1990) y Pablo Sequero (Madrid, 1989) sobre su participación en el concurso y cómo se les ocurrió la idea de centrar la conversación en el después de los incendios ocurridos en España durante el verano de 2025.

¿Cómo surgió la idea de presentaros juntos a la convocatoria para el Guest Lounge de ARCO?

Manuel Bouzas: Somos arquitectos más o menos de la misma quinta. Estamos expatriados en Estados Unidos, vivimos a caballo entre España y Estados Unidos, entre la academia y la práctica, y fundamentalmente trabajamos la misma escala y las mismas cuestiones; estamos muy alineados. 

Pablo Sequero: Nos une un interés generacional en repensar los materiales con los que trabajamos y un interés claro conjunto en una investigación con la madera

Laura Salazar-Altobelli: Compartimos también un fondo académico, que es lo que empuja nuestro trabajo a que esté siempre más volcado hacia la investigación. Hay un proyecto intelectual detrás de cada proyecto que acometemos.

¿De qué forma transcurrió todo el proceso, desde la presentación de la propuesta?

Manuel Bouzas: No es un concurso típico donde tú hagas una propuesta gráfica y gana el edificio o el proyecto más chulo. Empiezas con una carta en la que explicas por qué te gustaría hacerlo, como una carta de amor. El tema que articulaba ARCO este año era el de «dos espacios dentro de la feria», y nos pareció lo suficientemente ambiguo como para presentar ideas que reflexionasen sobre un espacio y el otro, así que planteamos qué pasaría si uno de esos lugares no estuviera en la feria. 

Uno sería el interior, el que construimos, el Guest Lounge, pero el otro podía estar fuera. Eso abría la posibilidad de lanzar un mensaje en un foco tan internacional y potente como es ARCO a nivel cultural. Queríamos alumbrar un tema que durante un par de semanas al año gana exposición, pero del que luego todos nos olvidamos: los incendios de agosto de 2025, que quemaron las 350.000 hectáreas que dan título al proyecto. Ya en la carta planteamos la otra parte: ¿qué pasa si trabajamos con los desperdicios o el propio material afectado de esos incendios?

Seleccionaron tres propuestas para presentar un documento gráfico y, a partir de ahí, nos pusimos a trabajar: ya hablamos con Xosé Mera de Veta Forestal, con todo el equipo de Finsa, y le dimos más forma al contenido. Queríamos generar una reflexión sobre cómo las empresas del sector y nosotros como diseñadores podemos trabajar con la reacción a un desastre y desplazar el foco. Siempre se habla de prevención, pero hay que hablar de reacción: contar cómo la Fundación Arume preservó los precios de la madera, o cómo Veta destinó recursos, máquinas y personas que estaban trabajando en Zamora para atender esto.

Lo de reutilizar los materiales quemados, el resultado de una tragedia, es un tema delicado. ¿Cómo encontrasteis el equilibrio para que no parezca que se está sacando provecho de la devastación?

Pablo Sequero: Es observar un evento traumático y tratar de visibilizarlo y de hacer que sea una conversación presente no solo en los meses de verano, sino que sea algo transversal. Generamos lo que llamábamos en el concurso una paleta material en la que se exploran distintas maneras en las que se podría recuperar la madera de esos troncos quemados. También nos interesa mezclar esto con la idea casi atávica del fuego como un elemento que siempre ha congregado gente a su alrededor, lo que nosotros llamábamos la lumbre. Pero hemos querido tener mucho tacto y mucho respeto, generando visibilidad en torno a esta a esta conversación.

Manuel Bouzas: Un detalle que no se suele destacar es que es necesario retirar toda la madera quemada antes de marzo, porque a partir de los seis meses se generan una serie de enfermedades que pueden contaminar el suelo. Eso crea una presión por rescatar una madera que muchas personas creen que está dañada, pero que en realidad tiene todavía valor. Por otro lado, con esto aportamos, efectivamente, visibilidad: reportajes que ya han salido, periodistas y fotógrafos que han ido a Laza a ver esos montes, y que la conversación va a estar en una de las ferias de arte y cultura más importantes de Europa. 

Además, contamos con las personas de esos montes: Rosa, la presidenta de la Comunidad de Montes, ha explicado por qué es importante que se hable de estas cuestiones, qué van a hacer con la recuperación de la madera, agradeciendo a la Fundación Arume que haya preservado los precios, porque gracias a eso van a construir el centro social que habían perdido. Esto saca a la escena un montón de cuestiones que ponen de nuevo el foco en la reacción. 

Laura Salazar-Altobelli: Es un proyecto que tiene muchas escalas. A nivel global, un cambio climático que nos está afectando a todas las personas en el mundo y el fenómeno de estos incendios, que son trágicos en verano, pero son parte de un movimiento incluso mayor. Luego llegamos a la escala matérica, que tiene que ver con estos bosques en concreto: la participación de toda la gente que está involucrada para retirar esa madera, con nosotros como arquitectos en una pequeñísima parte recuperando un fragmento de ese material para esta instalación y convirtiéndolo en algo que es incluso más efímero e intangible. Se trata de una experiencia en la que uno puede gozar del espacio y a la vez acordarse y reflexionar sobre todo lo que ha pasado para llegar hasta ese momento.

¿Qué mensaje os interesaba transmitir desde el punto de vista de la arquitectura?

Pablo Sequero: Buscamos que sea un espacio evocador, esa atmósfera de la lumbre, y que sirva también a diversas escalas. Tanto como para una experiencia muy íntima a través de la manera en la que trabajamos con la luz, con los colores, con la paleta material, y a la vez como un entorno casi monumental para una gran reunión. 

Manuel Bouzas: También tiene que ver con cómo los arquitectos y la gente que trabajamos con el espacio, el territorio y el urbanismo, sabemos que las decisiones que tomamos significan muchas cosas. Ya no es una cuestión del presupuesto que cuesta hacer un metro cuadrado o de si es más bonito o más feo, si es curvo o es recto, sino que sabemos que hay una implicación ecológica y una huella medioambiental en cada decisión material que tomamos

En el fondo, la arquitectura consiste en mover recursos de un lado a otro, deconstruir un lugar para construir otro. Si prestamos un poquito más de atención a de dónde vienen esos recursos, qué implicaciones tienen, en realidad estamos contribuyendo de alguna manera a introducir cierto pensamiento ecológico dentro del diseño. Es algo a lo que no se había prestado atención durante prácticamente la totalidad de la historia de la arquitectura y que en las últimas décadas ha ganado más importancia porque sabemos que consumimos un 40 % de las emisiones globales. 

¿Qué aprendisteis todos estos meses de trabajo?

Laura Salazar-Altobelli: Pablo y yo no somos de Galicia, y tuvimos la oportunidad de viajar a los bosques, verlos de primera mano, conocer a la gente que está día a día trabajando en ello. Nos hemos informado mucho sobre todo: ver el material en sí, visitar las madereras, las aserradoras que nos muestran exactamente por dónde pasa cada tronco, cuál es la maquinaria, cómo es el proceso de pelado o de cortado. 

Manuel Bouzas: Como principal aprendizaje mencionaría lo bonito que es a veces no hacer el trabajo solo y compartirlo con otras personas. Tomar decisiones entre varias voces y deshacer esta idea de que el diseño es una persona sola en su habitación escuchando música clásica y pintando con un carboncillo. 

En realidad, tiene que ver con los límites, con las propias contradicciones del proceso, con hablar con un forestal, o alguien de un aserradero o de logística que te dice qué se puede y qué no se puede hacer. En el fondo, el diseño está en conciliar todas estas cuestiones y tratar de buscar el mínimo denominador común que, aun así, mantiene una idea como bella. Es un aprendizaje constante cada vez que desafiamos las convenciones estándar de los materiales que usamos y cómo los utilizamos. Por ejemplo: tratar de convencer a un aserradero de Celanova, en Ourense, de que ese tronco que iba a triturar, porque él cree que no tiene valor, se va a convertir en una pieza ornamental en la feria de arte más importante de Europa.

Pablo Sequero: También está el componente de exploración o de laboratorio material. Hemos pensado en qué pasa si esos costeros con la textura de madera quemada se aplican, por ejemplo, en un muro. De pronto tienes una fachada con esa textura de madera quemada que realmente te hace ver los efectos de los incendios, pero que también transmite un peso. O coger algo como la chapa, esas tapas que se utilizan para los tableros, y decir: «¿qué pasa si nos quedamos solamente con una?, ¿qué pasa si le damos luz?”. 

Manuel Bouzas: Sobre esto, ha sorprendido en la propia Finsa que esta chapa de 0,4 mm, que habitualmente se destina a los acabados de los tableros o los contrachapados, es increíble también si le metes una luz por detrás. De repente se transforma en una lámpara. No deja de ser pensar en que hay un montón de cosas a las que no les damos valor en un proceso industrial y, cuando las sacas de contexto, de repente sí lo tienen.

¿Dónde encontráis inspiración para materializar propuestas como la de ARCOmadrid? 

Manuel Bouzas: A mí me inspira mucho Galicia como región. Me inspiran las gentes que están allí, me inspiran esos bosques, esos montes, lo que les pasa a ellos, me inspiran las canteras de granito, me inspiran los paisajes productivos, me inspira la costa. Todo el trabajo que hago en términos de investigación, de diseño, etc., siempre de alguna manera está vinculado a un territorio que a mí me parece fascinante por la cantidad de historias que tiene. Me inspira cuando las personas son capaces de extraer lo bello que hay en sus lugares, porque no todo son las grandes ciudades, como parece a veces en el siglo XXI. La gente que trabaja dando a conocer estos lugares y sacando lo máximo de esas pequeñas economías, de esas cosas que creemos que no tienen valor, a mí personalmente me inspira.

Pablo Sequero: Para mí hay algo muy bueno y muy bonito generacional que es hacer de la escasez una virtud. Donde a lo mejor pueden faltar recursos, juntar los que hay y llegar a más lugares a la vez. Ese clima de escasez, en el que muchos de nosotros hemos estudiado y hemos empezado a practicar, ha cambiado la manera en la que buscamos inspiración y la manera en la que observamos. Observar, aprender a prestar atención a cosas que pueden tener que ver con lo material, con lo regional. 

Laura Salazar-Altobelli: Los arquitectos tenemos una proclividad hacia la belleza, hacia buscar a través del diseño la belleza, y yo siempre me he preguntado como arquitecta cómo lo puedes aunar con hacer un cambio positivo cuando tantas cosas parece que están en tu contra: la contribución de la industria de la construcción hacia las emisiones de carbono, el papel del arquitecto en distintos sistemas económicos y políticos… ¿Cómo hacer un cambio a mejor? Creo que como generación y como arquitectos estamos siempre buscando esta forma de trabajar en medios de escasez con material que a lo mejor se presta a la reutilización. Estamos abriendo nuestro propio camino y encontrando nuestras propias respuestas a esa misma pregunta. Pero siempre, ojalá, haciendo algo que inspire en sí y que sea bello.